Este es el artículo 43 de 43 en la serie Dialogando sobre la Cuestión Judía

Frecuentemente he dicho que toda la desdicha de los hombres viene de una sola cosa,que es el no saber permanecer en reposo en una habitación.
Blas Pascal

Israel siempre.
Siempre Israel.

1. ¿Le parece contradictorio que un pueblo tan definido como el judío se haya constituido sobre unos caminos hechos al andar?

R. Me parece que todas las vidas y todas las comunidades políticas se construyen en el camino; si no a través del camino físico (la emigración, el exilio, el éxodo), sí en cualquier caso a través de un camino de progreso material y espiritual. No hay identidades inamovibles, y mucho menos en lo colectivo. En particular, siempre me ha dado la sensación de que el pueblo judío se ha formado sobre la ficción de la raza preservada. Me pregunto qué han podido tener en común, incluso desde el punto de vista religioso, pero sobre todo desde el étnico y el cultural, un ashkenazi ucraniano con un sefardí de Salónica o con uno de Tetuán; un judío etíope con uno de Brooklyn; el autor del Tratado teológico-politico con el fundador del psicoanálisis o con el creador de la teoría de la relatividad; una víctima de la expulsión de Toledo con una del pogromo de Kishinev u otra del gueto de Cracovia. El judaísmo político, como todos los nacionalismos, es una ficción convertida en verdad por la voluntad de los miembros de comunidades culturales muy diversas y diseminadas por toda Europa -y por el mundo- pero aferradas a la creencia en un origen común, a la idea de un destino común y a la integración de la condición de víctima en la cultura y en la conciencia colectiva. Las sucesivas diásporas y la estrecha relación del judaísmo con el cristianismo y la Ilustración occidentales (a veces fructífera, a veces conflictiva) han mantenido vivas tradiciones y patrimonios físicos y espirituales, han configurado una cultura muy rica y, finalmente, han conducido a un proyecto político absolutamente único como es el del estado de Israel.

2. Teniendo en cuenta que no hay pueblo como el judío que se haya constituido sobre las Escrituras como ley y mandato divino, ¿serían los profetas los primeros constructores de la historia –tal como la entendemos– no solo empujada desde atrás, sino reclamada desde delante, desde el futuro?

R. Alguien que como yo descree de lo trascendente ha de rechazar esa visión. La historia, como cualquier otra dimensión -humana o no- de la realidad, es un proceso que tiene causas, no finalidades. Naturalmente una concepción profética y mesiánica de la historia tiñe la actuación de sus protagonistas; pero no puede determinarla en términos directos ni absolutos, entre otras cosas porque los creyentes de otras fes y los no creyentes también participan en la construcción de esa historia, también la protagonizan, interfieren. En otras palabras: si Dios no existe, no puede haber profetas ni, por tanto, componente profético alguno en la historia. Sí hay, por contra, un componente histórico en los libros proféticos, que presta a su enseñanza moral el contexto y la oportunidad.

3. Parece que el pueblo judío, más que la reivindicación de un espacio, ha estado buscando el tiempo, su tiempo, su historia, ¿es también ese su parecer?

R. Podría ser en el caso de algunas versiones de carácter más intelectual; pero, mientras otras opciones espaciales llegaban y se iban, la reivindicación de la tierra señalada por las Escrituras siempre fue una opción vigente, ¿no le parece? Que el estado de Israel esté situado en Palestina no es casual. Hay un elemento ideológico en la cultura judía y, en particular, en el proyecto sionista, que incluye rasgos de promesa y de sacralidad que es imposible obviar.

4. ¿No cree que la historia, en el caso de los judíos, más que una historia basada en el progreso es una historia sagrada, es una historia ucrónica de la divinidad en los hombres, de la palabra de Dios hecha escritura, una y otra vez?

R. No. El pueblo judío no es un pueblo muy distinto a los demás pueblos en ese sentido ni en muchos otros. Como sugería antes, una cosa es lo que piensen los judíos o algunos judíos sobre sí mismos o sobre el conjunto de los judíos, y otra muy distinta lo que los judíos sean. Lo cierto es que, pese a los componentes evidentemente religiosos que aún hoy pesan en la política y en la sociedad judías, y pese a todas las matizaciones que caben, la fundación y afirmación del estado de Israel suponen la victoria del laicismo y de los valores democráticos occidentales sobre la teocracia. La definición de historia que usted propone en esta pregunta se adapta mucho mejor a países como los actuales Irán o Arabia Saudí que al estado de Israel.

5. ¿Cómo se combina según usted la depurada individualidad judía con el sentimiento de colectividad de este pueblo?

