En unos momentos tan inestables de la conformación, la confrontación y la deshumanización de la región del Medio Oriente en los últimos años parece que cada vez nos vemos más confundidos porque la mayoría de las personas cuando escuchamos, leemos o vemos alguna noticia de esa parte del planeta nos llega directamente de los corporativos de medios de comunicación que pueden presentar un sesgo de la información o una información poco imparcial de la situación.

Por ello estimados, si tanto nos interesa conocer la realidad del Medio Oriente les sugiero que conozcan a Federico Martin Gaon, un joven argentino que radica en Israel, pero que desde ya hace mucho tiempo ha demostrado un análisis completo de las causas, actores, factores y consecuencias de lo que ocurre ahí.  Ustedes me dirán ahora por qué les sugiero leer el análisis de este gran amigo, pues que mejor que él mismo nos comente de su persona, su experiencia, su habilidad y su interés por compartir su análisis:

Estimado Señor Gaon: ¿Quién es Federico Martín Gaon? ¿De dónde viene? Y ¿En dónde vive?

Federico Martín Gaon:  Federico es un joven licenciado en Relaciones Internacionales porteño, de Buenos Aires, que actualmente vive en Tel Aviv, donde está por finalizar una maestría en Medio Oriente.

¿Qué trayectoria ha tenido hasta el momento siendo una persona bastante joven?

Federico Martín Gaon: Desde muy temprano me interesé por los asuntos internacionales, y en mis años de estudiante secundario tuve la oportunidad de participar en varios congresos juveniles sobre temáticas de interés global. Hace tres años, luego de emprender con un proyecto de análisis y periodismo colaborativo que no funcionó, caí en la realización de que no necesito depender de una estructura compleja para plasmar mis ideas y opiniones. Con esto en mente, comencé mi blog personal y podría decirse que desde ahí en adelante empezó mi carrera en el campo. A su vez, gracias a mi participación en eventos y seminarios sobre Medio Oriente, pude hacerme con una red de contactos que me facilitó mi inserción a algunos medios latinoamericanos. Este acceso permitió que mis trabajos fueran reconocidos por pares, y es un privilegio por el cual estoy muy agradecido, sobre todo por la confianza depositada en mi persona.

Muchas veces la gente lamentablemente llega a desconfiar de nuevas generaciones de analistas ¿Le ha llegado afectar este fenómeno? ¿Cree que este fenómeno podría cambiar?

Federico Martín Gaon: Creo que en la vida tiene sentido desconfiar de comunicadores o interlocutores desconocidos. Es una reacción natural. Esto va más allá de una cuestión de edad. Si bien es cierto que siempre es difícil darse a conocer, especialmente en un ámbito como el mío, los jóvenes ocupan un rol cada vez más importante. Quizás esto no se ve tanto en el periodismo o en la academia como sí ocurre en el campo de la tecnología y la innovación. Pero, al fin de cuentas, las nuevas generaciones cuentan con muchas ventajas. Por ejemplo, si uno está circunstanciado con las herramientas de la era informática, se puede acceder a casi cualquier libro de forma virtual sin necesidad de pasarse por la librería, leer los periódicos del mundo, acceder a la base de datos de los journals más prestigiosos, e incluso aprender un idioma online. Sin ir más lejos, mi carrera se potenció precisamente gracias a mi sitio web. Por estas razones hay motivos para ser optimistas.

Esto no quita que la desconfianza siga ahí. No conozco a nadie en el rubro internacionalista que no haya sentido ansiedad por esta cuestión en algún momento de la vida. Cuando uno percibe desconfianza uno siente inmediatamente el miedo al rechazo. Desde luego yo no soy la excepción. Mi ambición a mediano plazo consiste en poder llegar a más medios hispanohablantes, pero me choqué –y probablemente me seguiré chocando– con muchas paredes en forma de editores escépticos. Como se dice en Argentina, es difícil llegar a un nivel de confianza como para que las personas “se la jueguen” por el otro. En este sentido, son muy pocos los editores que se animan a darles tribuna a “desconocidos”.

