Emmanuel Macron parece decidido a arrebatarle a Angela Merkel el bastón de mando de la Unión Europea y a recuperar para Francia el liderazgo en el equipo de socios comunitarios. Desde que asumió en mayo la presidencia de la república, el benjamín de la política del continente ha desplegado una intensa agenda exterior, en la que incluyó las visitas de Estado del líder ruso Vladimir Putin; del presidente norteamericano, Donald Trump; y este domingo del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.

El presidente galo conmemoró el 75 aniversario de una redada en la que la policía francesa detuvo a 13.000 judíos que fueron deportados por los nazis a campos de concentración. Un lúgubre episodio que habla del colaboracionismo del Gobierno francés de Vichy con los alemanes de Hitler. «Sí, lo vuelvo a decir aquí, fue Francia la que organizó la redada y luego la deportación y, pues, para casi todos, la muerte de las 13.152 personas de confesión judía sacadas el 16 y 17 de julio de su domicilio», declaró Macron, subrayando que la redada fue obra de la policía francesa, «ni un solo alemán» colaboró.

Era la primera vez que un primer ministro israelí acudía a una ceremonia de este tipo y, de hecho, su visita suscitó algunas críticas, incluso en la propia comunidad judía, que denunció «una instrumentalización» de una historia puramente francesa. Tras la ceremonia, ambos líderes se reunieron en El Elíseo. Macron pidió a Netanyahu la reanudación de las negociaciones de paz con los palestinos y la conformación de dos Estados.