Cuándo Luis Echeverría llegó a la presidencia le preocupaba que se le atribuyera responsabilidad por la sangrienta represión de 1968. Para efectos de percepción poco importaba si su responsabilidad era directa en la orden de masacrar a los manifestantes en la Plaza de las Tres Culturas; la gente veía al secretario de gobernación todopoderoso y Echeverría fue el beneficiario directo de la solución al conflicto estudiantil. Se hizo de la nominación y por la elección, ya que en ese entonces nadie que no fuera del PRI podía ganar la elección.

Muchos creen que el conflicto fue creado para resolver la sucesión presidencial y al parecer se les salió de control, ante lo inesperado del giro del conflicto, el gobierno autoritario y un presidente de derecha que creía en la fuerza dieron una “lección ejemplar” que estremeció la conciencia mexicana. El 68 se convirtió en un punto de reflexión sobre la infamia de un gobierno intolerante y desgastado.

Echeverría trató de quedar bien con los jóvenes creando universidades a lo largo y ancho del país. La política fue torpe, se dio el caso en Ciudad Juárez, dónde querían crear una extensión de una universidad, pero él ordenó se abriera otra universidad, así Chihuahua terminó con dos universidades estatales.

Tal vez pensaron que si la masificación de la educación había funcionado en primaria debía poder funcionar en el nivel superior. México alcanzó casi un 100% de atención a la demanda de educación primaria, y se propusieron ateder la demanda insatisfecha en los siguientes niveles. Ampliar la ocupación de los jóvenes tenía varios objetivos:

– Mantenerlos fuera del mercado de trabajo y alfabetizarlos.

– Preparar una mejor mano de obra que atrajera mejor inversión extranjera y no solamente de salario mínimo

– Mantener a los jóvenes fuera de las calles y del alcance de las pandillas o el crimen organizado.

Pero el gobierno desatendió el tema de la calidad. Muchas universidades contrataron como docentes a pasantes de licenciatura y ha tomado muchos años poder elevar el nivel académico. En muchos casos superalfabetizan a sus alumnos, y encontramos gente con título profesional que trabaja en empleos poco calificados. Así en lugar de crear un Harvard el país masificó su educación universitaria, con la correspondiente distorsión política.

Hay universidades que crearon un control caciquil que satisface necesidades políticas y de corrupción contrapuestas a los requerimientos de la enseñanza y producción de conocimiento. Tal vez el peor caso es la Universidad de Guadalajara cuya matricula la pone en segundo lugar en el país, no así sus logros académicos. Ahí un grupo de académicos cuya queja es constante pero ineficaz para propiciar correcciones. Los bajos salarios imposibilitan la incorporación de jóvenes con posgrado porque los viejos se resisten a jubilarse alargandose el logro de una educación universitaria de calidad. Y aún con esto los se enfrentan a los que reprueban el examen de selección.

El sistema universitario se enfrenta a la pobreza educativa que generan los niveles previos, así mientras las universidades intentan depurar su matrícula para elevar el nivel educativo y no concentrarse en la remediación de los que llegan mal preparados, los rechazados politizan su poco desempeño académico culpando a las universidades por el rechazo.

El gobierno ha creado distintas universidades y sistemas técnicos, que son menospreciados por aquellos que se dicen discriminados, quieren las grandes universidades aunque carecen de los méritos académicos.

Los exámenes de selección incluyen lo mínimo que se debe saber y aún así hay quién los reprueba arguyendo fraude y conspiraciones.

Cuándo las universidades admiten estudiantes que calificaron mal en el examen, encuentran que no logran rebasar el año matriculados.

Todo sistema debe contar con instituciones de élite para hacer avanzar la ciencia, mientras que debe garantizar que haya igualdad de oportunidades de ingreso para todos. El Estado debe garantizar educación para todos, mientras garantiza el desarrollo de la ciencia y tecnología y esa no se alcanza con estudiantes que reprueban un examen de ingreso. Las instituciones de calidad no pueden anclarse en el subdesempeño de nadie.

Se le debe asegurar una educación de calidad al estudiante de la educación pública en todo el país, mientras que las opciones para todos deben ser de calidad.

El sistema educativo debe ser democrático y asegurar que no se reproduzcan las diferencias sociales, para que funcione como instrumento de movilidad social y económica.

Para la sociedad es una desventaja desgastarse politizando la demanda de los que desaprovecharon las oportunidades educativas, que cada año protestan porque ahí está el lobo de la injusticia, mientras que hay vivales que hicieron de esta protesta su modus vivendi.

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Chair, International Advisory Board for Immigration Studies. U.S.-Mexico Research Program. UCLA. Director asociado de la revista Araucaria. Director del semanario El Reto. Testigo experto en juicios de asilo político y para frenar deportación de mexicanos en Estados Unidos. Posdoctorado en Historia, University of California, Los Angeles. Doctor en Ciencias Política (UNAM). 35 libros publicados y más de 1,000 artículos. Traducido al inglés, francés e italiano. Pionero en varias áreas de investigación: análisis de redes políticas, estudios sobre humor político, democratización en México, temas fronterizos (agua, migración y seguridad) y sobre Crimen Autorizado.