El estrés es sumamente dañino para nuestra salud física y emocional. Sería una utopía decir que no tiene que ver el estrés con que estemos tristes, desesperados, deprimidos y/ó enfermos.

Cuando las emociones se salen de control de forma frecuente y se perjudica nuestra persona, esto es síntoma de una neurosis.

Nos podemos volver sumamente sensibles, miedosos, irritables y vemos todo de forma agresiva.

Cada vez estamos más conflictivos, intranquilos, no dormimos y nuestra angustia se va acumulando. Y nos ahogamos en un vaso de agua. A veces el problema es grande, pero muchas otras veces no lo es tanto. Todo depende desde la perspectiva que lo vivamos.

El grado en que el estrés influye de forma negativa suele ser subestimado. Nos puede parecer increíble, pero nuestro cerebro que está todo el tiempo pensando tiende a pensar de forma angustiante.

Es muy frecuente que nuestra mente se aferre a sentimientos de culpa, de remordimiento por eventos que ya ocurrieron tiempo atrás y que para agregarle más “sabor” a nuestra angustia nuestra mente ya está preocupada por el futuro: de forma que nunca parece que estamos en estado de “reposo” ó como yo lo llamo en estado de serenidad.

Esta oscilación de la mente causa tensión y estrés, para nosotros como para la gente que nos rodea: nuestros seres queridos, nuestros colegas, nuestros vecinos, nuestra comunidad y hasta nuestra ciudad.

¿Cómo de la nada pasamos inmediatamente a un nivel alto de estrés?

¿Han logrado ver como de pronto si tenemos una noticia muy agradable cambiamos radicalmente de humor y también nuestra tensión desaparece? Lo que significa que nuestros pensamientos tienen muchísimo que ver en cómo y de qué forma concebimos una situación.

Es decir, si vivimos en una constante de angustia y desesperanza lo que es lógico que ocurra es…la desesperanza. Pero si ese mismo evento lo vemos con ojos de posibilidad, de expectativa, lo más probable es que logremos salir mucho más airosos de nuestra propia situación, que si vemos todo negro.

La serenidad nos puede ayudar en tiempos dónde todo se ve más ennegrecido que la noche. Y ayuda mucho.

Si pudiéramos hacer un estudio de mercado donde viéramos la cantidad de personas que van al médico por cualquier tipo de afección y lográramos ver que en gran medida es porque estamos estresados; nos alarmaría ver lo nocivo de los efectos del estrés, por ejemplo enfermarnos de cualquier dolencia casi inmediatamente, llámese migraña, colitis, gastritis, etc.

Por ejemplo si le decimos a alguien que lo vemos muy estresado, inmediatamente nos dará una buena justificación a su estrés. ¿Porque? porque no nos hacemos responsables de nuestra propia angustia. Y no digo que no tenga una buena excusa, sino que debemos quitarle el poder a lo que nos produjo ese estrés, para justamente disminuirlo.

Por lo general estamos preocupados por el estrés cuando ya está bien instalado en nuestro sistema y además le damos todo el campo posible para que se ubique sin problema.

El otro día me tocó escuchar a alguien decir: “estoy de malas, ando neurótica y necesito ir a desquitarme con alguien” y a todos los presentes les puso cara.

Me dio algo de lástima ver como había permitido al estrés y al mal humor que se instalara no solo en su persona sino que lo hizo en el lugar donde estábamos, para así pasárselo a los demás.

Es triste ver personas tan estresadas que rayan en lo amargado. Hay que tomar medidas anticipadas, esto es que cuando vemos que ya viene, detectarlo a tiempo, si estamos de mal humor, los demás no tienen porque pagar la factura de este estrés muchas veces injustificado.

Si vemos que tuvimos una discusión en la casa ó el trabajo, debemos tratar de manejarlo con cuidado para que no nos afecte más de la cuenta ni a los que están cerca de nosotros.

No guardemos en el baúl de los resentimientos lo que nos ocurre: nos resta vida y nos mina la alegría de lo que tenemos enfrente. Solo empodera al resentimiento.

Rechacemos los pensamientos perjudiciales por los positivos. En verdad es algo que funciona. Mirarlo desde otra óptica más optimista.

Respirar con calma, serenidad y ver que esa tormenta va a pasar, y sentir la certeza de que vamos a tener la quietud que requerimos para enfrentar mejor la vida.

Vivir simplemente con gran regocijo de lo que disfrutamos en ese momento también tiene cosas tan buenas y seguramente mucho más buenas que lo que nos causa el estrés. Tenemos que enfocarnos en la vida, en lo que nos causa gusto, satisfacciones y alegrías.

Sentir esa quietud interior que nos da el estar a cargo de nuestras propias emociones y no al revés.

Sentir en nuestro ser, que la tranquilidad y mesura con la confianza de que ese evento ó momento va a pasar y requerirá de todo nuestro aplomo para poder cruzarlo de la mejor manera.

Tratar de no entrar en estado de pánico y aflicción enfocándonos en las soluciones. Así tendremos óptimas oportunidades para obtener ganancias y éxitos en cualquier área de nuestra vida.

Porque cada día es un suceso único e irrepetible y lo desperdiciamos tristemente al estresarnos con gran frecuencia. Veamos por todo lo bueno que sí tenemos y eso…es un regalo.

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Estudié la carrera psicología para poder ayudar a las personas, siempre he tenido un sentido de vocación hacia los demás y creo estar en un punto de mi vida en el que puedo hacerlo. Además de que me gusta mucho el aspecto espiritual ó profundo del ser humano.Quiero ayudar a las personas a que alcancen su potencial, asesorándolos en lo que necesiten. Apoyando sus fortalezas. Me gusta la idea de ejercer mi profesión donde se conjugue el gusto por la gente. Puede ser por medio de: seminarios, talleres, pláticas, artículos, etc. para que las personas en lo personal y/ó en el trabajo logren sus objetivos y se superen.