Diario Judío México - Purim, una festividad judía carnavalesca que rememora el episodio bíblico en que la reina Esther intercede para salvar del genocidio a los judíos del Imperio Persa, se comienza a celebrar al anochecer en gran parte de Israel con disfraces y vino.

Según el Libro de Esther, Hamán, gran visir del Imperio Persa, pidió al rey Asuero que matase a todos los judíos de su reino porque no toleraba que el padre adoptivo de Esther, Mordejai, no se arrodillara ante él.

Esta, una mujer judía que en aquel momento era la reina de Persia, ayudó entonces a desbaratar el genocidio sobre su pueblo después de que el visir convenciese al emperador persa de exterminar todos los judíos, dice la leyenda.

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Sin embargo, la reina consiguió interceder ante Asuero, el rey autorizó a los judíos que se defendieran y durante la jornada fijada para la ejecución, el 13 del mes hebreo de Adar, la comunidad judía consiguió derrotar a sus enemigos.

El día siguiente, los judíos del Imperio Persa conmemoraron su victoria y llamaron a la fiesta “Purim”, que se recuerda cada año con festejos y miles de personas disfrazadas al más puro estilo carnavalesco.

El uso de disfraces para esta festividad judía se empezó a generalizar en Europa hacia la Edad Media, probablemente por influencia del carnaval cristiano y otras creencias paganas.

Durante la jornada -que comienza al caer la noche de hoy y hasta el anochecer de mañana- es común el consumo en grandes cantidades de alcohol, y es que la tradición establece que se beba “hasta que no se distinga al bendito Mordejai (el héroe judío de la leyenda), del maldito Hamán”.

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Según los preceptos religiosos, antes del inicio de Purim, que simboliza la victoria del pueblo judío sobre “la tiranía antisemita”, se celebra el ayuno de Esther, que se extiende hoy miércoles hasta la caída del sol, periodo en el que los creyentes acuden a las sinagogas para hacer lecturas bíblicas y oraciones festivas.

En este servicio religioso, es costumbre que los fieles, sobre todo los niños, vayan a la sinagoga disfrazados.

Además, durante Purim, según el Libro de Esther, es común intercambiarse regalos, hacer contribuciones especiales a los pobres, celebrar comidas festivas y visitar a amigos o vecinos.

En Jerusalén, la festividad se celebra un día más tarde que en el resto de ciudades, ya que la tradición establece que se tiene que conmemorar con una jornada de posterioridad en las urbes amuralladas.