Baruj Ashem



Samuel Schmidt en exclusiva para Diario Judío México – Caminaba por la calle de Ámsterdam en la Colonia Condesa cuándo se me apareció Hersh Filler el moel diciendo:

– Schmidt, necesitamos el décimo hombre para el minien.

Me disculpé porque acompañaba a mi esposa a la tienda y sólo podía hacerlo en sábado.

Filler insistió y mi esposa se puso de su lado. Así que lo acompañé adentro de una casa dónde la primera reacción de los 8 fue de desconfianza y rechazo. Hasta que Filler dijo en Idish:

– Está bien, es el sobrino de Schmidt

Poco me preocupaba que tuvieran minien, que fuera una mitzva completarlo, en cambio me golpeó el rechazo grosero de quién ellos no consideraban judío.

Fui al kotel con Yosi, él había bebido y quería decir Kadish, el único religioso que encontramos a las 2 am y al que Yosi pidió asistencia salió corriendo. Se le aparecieron dos extraños con una necesidad que para él no era justificable. Tal vez sería de esos que cada año salen a apedrear mujeres para ganar puntos entre sus cofradías.

El rabino reformista Schindler dijo que para ellos había pasado la razón histórica que justificaba la línea matrilineal para determinar quién es judío, lo que ponía sobre la mesa un debate interesante. Primero que la historia ajusta a la religión, segundo que habría que diferenciar entre la palabra de dios y la de los hombres, cuestión que manejan los judíos mesiánicos y que altera sobremanera a los ortodoxos. Bien me dijo un ortodoxo, una cosa es la ley y otra la costumbre, pero cuándo se convierte la costumbre en ley y se le impone a la totalidad, entonces se refuerza el totalitarismo, cualidad propia de toda teocracia.

La infamia de los ortodoxos israelíes para determinar que rabinos son apropiados lleva como consecuencia determinar quién es judío. Desde hace tiempo desconocen las conversiones y lo judío de millones de personas. El antecedente de determinar quién es judío lo tenemos en Hitler y el resultado fue horrendo.

Si esto fuera una disputa entre corrientes religiosas no habría problemas, pero como los ortodoxos gozan del presupuesto israelí para imponer sus decisiones, la lista de la infamia cuestiona la viabilidad de un Israel democrático. La teocracia es antitética con la libertad y la democracia. Para que mi hijo hiciera Alia tuvo que presentar una carta del rabino, el que ahora es desconocido.

En el mundo judío, aunque hay rabinos que presumen platicar con dios, no hay un gran rabino que reclama preponderancia sobre el judaísmo mundial. El mundo judío es mayoritariamente no ortodoxo, muchos están unidos a parejas no judías, y los ortodoxos los alejan, la intolerancia en el nombre de dios; muchos creen que su judaísmo está resuelto con recitar Baruj ashem a la menor provocación y hasta sin ella.

Muchos de mi generación íbamos al templo en Yom kipur a ligar, algunos hacíamos la vista de las siete sinagogas para ver a los amigos que se veían una vez al año y por supuesto que comíamos de todo hasta en shabat.

Sostengo que es judío aquel que se autodefine como judío y no requiere de sanción rabínica ni siquiera cuando muera.

Esto se complica para los sionistas, ya que la ley del retorno le otorga derechos plenos en Israel a cualquier judío que reclame la nacionalidad israelí. Los ortodoxos se aprovechan para insultar a los judíos etíopes, a los que llegaron con Colón y a los judíos secretos que vuelven a su judeidad tras descubrir el secreto guardado durante más de 500 años. A esas víctimas, los ultra ortodoxos les reclaman una conversión en nombre de ashem, ¿por qué no dirán dios? Claro que con el pago correspondiente, igual que hacen con la venta del sellito de kashrut.

La larga historia del pueblo judío se explica en base a la existencia paralela de la religiosidad y la disidencia de los que se adaptan al mundo.

Creí que se había resuelto el tema del ser judío.

Mendelson planteó que se debía ser judío en la casa y alemán en la calle. Era el momento de la integración a la cultura secular, la creencia religiosa debía ser una cuestión privada, más no así la identificación cultural, la socialización de esos valores que conllevan la construcción personal con todas las historias milenarias del pueblo judío.