Mi mensaje es que la edad no es medidor de calidad. Tenemos que resistir la falacia de autoridad, el argumento magister dixit. Esto significa que algo no necesariamente es cierto “porque el maestro lo dijo así”. El analista, periodista o comentarista más experimentado y criterioso también puede equivocarse. Llevado esto a la práctica, cuando en América Latina hablamos de Medio Oriente muchas veces leemos la tapa del libro, y no así su contenido. Como no contamos con la tradición académica de los europeos y los estadounidenses, elevamos a un número selecto de expositores al panteón de los expertos, y de ahí no los bajamos más.

La realidad es que el camino al saber está construido por la desconfianza. Tenemos que desconfiar de todos, y siempre cuestionar todo argumento: sean míos o sean tuyos. Mientras que la experiencia no es garantía de lucidez, la inexperiencia no es garantía de ignorancia.

La última pregunta se la hice pensando justamente en que muchas veces las personas se inclinan más por obtener las noticias de medios rápidos de comunicación en tv, en radio, en un tweet, en un videoblog de corta duración ¿Qué tanto impacta esta recepción de parte de la audiencia de noticias del Medio Oriente? Y ¿Cree que existe un gran sesgo de información?

Federico Martín Gaon: Curiosamente siempre término hablando de lo mismo. En efecto ese sesgo está y es muy difícil de erradicar. Los temas internacionales suelen ser complicados, y los grandes acontecimientos que llegan a primera plana suelen ser multicausales. Para comprenderlos hay que tomarse la tediosa labor de digerir libros, contrastar fuentes, y acceder a los debates historiográficos sobre los posibles precedentes. Volviendo a la primera pregunta, este es uno de los aspectos negativos de la era informática. Hay tanta pero tanta información que en el día a día uno se hace bastante selectivo en los contenidos que consume. Entonces, el comunicador tiene que encontrar el modo de atrapar a sus lectores, televidentes o radioescuchas rápidamente. Esto implica que la información tiene que ser condensada, a mi criterio no siempre satisfactoriamente. Esto pasa especialmente con las cuestiones relacionados con Medio Oriente, pero se podría decir que sucede con cualquier temática también. Al caso, las redes sociales están rápidamente desplazando a los medios tradicionales. Si le pides a un joven que te explique las causas de la guerra en Siria, es posible que sus argumentos provengan de algún video que haya visto en Facebook o YouTube.

Personalmente, creo que dentro de lo cotidiano es necesario encontrar un punto medio. No podemos pretender que todo mundo conozca de historia, del mismo modo en que no podemos suponer que cualquiera conocerá los postulados de la física. Por eso es importante que exista buena literatura de divulgación sobre estos temas, de fácil lectura y accesible a todo lector. Sin embargo, lo que existe deja mucho que desear. Muchos trabajos solo vienen a reafirmar mitos y falsedades, particularmente en relación con Israel.

¿Qué hacer entonteces para combatir el sesgo informativo? El contenido escrito no tiene las mismas limitaciones que el contenido audiovisual. Por eso, creo que los autores y periodistas deberían esforzarse por presentar ciertos aspectos de los debates historiográficos –aunque sea de forma parcial–. Me refiero a presentar el espectro de opiniones disponibles sobre el tema, mostrando, de ser necesario, como estás fueron cambiando en el tiempo. En el espacio periodístico, este es un ejercicio muy educativo que no requiere obligatoriamente del detalle y rigor empleados en el sector académico. Con introducir varios puntos de vista alcanza, presentando los argumentos, y varios referentes para personificar a cada uno de ellos. Esto es a lo que yo aspiro en mis artículos.

