Este es el artículo 7 de 72 en la serie Recorriendo la "Nueva" Sefarad

Y como el Premio Príncipe de Asturias, sin quererlo, une a los judíos de ayer, con los de hoy y los de mañana.

Oviedo, en el norte de España, Principado de Asturias, bella ciudad que mezcla el sabor de urbe internacional con la realidad de un pequeño poblado donde el parecido entre su gente y la nuestra es espeluznante y en donde, en todos los restaurantes uno cree encontrarse con conocidos o más bien, debería yo decir, uno reconoce, en sus gentes, las caras, las facciones, las modas de Hipódromo, Polanco y las Lomas, mezclando las caras de la nueva España con las de los actuales pobladores de la antigua Nueva España.

Oviedo es una ciudad de gente bonita, de calles angostas y poco lugar de estacionamiento donde todo está cerca y un automóvil es básicamente innecesario y donde hay una amplia gama de eventos, cosas que hacer, lugares que ver y más importante, un ambiente de paz que se presta a pensar, a crear y a creer en un futuro mejor.

Los judíos de Asturias, region autónoma de la que Oviedo es su Capital, han estado presentes en la región desde la época romana, cuando, como miembros del Imperio los judíos avanzaban de la mano con los legionarios fungiendo como cartógrafos, estrategas y organizadores comerciales.

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Oviedo

Cuando el imperio se derrumbó los romanos desparecieron pero, las comunidades judías, a diferencia de los legionarios, se quedaron en sus pueblos, manteniendo su identidad en las buenas y en las malas épocas como se confirma en documentos del siglo IX y más tarde, del siglo XI, que nos muestran que, tras las conversiones obligatorias de la era visigótica, el Concilio de Coyanza, prohibió a la población gentil vivir en la misma casa que un judío so pena de tener que pasar, primero una semana de penitencia y si después de ella el ‘problema’ no había sido corregido, sufrir un año de excomunión.

Estos edictos no solo corroboran la presencia de la comunidad sino la profunda integración existente entre sus miembros y los de la población en general que vivían y convivían sin problema alguno en esta región sin que ni estos ni otros mandatos lograran separarlas por lo que en 1274, el Concejo de Oviedo emitió una serie de ordenanzas que trataron de definir, delimitar y reglamentar las actividades y relaciones de la comunidad judía y la población general también con lo que parece ser muy poco éxito ya que todos siguieron viviendo juntos y dedicándose a todo tipo de actividades comunes.

Quizás por eso no resulta sorprendente que hoy en día, un pastor evangelista que se dedica a recorrer los poblados aledaños haya reunido una colección de un centenar o más de “menoires” (candelabros litúrgicos) que ha ido encontrando en las casas de toda la región ilustrando el hecho de que en todos lados había judíos.

Pero este documento de 1274 resulta fundamental para nuestra historia no solo porque documenta la presencia, las condiciones y la amplitud de la presencia judía en estas tierras sino porque lo que es central para nuestra historia de hoy, en el se delimita la superficie y locación del cementerio judío de Oviedo sobre el que se construyó el Teatro Campoamor donde todos los años se entrega el Premio Principe de Asturias entre cuyos receptores se encuentran Woody Allen, Bob Dylan, Daniel Barenboim, Simone Veil, Yehudi Menuhim y Marcos Moshinsky? (¡!¿Marcos Moshinsky?¡!) Si, Marcos Moshinsky, el físico mexicano que fue el primer judío en el mundo en ser reconocido en este evento y conste que ha habido muchos (el 8% de los galardonados).

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Marcos Moshinsky

Si Usted nunca había oído hablar de él no se preocupe, no está solo, pocos conocieron y menos aun reconocieron la labor de Marcos mientras estuvo vivo debido a que él estuvo entregado en cuerpo y alma a su quehacer científico y a que este se avocó a una ciencia, (la física), poco “popular” en el mundo en general y en México –y su comunidad judía- en particular, por lo que recibió por decir lo menos, poca atención a su labor y menor aun a sus logros.

Sin embargo, tras su visita al antiguo cementerio judío de Oviedo, hoy teatro Campoamor, para recibir este premio Marcos tuvo, por lo menos, la satisfacción personal de saber que los frutos de su labor científica no estaban confinados a su laboratorio ni a los terrenos de la UNAM y que ahora con la ayuda de la notoriedad, saldrían a la luz pública para beneficio del país.

Teatro Campoamor
Teatro Campoamor

Todo esto, por más interesante que parezca, no dejaría de ser anecdótico si no fuera por la serie de coincidencias que a partir de este punto unen a Oviedo con la comunidad judía de México y el futuro del judaísmo:

Así pues, la primera de estas “curiosas casualidades” es que el primer judío galardonado por este premio –de entre todos los judíos y todos los científicos del mundo- haya sido el Doctor Moshinsky, un judío de Kiev, -misma ciudad de la que provenían varios de los judíos rescatados durante la segunda guerra mundial por las hermanas Touza en la cercana ciudad de Ribadavia.