Yo no tuve que cuestionar esa diferencia Mendelsoniana, de eso se ocuparon los judeofobos.

Borojov estaría contento de ver que somos un pueblo normal. Reproducimos los males de la sociedad, los odios, entre nosotros pululan racistas que creen adecuado insultar a un presidente como “pinche negro”. Hay comunidades que exigen pruebas de sangre de varias generaciones, o las que niegan la conversión, ¿creerán que somos un grupo exclusivo al que ya no debe entrar nadie?

Borojov no se refería a esa normalidad, sino a la construcción social que llevara al socialismo y la eliminación de la injusticia. Hoy Israel se enfanga en la corrupción y las sociedades judías tienen su cuota de abuso de poder y manejo faccioso.

Un líder comunitario se escudaba en su posición para que el gobierno no lo detuviera por contrabandista, un rabino intervino ante el presidente de su país para salvar a un paisano contrabandista y su mercancía. No queremos conmiseración esto es normal en una sociedad decadente.

En un congreso de jóvenes se me acercó un rabino muy molesto.

– ¿Así que tú eres el que dice que dios no existe?

– Mire, hay los que creen que dios existe, que bueno para ellos.

No soy, fui, ni seré misionero. No busco convencer a nadie de nada, cada quién debe llegar a sus propias conclusiones. Es la gran aportación judía para la democracia.

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2 COMENTARIOS

  1. Hola

    Considero a “Diario Judío” un medio de comunicación de nivel y calidad y por eso escribo este mail, sino, no me tomaría la molestia.

    Estamos en las tres semanas de las calamidades que hemos vivido en Am Israel. Siempre, TODAS ellas han sido provocadas por nosotros mismos. Los verdugos solo cambian sus nombres y colores en cada generación pero los que los provocamos somos nosotros mismos y siempre por la misma razón: pelearnos y odiarnos entre nosotros.

    No logro entender aun el objetivo del artículo de Samuel Schmidt (http://diariojudio.com/opinion/baruj-ashem/249281/?utm_source=wysija&utm_medium=email&utm_campaign=boletin-semanal), lo único que veo es odio, amargura, ataques a los demás utilizando argumentos igual de subjetivos y viscerales como los de los antisemitas o cualquier otro movimiento de desprecio y odio a un grupo de personas.

    No veo qué aporta y qué propone, solamente criticar a los grupos de judíos que le caen mal… que acaso la democracia que el mismo menciona no esta basada en que existan y se respeten grupos diversos y que eso no sea una razón para agredirse y odiarse?

    Veneno cualquiera puede sacar, no se necesita mucha inteligencia y ni siquiera verificar los datos con los que se ataca, pregúntenle a Hitler y a todos los que han satanizando a los judíos toda la historia si no es verdad. Para construir puentes y llegar al respeto y construir juntos un futuro mejor, para eso si hay que estudiar, tener cabeza y utilizarla. Sugiero que “Diario Judío” siga escogiendo los artículos que vienen de personas del segundo tipo para seguir dando una influencia positiva y productiva que ayude a Am Israel a ser un pueblo ejemplar como siempre lo ha sido.

    Adelante con su gran trabajo de difusión!
    Shabua Tov!!

    • Muchas gracias señor Schoenfeld por tomarse la molestia de leer mi artículo, aunque mucho me temo que no le entendió.

      Qué interesante esta reacción ante la denuncia de la corrupción de grupos religiosos y la intolerancia de algunos convertida en política institucional. Los datos entregados de subjetivos no tienen nada. Tal vez quería nombres y apellidos para que no fuera visceral, pero entonces me hubiera acusado de algo más. Ya ven que los trapos sucios se lavan en casa, para no darle material a los antisemitas.

      Somos muchos más los judíos no ortodoxos y hasta los laicos. ¿Por qué entonces la minoría impone sus ideas sobre nosotros? ¿Será que su posición frágil se manifieste en agresividad en contra de nuestras ideas o contra todo aquello que ofende a su ortodoxia, alguna muy ultra por cierto. Y sin embargo logran imponerse. Hace unas décadas el coñac era kosher hoy ya no lo es. Por más que pregunto nadie encuentra dónde dice que el vino debe hervirse para ser kosher. O que la coca cola lo sea. Una persona que puso una fábrica de galletas no lograba la certificación para ser kosher, hasta que alguien le sugirió aceitar las manitas que manipulan el sello, lo hizo y Voilà las galletas fueron kosher. Ahí voy de nuevo con la visceralidad y subjetividad.