Hemos visto una deshumanización en diversos conflictos del Medio Oriente, al final ciertas políticas han promovido la creación de conflictos o la renovación de los mismos y hasta la aparición de grupos terroristas como en el caso de ISIS, Al Qaeda , Hamas y Hezbollah ¿Qué opinión tiene al respecto de esta triste realidad?

Federico Martín Gaon: La aparición de estos grupos responde a diversas causas. En lo que tiene que ver con el presente conflicto sectario en Medio Oriente existe consenso acerca de la relevancia de la guerra subsidiaria, más conocida como guerra proxy. Consiste en que los Estados se abstienen de enfrentarse directamente, prefiriendo que la guerra sea peleada por grupos no estatales allegados a ellos. Mientras que Arabia Saudita empoderó a ciertas milicias sunitas, Irán hizo lo propio con los houthis y con Hezbollah. Este fenómeno de la guerra proxy viene de antes, siendo patente durante la Guerra Fría. No es algo que vaya a cambiar en el tiempo previsible.

En su punto de vista ¿Cuál es la situación más negativa en el Medio Oriente? Y ¿Cuál podría llegar a ser la más optimista?

Federico Martín Gaon: En mi opinión lo más negativo tiene que ver con la avasallante e inevitable influencia de la religión en el ámbito público. Si bien el auge del radicalismo islámico responde a varias variables, este no podría haberse desarrollado sin una coyuntura sociocultural propicia. Estudios sucesivos vienen mostrando que la religión ocupa un rol central en los musulmanes, proveyendo identidad, sentido de pertenencia, y juicios valorativos acerca de cualquier aspecto de la vida cotidiana. El problema no es que las fuentes jurídicas de los Estados de mayoría musulmana se basen o inspiren en la revelación coránica. Más bien, el problema estriba en aquellas normas consuetudinarias que regulan el comportamiento en el día a día. Me refiero a los usos y costumbres de las sociedades musulmanas, que frecuentemente desestiman el rol del individuo como maestro de su propio destino. El islam contiene un mensaje fatalista que, en términos prácticos, desatiende la importancia de la innovación, el emprendimiento, y los valores liberales en general; tan importantes para generar el desarrollo del potencial humano. El islam necesita de una verdadera reforma religiosa que contemple tales compromisos. Se han registrado avances en esta dirección, pero el impacto en el seno del mundo musulmán ha sido muy limitado. La censura y autocensura sobre polémicas religiosas sigue siendo enorme. Digo esto porque en tanto la religión ocupe un rol preponderante, la libertad intelectual siempre se verá restringida. El día en que uno pueda ir a las plazas de los mártires en El Cairo o en Beirut, y gritar algo en contra del islam o su Profeta….y salir impune… entonces el paradigma habrá cambiado.

La verdad es que no hay mucho espacio para ser optimista. Por lo menos en este momento. Sin embargo, varios analistas creen que después de tanta violencia sectaria entre sunitas y chiitas, quizás se produzca un cambio de conciencia colectiva. El argumento consiste en trazar una analogía hipotética con la experiencia histórica de Europa, que luego del conflicto entre protestantes y católicos entre los siglos XVI y XVII comenzó a secularizarse. Tal vez sea necesario que corran ríos de sangre para que la gente se percate de que es mejor excluir a Dios de los asuntos públicos. Algunas de las peores atrocidades fueron cometidas en el nombre de causas divinas.

Muchos han perdido la esperanza de una renovación de las negociaciones de paz y reconocimiento entre Israel y sus vecinos (incluyendo a Palestina) ¿Todavía podemos creer que en algún momento próximo veamos un poco de luz en la penumbra? ¿Qué es lo que más entorpece las negociaciones de parte de los vecinos de Israel? Y ¿Qué es lo que más entorpece las negociaciones de parte del Estado de Israel?