Moshinsky, científico judéo mexicano radicado en la ciudad de México, ilustra en su plenitud el aporte natural y desinteresado que algunos miembros de nuestra comunidad han dado a México, en este caso dedicándose a impulsar la ciencia en la UNAM donde su fundación, actualmente manejada certeramente por Moishe Moshinsky, sigue apoyando sin distracciones ni desviaciones, el desarrollo de la física en el país.

La segunda casualidad es que el Doctor Marcos Moshinsky comparte su apellido con su papá – bueno esto no tiene nada de curioso, ¿de acuerdo? Lo curioso es que este mismo apellido es el que llevaba la escuela judía más completa de México: la Yavne.

Pero primero vayamos al nombre de la escuela y después a la institución misma.

Para quien no conoce el origen del nombre “Yavne”, este se refiere a una comunidad de lideres y pensadores judíos dirigidos por Yojanan Ben Zakai que durante la rebelión contra los romanos se opusieron a la lucha armada y se dedicaron a preservar la cultura y el pensamiento judío mientras en Masada y otras poblaciones se luchaba sin ninguna posibilidad de éxito contra los romanos.

Al final del día, los “héroes” de Masada desaparecieron mientras los desconocidos miembros de Yavne salvaron al judaísmo de la destrucción total al preservar sus ideas para la posteridad.

No es pues de extrañar que ante estos orígenes, la escuela que lleva su nombre en México, la Yavne, haya sido la única que enseñaba, a miembros de todos los sectores, sin discriminación alguna, todos los elementos de la cultura y tradición judías simultáneamente (o sea la única la única en la que todos los elementos de la cultura judía eran considerados igualmente positivos y valiosos: religión y secularismo, tradición y pensamiento creativo, Yiddish y Hebreo, todos piezas igualmente importantes en el tapiz del judaísmo y que debían ser conocidos y compartidos por igual por árabes, ashkenazim y sefaradis).

Ante esta riqueza de contenidos y variedad de costumbres y pensamientos la escuela, conocida como Escuela Israelita Yavne E. Moshinsky, produjo, por sus características socio-intelectuales, muchos importantes artistas, escritores y líderes comunitarios que tanto han aportado a la comunidad y al país y ahora en España, gracias a la presencia aquí, en Oviedo, de una de sus egresadas siendo esta la tercera casualidad: que la herencia milenaria de Yavne, se sume a la herencia de Sefarad para regresar a Oviedo, primero en la persona de Marcos Moshinsky y después, en la de Aida Oceransky, Presidente de la Comunidad Judía del Principado de Asturias para crear una nueva comunidad.

Aida Oceransky
Aida Oceransky

Es claro que cuando se le dio el premio a Marcos, ni se pensó, ni se consideró, ni en Yavne, ni en la escuela ni en la relación de la familia Moshinsky con esta escuela siendo yo quien juntando la información invento ahora esta trilogía basada únicamente en una relación casuística para decir que Yavne, que hace dos mil años salvó al judaísmo, se hace presente en Oviedo cuando esta ciudad otorga su primer premio Príncipe de Asturias al mexicano que comparte su apellido con la escuela que lleva este nombre y de la que egresa Aida, la actual Presidente de la comunidad judía del Principado de Asturias.

Mexicana de nacimiento, israelí de formación, española por adopción, alumna de un colegio conservador, miembro de una comunidad cooperativista socialista, maestra, líder y rabina son solo algunos de los ‘títulos’ que le podemos conferir a esta mujer que en su intenso dinamismo representa a todas las tendencias culturales, lingüísticas y políticas del judaísmo y a lo más valiente del judaísmo en la nueva España tomando sobre sus hombros labores que, si fuera hombre, harían varios comités y no estoy muy seguro que con igual éxito.

No estoy ni soy nadie para juzgar quien tiene la verdad ni quien tiene las herramientas correctas para crear al judaísmo del futuro pero si se que, en la actualidad confrontamos una situación similar a la que, me parece, vivieron los judíos sefaradís hace 600 años.

Hoy pasamos por la peor crisis existencial confrontada por los judíos en dos milenos y no por persecuciones sino “peor” aun, porque ahora las puertas de la sociedad se han abierto de par en par dejando a los judíos integrarse a la sociedad circundante como hacía 600 años había sucedido en algunas de las provincias de lo que hoy conocemos como España por lo que creo que, ahí, donde ya vivimos, sobrevivimos y creamos la primera edad de oro del judaísmo bajo estas características de integración, podría estar la fórmula para no solo sobrevivir sino crear una nueva era de oro para el judaísmo.

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Oviedo

Oviedo es la capital de Asturias, una ciudad que de acuerdo con Allen es “una ciudad deliciosa, exótica, bella y peatonal, es como si no perteneciera a este mundo, como si no existiera, Oviedo – dijo Allen- es como un cuento de hadas”

Hoy, aquí, en Oviedo, (sobre lo que fue el panteón de la comunidad) se estableció el enlace entre la nueva España y México (la vieja Nueva España) y entre la Yavne de “muy-ayer” y la de ayer, sembrando las semillas de lo que podría ser el judaísmo de mañana por lo que, si Usted va a España y no visita Oviedo, Usted no fue a Sefarad.

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