Temas: XX

Al lado del hebreo, que servía para los rezos y para el estudio de los textos sagrados, los judíos de Europa del Este tuvieron durante siglos por vernáculo al ídish (o yídish), lengua germánica enriquecida con elementos del hebreo, del arameo y de los idiomas eslavos. Este idioma, que se escribe en caracteres hebreos, hoy en día lo utilizan sobre todo las comunidades ultrarreligiosas, como algunos jasidim, y los estudiosos y activistas de la lengua. Hasta el exterminio de los judíos de Europa del Este, y el abandono del idioma por parte de sus descendientes en los países adonde emigraron, en ídish se desarrolló un canon literario moderno. Éste reflejaba tanto la vida tradicional y su cuestionamiento como la más audaz experimentación vanguardista.

Aaron Zeitlin (nacido en Bielorrusia en 1898 y muerto en Nueva York en 1973) fue uno de los grandes poetas en lengua ídish. En 1940, no pudiendo volver a la Varsovia ocupada por los nazis, recala en La Habana, mientras espera una visa para Estados Unidos. Le causa una profunda impresión la atmósfera caribeña y particularmente el modo de ser de los afrocubanos. A éstos los retrata en varios poemas suyos, como el que traduzco a continuación:

Con tambor y negra devoción resuena la comparsa*.
Tótem y bosque selvático en las calles habaneras.
A ver África primigenia en suelo latinoamericano
habré venido desde Varsovia lejana.

¡Adánica estirpe negra! Estoy dispuesto a oír durante horas
tus sinfonías de tambores, a ver el teatro de símbolos,
a deleitarme contigo –aquí, bajo los cristales
estelares, estrellas relampagueando con fulgor tropical.

Agítase tu danza congolesa. ¡La baila tu sueño, negro!
Un sueño de monos, árboles, gentes, serpientes, ídolos,
Éxtasis fraternal del Todo, volando por encima de las leyes–
y férvido escarnio a los blancos opresores.

* “Comparsa”: carnaval de los negros [nota de Zeitlin]

Leí mi traducción de este poema ante un público reunido en la Sinagoga habanera del Patronato, durante una reciente conferencia sobre estudios judaicos, una de las manifestaciones del nuevo intercambio académico y cultural entre Cuba yEstados Unidos.2 Alguien del público presente expresó una objeción: En la última estrofa se acercan en sus connotaciones culturales las palabras “negro” y “monos”, lo cual equivale a un insulto racista. Contesté, primero, que no podían aplicarse a épocas pasadas nuestras propias sensibilidades y que, además, no ocurre en el poema el sintagma “mono negro” u otro semejante. Por más señas, la pieza termina con un verdadero latigazo antirracista, contrastando el universalismo sugerido por el carnaval afrocubano (“éxtasis fraternal del Todo”) con la opresión de los blancos, merecedores de un “férvido escarnio”.