Federico Martín Gaon: Personalmente creo que existe un consenso en Israel acerca de la necesidad de llegar a algún tipo de arreglo unilateral para apaciguar a los palestinos. En Israel prevalece lo que yo llamo la “posición renegada”, común a la centroizquierda y la centroderecha. La idea consiste en reconocer, por un lado, que el liderazgo palestino no está psicológicamente preparado para firmar la paz, y que, por otro lado, la situación en los territorios se vuelve insostenible. Hoy en día ningún dirigente palestino estaría dispuesto a pactar un acuerdo definitivo con Israel. Hacerlo significaría aceptar la narrativa judía, aceptando que Israel tiene legitimidad y derecho a existir. Asimismo, implicaría renunciar al sueño utópico de redimir Palestina mediante la destrucción del Estado hebreo. Además, lamentablemente en las últimas décadas las consignas religiosas se han entreverado mucho con los reclamos territoriales, a tal punto que en el ideario palestino se vuelve impensable fundamentar semejante separación. Esto se ve muy bien con Mahmoud Abbas. Cuando le habla a sus compatriotas dice una cosa, cuando le habla a los líderes mundiales dice otra.

Así y todo, los principales formadores de opinión israelíes reconocen que de no cambiar el rumbo, a Israel le depara un futuro oscuro. Frente a la ausencia de un acuerdo, desde hace diez años se habla de “administrar” el conflicto, a los efectos de coartar el terrorismo y garantizar la seguridad de los israelíes. Pero también se admite que la situación es insostenible al largo plazo. En última instancia, Israel debe decidir qué hacer con los 2,5 millones de palestinos que viven en Cisjordania. Darles ciudadanía representaría poner en riesgo la esencia nacional judía del Estado, de modo que no es plausible. Por esta razón, la idea de una solución “unilateral” por parte de Israel viene tomando más fuerza, aun cuando esto puede comprometer la seguridad del Estado a corto plazo, tal como sucedió luego de la retirada israelí de la Franja de Gaza en 2005.

Ahora bien, es innegable que la paz es muy difícil bajo el liderazgo de Benjamín Netanyahu. Sin embargo esto no se debe a su intransigencia ideológica, como más bien a su intransigencia política. El hombre es de los políticos más astutos que ha tenido Israel, y siempre se las arregla para mantener su coalición en el poder. Por ejemplo, en los últimos tiempos ha venido consistentemente supeditado el interés general de la población a los caprichos de los partidos ortodoxos que mantienen su coalición unida. Lo cierto es que las condiciones del sistema político israelí hacen que sea extremadamente difícil negociar, sobre todo bajo las circunstancias actuales. Para usar un término anglosajón, en Israel hoy en día el kingmaker está encarnizado por el político nacionalista ortodoxo. Si Netanyahu desoye lo que le exigen sus aliados, su coalición se vendrá para abajo, y él perderá su trabajo.

A mi modo de ver las cosas, esta sea probablemente la razón por la cual Netanyahu insiste tanto en una aproximación hacia la paz más amplia, que involucre a los actores sunitas de la región. Si bien desde la realpolitik la movida tiene mucha lógica, es ilusorio suponer que los países árabes extenderán reconocimiento diplomático formal sin que antes de produzca algún tipo de acuerdo entre israelíes y palestinos. A los dirigentes árabes les importa poco y nada la situación en Gaza o Cisjordania. Más bien, lo que les preocupa es lo que sus pueblos opinen al respecto. Siendo un tema tan sensible en la psique musulmana, ningún líder de la región aceptaría abiertamente a Israel sin contar con una “excusa”, como lo es un acuerdo de paz. Los hombres de Estado con un sentido de transcendentalidad como Anwar Sadat son la excepción, no la regla.

