Conocida principalmente por su importante producción vitivinícola, sobre todo los blancos, -sus vinos llegaron hasta la mismísima mesa del expresidente de Estados Unidos Barack Obama-, los vinos del Ribeiro no son la única riqueza que oculta Ribadavia, un pequeño rincón que cada año llega a quintuplicar ampliamente su población con su singular celebración de la Festa da Istoria.

Enclavada en pleno corazón del Ribeiro, esta pequeña localidad gallega representa, como cada año, en agosto, una excelente opción en la Festa da Istoria, que evoca cada año, en agosto, la presencia de la comunidad judía, hasta que fueron expulsados en 1492, y, posteriormente, perseguidos por el Tribunal de la Inquisición y que está declarada fiesta de Interés Turístico Nacional.

Buena parte de ese legado judío se ve reflejado en sus bodegas, callejuelas, sinagogas, tabernas y tahonas de la villa que salpican todo su conjunto monumental, incluido en la red de los Caminos de Sefara y la red de juderías españolas, así como sede del Consejo Regulador da Denominación de Orixe Ribeiro.

Referenciada ya en el siglo XVIII, esta fiesta es una cita obligada en el calendario festivo del noroeste peninsular, coincidiendo con el último fin de semana de agosto. Durante todo el fin de semana, la localidad se convierte en punto de peregrinación festivo para disfrutar de torneos medievales a caballo y hasta una boda judía por el rito sefardí.

Tal y como recoge la página web de Ribadavia, esta localidad fue lugar de encuentro para varias familias judías, desde la llegada de los primeros hebreos en el siglo XI, de manera aislada, suponiendo grandes oportunidades para esta villa, atraídos por las posibilidades para sus negocios hasta que fueron expulsados de 1492, en uno de los procesos inquisitoriales más famosos del siglo XVII.

Actualmente, este evento es una traslación en el tiempo de la celebrada en esta villa, hasta el siglo XIX, que rememora la presencia judía.

Como actividades singulares, cabe destacar la recreación de una boda judía por el rito sefardí, en la que los novios firman el contrato de los esponsales coincidiendo con la entrada en el último mes del calendario lunar hebreo y que da paso a los torneos medievales y la posterior cena medieval, todo ello, bajo el uso de la moneda de curso legal, el maravedí.

Un dato a tener en cuenta para toda aquella persona que quiera acercarse ese fin de semana a la villa es que debe llevar los atuendos medievales para poder acceder a algunos de los eventos que se celebran en lugares cerrados, cumpliendo así con los preceptivos cánones que marcaban los estamentos de la época.

También es preceptivo, el trueque de euros por maravedíes, moneda oficial de aquella época, en el banco de la Alhóndiga y las sucursales instaladas a lo largo de la villa.

Toda una tradición que empieza, en algunos casos, “desde el primer mes del año”, señala la coordinadora de la fiesta.

Más allá de la fiesta, la Tafona da Herminia, se erige en uno de los lugares obligados para visitar, en sus serpenteantes calles y en punto de encuentro para judíos viajeros, rabinos, embajadores israelíes y hasta premios Nobel.

Entre las delicias de la comida kosher, se encuentran mamules de frutos secos y agua de azahar, ghorayebah de harina de avellana, kamisch-broit de nueces o kupferlin de almendra son sólo algunas de sus especialidades.

Actualmente, la Red de Juderías, de la que Ribadavia es miembro fundador, tutela el proyecto Viñedos de Sefarad, con vinos Kosher, un vino ritualmente apto para la religión judía, para su comercialización.

Declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, la asociación que organiza la fiesta aspira a conseguir el sello de Interés Turístico Internacional que le dé un nuevo impulso a esta celebración.