Judíos víctimas de la represión ilegal en la Argentina

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David Malowany en exclusiva para Diario Judío México

Uno de cada diez desaparecidos bajo el régimen que usurpó el poder en la Argentina entre los años 1976-1983 era de origen judío[1].

Para el académico israelo-argentino, Edy Kaufman, la explicación podría fundarse en una absurda percepción de los represores respecto al potencial oposicionista judío. En base a tales premisas, los perseguidos de origen semita fueron los preferidos a la hora de ordenar las capturas ilegales.

La muestra de tal cinismo lo vemos en lo acontecido en el Centro de Reclusión Clandestino de Sierra Chica, Olavarria, Provincia de Buenos Aires. En dicha localidad, vecina de la Colonia Hinojo que fuera fundada en 1878 por agricultores alemanes del Volga- quienes se encontraban entre los carceleros- los detenidos fueron divididos en tres grupos: los que serían exterminados, los que serían liberados una vez terminado el régimen y lo casos dudosos. Según el testimonio del sobreviviente Eduardo Grutzky, la mayoría de los detenidos judíos fueron colocados en el primer grupo. Algo similar aconteció con los siete judíos de las veinte personas secuestradas en el Centro Nacional de Energía Atómica. No obstante, el investigador concluye que si bien no existió en la cúpula del régimen una explícita política antijudía, en los mandos medios y bajos, en quienes en definitiva estaba a cargo la represión ilegal, lo peor de la Edad Media y el nazismo fue descargado.

Mario Villani atestiguó en el juicio contra el represor Julio Simón, alias el “Turco Julían”[2] -. De su testimonio se comprobó que el antedicho sometió a tormentos a un maestro judío de pensamiento comunista. Por el apalamiento y la picana, la víctima inscribió su nombre en la larga lista de los mártires. Este genocida, que lucía cruces cristianas y gamadas, justificó su proceder en que el maestro, judío y comunista, pervertía las mentes infantiles.

Blanca Becher recibía tormentos dobles respecto a las víctimas no judías. Ana María Careaga y Pedro Vanrell confirmaban que los prisioneros israelitas eran humillados con medievales pedidos de que imitasen a animales domésticos y que lamiesen las botas del represor. Todo ello bajo pena de apremios.

A un detenido se le dijo: ” ustedes los judíos la única patria que conocen es el dinero, espero que con el tiempo que están pasando aquí, se hagan gente y terminen poniendo un crucifijo sobre la cama.” En uno de los miles de allanamientos ilegales, los represores escribieron en las paredes del hogar judío violado: ” Viva Cristo Rey, Cristo Salva”.

Ana Larrea, ciudadana francesa salvada por los reclamos de su madre patria relató a la Comisión de Solidaridad de Familiares de Desaparecidos, filial Barcelona, que se le recriminó bajo la reclusión el haberse casado con un judío. Para purgar este ” pecado” debía arrodillarse y rezar, a la vez que era torturada.

En las paredes de los centros de reclusión clandestinos se leía ” Haga patria, mate un judío” o su variante: “el único judío bueno es el muerto”.

En 1984, retornada la democracia, la familia Dyszel publicó un anuncio en la prensa argentina, buscando a su hijo y nuera desaparecidos en 1977. Recibieron una respuesta anónima: ” Judío hijo de puta; yo soy uno de los que mató al mierda de tu hijo y a la puta de tu nuera. Son dos judíos sionistas menos en el mundo. Si vos supieras donde lo enterramos, te morirías judío puto!”.

La problemática estudiada en este artículo tiene otros ribetes como ser la circunstancia de que los reclusos judíos debían dar detalles de su participación en una conspiración mundial organizada desde el Kremlin y Wall Street, donde el Estado de Israel era parte. El polémico periodista de opinión argentino, Jacobo Timerman, nacido en Rusia, residente temporal en Israel y allegado a los círculos americanos pretendió ser la prueba de dicha conspiración, respecto de la cual fue varias veces interrogado mediante tortura, al punto que se le quizo juzgar para hacer pública dicha trama. Finalmente gracias a las presiones internacionales, luego de un arresto domiciliario, fue exilado a Israel. Este es el padre del actual canciller.

Líderes juveniles y enviados inmigratorios israelíes fueron interrogados sobre el supuesto entrenamiento militar que se brindaba en los movimientos sionistas y el ocultamiento de armas suministradas por Israel. En todos estos delirios nunca mas se supo del paradero de Alejandra Jaimovich, hija de Luis, Presidente de la DAIA- Córdoba. Además desaparecieron dos ciudadanos israelíes.

Finalmente, la conexión entre Israel y la conspiración mundial de los Sabios de Sión tomaron forma en la indagatoria sobre el “Plan Andinia”. De acuerdo a esa superchería, la comunidad judía de Estados Unidos había enviado un rabino a Buenos Aires para entrevistarse con influyentes judíos locales e inducirlos a comprar tierras en la Patagonia, a fin de poder llegar a establecer en la zona sur argentina un ” segundo Estado Israelita que se llamaría como el supuesto plan sugería.

Como se ve entre estos impunes grupos genocidas y los participes locales de los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel debió haber más que una afinidad ideológica.

Que el recuerdo de las víctimas sea bendito.


[1] No obstante el obrar de estos grupos clandestinos se originó bajo la Presidencia de María Estela Martínez de Perón y la fatídica Triple A de López Rega.

[2] El Turco Julián fue enjuiciado en 2006 y condenado a 25 años de penitenciaria por delitos de Lesa Humanidad.
Fuentes: Sendos informes de la Comisión de Familiares de Desaparecidos de Barcelona y de Israel, ambas disponibles en Internet.

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Acerca del Autor

Nací en Montevideo en 1967. Egresé de la Universidad de la República en 1992 con el título de Doctor en Derecho y Ciencias Sociales.

Soy docente universitario en la cátedra de derecho comercial en la Universidad Católica y en la Universidad de la República, en las carreras de contador público y administración de empresas.

Desde el 2008 soy columnista de Mensuario Identidad.