Dicho esto, creo que existe margen para un acuerdo. Como consecuencia de la guerra en Siria, se ha vuelto evidente que Israel no cederá soberanía sobre los Altos del Golán. En 2002 Arabia Saudita anunció que impulsaría el reconocimiento diplomático siempre y cuando Israel adoptara ciertos compromisos; entre ellos retirarse del Golán. Esta ya no es más la posición saudita. Además, siendo que el presidente estadounidense es ahora Donald Trump, la dirigencia palestina está quedando bastante relegada. Los palestinos se encuentran con un presidente adverso a sus intereses, y que para peor está congraciado con los dirigentes árabes de la región. En fin, creo que si Estados Unidos aplica suficiente presión con el consentimiento explícito de países como Egipto, Arabia Saudita y Jordania, quizás habría margen para llegar a algún acuerdo intermedio. No obstante, por lo dicho recién, llegar a un acuerdo permanente que ponga fin a todas las disputas es inherentemente más complicado. Y Netanyahu, o mejor dicho su coalición de gobierno, no ayuda exactamente a destrabar el impasse.

Medio Oriente vivió una etapa muy inusual y muy evolutiva llamada “La Primavera Árabe” ¿Cree que este suceso abrió nuevas oportunidades de avances para las sociedades de esta región?

Federico Martín Gaon: En los anales de la diplomacia hay un comentario mítico que no pasa desapercibido. Durante la visita de Richard Nixon a China en 1972 le preguntaron al premier Zhou Enlai qué pensaba acerca de la Revolución francesa. Este habría contestado “es muy temprano para opinar al respecto”. Cierta o falsa, la anécdota tiene un mensaje de prudencia. En relación a la “Primavera Árabe”, hoy está en boga hablar en cambio del “Invierto Árabe”. El único país que salió beneficiado del embrollo fue Túnez, donde la senda democrática logró aferrarse, por lo menos momentáneamente. Creo que habrá que esperar a ver las cosas en retrospectiva. Lo que sí puede decirse con seguridad es que los eventos que sacudieron la región demuestran que los agravios económicos y políticos pueden hacer caer a las dictaduras más aferradas al poder. Me permito decir que un dirigente inmaduro en nuestro vecindario latinoamericano debería prestar más atención a esta observación.

¿Por qué sugeriría a nuestros lectores de Diario Judío que se interesaran en el análisis del Medio Oriente? ¿Y por qué en lo particular en su análisis?

Federico Martín Gaon: Muchas veces me preguntan si mis intereses académicos tienen que ver con mi judaísmo. Mi respuesta es que no necesariamente. Siempre estuve rodeado de ambientes pro Israel como pro Palestina, y mi formación es producto del encuentro entre los dos. Esto no quita que tenga opiniones formadas, algunas de ellas seguramente polémicas. Mas fue precisamente el encuentro entre estos dos lo que dio forma a mis ideas. Por eso, mi interés radica en entender la región a través de su historia.

Bajo cualquier aproximación, el analista honesto no le tiene miedo a la controversia. El analista honesto puede equivocarse una y otra vez porque nadie conoce lo que depara el futuro. Pero seguirá siendo confiable en la medida que reconozca sus limitaciones, y establezca con claridad cómo elabora sus argumentos, y cómo llega a sus conclusiones. Si llevamos esto a lo que conversamos previamente, no hay un solo modo de interpretar los sucesos, y por ello es necesario nutrirse de diversas fuentes. Por esta razón, en mi sitio web personal el lector encontrará una sección titulada “recursos” en donde ofrezco un número considerable de enlaces a distintas páginas de interés, en español y en inglés. Uno no tiene que estar de acuerdo con mis postulados para poder beneficiarse de esta base de datos.

En suma, creo que esta actitud representa el mejor aporte que puedo ofrecer. Me gustaría creer que mi dedicación a la lectura y a distintas fuentes es el rasgo más distintivo que refleja la calidad de mi trabajo.

Agradecemos esta oportunidad que Federico Martín Gaon nos ha dado a Diario Judío para poder conocerle, usted lo puede seguir en twitter en @FedGaon. Así mismo, nuevamente les agradezco estimadas y estimados lectores por su atención y espero su respetuosa opinión en el espacio de Diario Judío o en la cuenta de twitter de un servidor: @PabloQZepeda