      A dos mujeres que sufrían el abuso y golpe de sus maridos los rabinos las forzaron a vivir otro año bajo la tortura en nombre de shlom bait. Perdón, creo que use los argumentos de los antisemitas.

      Sobre los ataques, algunos terroristas a judíos mesiánicos, porque según ellos no son judíos. Perdón. Me olvide que los ortodoxos se han abrogado el derecho a decidir quién es judío y lanzan todo el peso de la intolerancia contra aquellos que muestran desacuerdo.

      Así que en nombre de las calamidades que se ciernen sobre nosotros guardemos silencio, para que no digan que nos odiamos entre nosotros.

      Tal vez usted no entendió mi sutileza cuándo dije que no soy misionero, no trato que nadie piense como yo, pero no acepto que nadie me imponga la forma como debo pensar, actuar o comer. Tampoco puedo encontrar en la biblia dónde dice que no se puede comer pollo con leche.

      Creo que no entendió que no es que me caigan mal. Las denuncias políticas tienen la función de enviar mensajes para quién los quiere aceptar, quién no, pues no. Yo no le pido a usted absolutamente nada, ni siquiera que me vuelva a leer. Que quede claro que no lo ataco, ni califico, ni nada. Javal al azman.

      Parece no entender que la democracia en efecto exige respeto, el respeto que no intenta imponer nada. Ni qué se come o con quién se casa. Ni si se viaja o no el día que uno quiera. Qué derecho tienen los ortodoxos, de la secta que sea, para obligarme a no moverme fuera de mi casa. Si ellos no quieren viajar en shabat que no lo hagan, si no quieren permitir que entren las ambulancias a sus colonias que no lo hagan. Fue famoso el caso en Jerusalem del ortodoxo que mató a su esposa y no permitieron que entrara la ambulancia, era shabat. Perdón, otra vez me ganó la visceralidad. Por cierto, creo que encontraron un camino en la alaja para visitar prostitutas, los laicos que lo hacen solamente buscan el dinero y adelanto que condeno la prostitución como hecho de compra venta del cuerpo, aunque no interfiero con quién lo hace libremente, distinto de la trata de personas para que me entienda.

      También encontraron la cartera de aquellos que no somos considerados judíos, a algunos les sirve para limpiar la conciencia. No son kosher para participar en el minian pero si lo son para donar para la yeshiva. ¡Puro misticismo!

      Por cierto, una nota sobre los judíos laicos que son pioneros de la ciencia, de la literatura judía que hoy nos muestra ante el mundo con otros ojos, pioneros de la reconstrucción de Israel, mientras que los ortodoxos prohíben la donación de órganos condenando a la muerte a muchos que podrían ser salvados. Uy, puro veneno.

      ¿Qué aporto? Qué propongo? Tolerancia. Pero seguramente es visceral.

      Hablar con la ortodoxia es hacerlo contra muros que se sienten perenes. No fueron los ortodoxos que abogan por la desaparición de Israel los que liberaron el muro al que le rezan. Pero si apedrean a los que se alistan en el ejército de Israel, igual que hacen con las mujeres.

      En fin Sr. Schoenfeld, veo que el cisma de la tolerancia es muy grande. Los laicos somos demócratas, defendemos el derecho a que los ortodoxos ejerzan su religiosidad, luchamos por nuestro derecho a disentir, como hicieron tantos otros en el pasado, algunos nombre mencioné en mi artículo.

      Tenga buena semana.

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Acerca del Autor

Chair, International Advisory Board for Immigration Studies. U.S.-Mexico Research Program. UCLA. Director asociado de la revista Araucaria. Director del semanario El Reto. Testigo experto en juicios de asilo político y para frenar deportación de mexicanos en Estados Unidos. Posdoctorado en Historia, University of California, Los Angeles. Doctor en Ciencias Política (UNAM). 35 libros publicados y más de 1,000 artículos. Traducido al inglés, francés e italiano. Pionero en varias áreas de investigación: análisis de redes políticas, estudios sobre humor político, democratización en México, temas fronterizos (agua, migración y seguridad) y sobre Crimen Autorizado.