Todos queremos sentirnos seguros y amados en nuestros hogares, sin embargo, muchas veces en el matrimonio la sensación es de lucha y defensa. ¿Qué es lo que pasa? A veces mal interpretamos las palabras o acciones de nuestra pareja y al hacerlo nos sentimos amenazados. Respondemos atacando o defendiéndonos, creando en el otro esa sensación de amenaza también. Así se va escalando la amenaza y se entra en un círculo vicioso de ataque-defensa. Aunque se trate de no reaccionar, los integrantes de la pareja siguen en esa lucha, el cuerpo llama a ello. La lucha es realmente con la neurobiología del cuerpo. Cuando el cuerpo percibe peligro nuestro sistema de defensa entra en acción, el problema es que este sistema no sabe distinguir entre el peligro verdadero y el que no lo es.
Cuando nos sentimos amenazados, la parte del cerebro que controla las emociones toma el mando, apagando por completo la parte del cerebro que nos ayuda a pensar y razonar, acción muy sabia cuando se trata de un verdadero peligro, ya que si nos paramos a pensar cómo reaccionar al ataque de un tigre por ejemplo, podemos morir. Lo que necesitamos es actuar para poder sobrevivir.

Sin embargo, este sistema de sobrevivencia no nos ayuda cuando la amenaza no es real, como en el caso de una discusión con nuestra pareja. En este caso no queremos que la parte de la razón de nuestro cerebro se apague. Al apagarse nos sentimos inseguros y en peligro.

Hay un ejercicio que nos ayuda a romper el círculo vicioso de la lucha, se llama el observador. Cuando estemos en una discusión con nuestra pareja y nos sintamos amenazados, siendo atacados o siendo desvalorizados, una parte de nosotros observa lo que está pasando. Es importante que la observación sea objetiva y sin juicio hacia nosotros mismos o al otro. Observamos la emoción que nos provoca, donde está en el cuerpo (por ejemplo, pecho, estomago, etc.), si hemos sentido esta sensación alguna otra vez en el pasado (Ej., cuando mi mama me regañaba de chica). No tratamos de reprimir la emoción, al contrario la sentimos y al hacerlo, la sensación se va liberando y nuestro cuerpo se va tranquilizando.

Ramira y Pedro llegaron a terapia porque han estado peleando mucho. Después de practicar la primera vez el ejercicio del observador, Ramira comenta que cuando Pedro alza la voz se siente como una niña chiquita asustada, con miedo de que le hagan daño, lo que la hace retraerse y alejarse de Pedro para no ser herida. Pedro comenta que al observarse se da cuenta que cuando Ramira se aleja él se siente rechazado, no querido y sin valor, lo que le hace gritar para ser visto y escuchado. Al practicar la observación se dan cuenta que muchos de sus miedos y sensaciones vienen de cuando eran chicos, y al sentir y observar la emoción en lugar de reprimirla, la emoción se va del cuerpo y su cuerpo se tranquiliza. Desde que la pareja práctica este ejercicio, su relación ha mejorado ya se sienten en un ambiente de seguridad y armonía.

Este ejercicio lo podemos utilizar en diferentes momentos de nuestra vida. En relaciones de cualquier tipo o cuando sentimos miedo, enojo o cualquier otra emoción. Observemos nuestro cuerpo y nuestras emociones, nos ayudará a vivir mejor.