R. Yo no estoy seguro de que el hombre judío sea más individualista que otros hombres. Lo que sí es cierto es que, como señalaba antes, durante siglos ha ido integrando en su cultura la conciencia de víctima, que es una parte muy importante de su imaginario y de su esquema ético. Por ello, supongo, el judío tiende a procurar sacarse las castañas del fuego por sí mismo, sin ayuda del vecino gentil. Y eso explica en buena parte la existencia del estado de Israel. Pero, por otra parte, en gran medida el judío ha sido una persona que participa de los ritos colectivos, que tiene apego por su comunidad, que vive en su seno, en su seno estudia y crece, en su seno presta y recibe servicios, y que solo gracias a ello sobrevive a la marginación, a los destierros y a las matanzas a lo largo de su historia. ¿Su individualidad es más depurada, más pronunciada que las de otros ciudadanos? No lo sé.

6. Hay una ambivalencia contradictoria entre las gentes respecto al judío. Por una parte, es un pueblo respetado y temido; por otra hay una actitud de rechazo hacia él, que se manifiesta en expresiones populares y despectivas, por ejemplo «perro judío», «hacer una judiada», «ser un fariseo», etcétera. ¿Qué opina de ello?

R. Creo que esas expresiones son cosa del pasado, igual que muchas otras que afectaron o todavía afectan a colectivos discriminados o señalados por un motivo u otro. Hoy somos mucho más cuidadosos en las formas y eso nos hace también más respetuosos en el fondo. De las expresiones que menciona, solo he escuchado de joven la de «hacer una judiada», en boca de gente mayor. Igual que la acusación de fariseísmo, parece basada más en la literatura sagrada católica que en el antisemitismo. En cuanto a la expresión «perro judío», sinceramente, salvo en las películas de nazis, no la he escuchado jamás. No están vigentes. En España, como en Occidente en general, existe un antisemitismo de izquierdas, un odio a Israel falsamente progresista asociado a la solidaridad con la Palestina árabe, que podemos atestiguar cada día que Hamás bombardea poblaciones israelíes sin que estas acciones aparezcan en unos medios de comunicación que, sin embargo, al día siguiente se apresuran a dar cuenta de las respuestas israelíes y a culpar al gobierno israelí de las masacres que propician los propios terroristas musulmanes cuando sitúan escudos humanos en objetivos militares. Pero no creo que esto esté asociado a un desprecio racial, como en el pasado, ni siquiera a un prurito religioso. Está asociado de forma muy elemental, muy primaria, al papanatismo de la paleoizquierda.

7. Existe una penetración de lo judío en lo sagrado –incluso en el pensamiento de sus prohombres más modernos y racionalistas– como temor de Dios, como acatamiento del mandato divino, como escritura sagrada. Es curiosa, ¿no cree? Esa mezcla entre racionalismo científico y acatamiento de la divinidad.

R. No estoy tan seguro. Quiero decir, por un lado, que no conozco tanto la realidad judía como para afirmarlo o negarlo; pero, por otra parte, que sí conozco y todos conocemos casos de israelíes y hebreos que viven sus vidas al margen de Dios. No sé, creo que la realidad es poliédrica, que los pueblos afortunadamente no son uniformes y que, desde luego, no parece que el temor de Dios fuera lo que en los años treinta y cuarenta sentó las bases de la nación israelí… Y, en todo caso, la tensión entre razón y fe parece algo consustancial a la naturaleza humana, más allá de a qué religión o cultura se adscriba uno.

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Nació en 1944 en Quintana de la Serena, Badajoz. Hizo las carreras de Filosofía y Publicidad en Madrid en donde reside desde 1960. Es editor literario e investigador de Judaica. Ha realizado ediciones facsimilares de la Guía de los Perplejos, el Cuzarí y de la obra de Isaac Cardoso. Dirigió las Jornadas Extremeñas de Estudios Judaicos en Hervás, en 1995, con Haim Beinart. Fue Director de las Actas del mencionado Congreso, publicadas en 1996. Colaborador en las revistas judías Raíces, Los Muestros, Maguem y Foro de la vida judía en el mundo, entre otras publicaciones. Creador, junto a otros entusiastas, de la Orden Nueva de Toledo, Fraternidad dedicada a la defensa plural de Israel y el Líbano cristiano, así como combatir el antisemitismo. Ha plantado miles de árboles, y construido, con Don Jaime Botella Pradillo, un jardín dedicado a los Justos de las Naciones en Las Navas del Marqués, en tierras de Castilla.

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