Diario Judío México - Unos meses atrás recibí la llamada de un viejo amigo, el Rabino Juan Mejía. Juan me pregunto si estaría dispuesto a acompañarlo junto con Felipe a San Miguel de Allende por un par de días a principio de Febrero.

Juan, Felipe y yo tenemos mucho en común: nos reímos de los mismos chistes, todos hablamos español, y todos somos rabinos.

¿Unas pequeñas vacaciones a en la mitad del invierno? Claro, yo puedo acomodar eso en mi agenda- ningún problema dije.

Tres rabinos de habla hispana se necesitaban para una corte rabínica (Beit Din) en la villa de San Miguel de Allende. Nuestro propósito eran conversiones.

Suena como un chiste: Un día un rabino colombiano de Oklahoma City, un rabino mexicano de Las Vegas, y un rabino argentino de Los Angeles subieron a un avión y volaron a un pequeño pueblo colonial de . Muchas de las personas del pueblo no habían visto a un rabino antes; de hecho, es la primera vez en mas de cien años que tres rabinos se juntan en el pueblo-incluso tal vez en territorio mexicano- para un Bet Din. Los pueblerinos no estaban seguros que hacer de ello…

Entonces el sábado tarde, a la noche, fui al aeropuerto a agarrar un avión. Sabía el número de vuelo y la hora, pero no sabía realmente adonde estaba volando.

Me encontré con el Rabino Felipe Goodman y su asistente en la puerta, y juntos abordamos a Guanajato/León. Exhaustos arribamos a Guanajato con una hora de atraso. Nos estaba esperando un joven con peyes; estaba usando una kipá negra, camisa blanca, pantalones negros, chaleco negro y tzitzit. Tengo que admitir que eso nos asombró.

Era como si uno de los personajes de “Violinista sobre el tejado” se hubiera escapado de la obra -solo que este tenía una complexión mucho más oscura.

El joven hombre se presentó como Josué y nos condujo a su casa en Guanajato. Allí su esposa Paola y su hijo de dos años, Salomón, se unieron para la siguiente parte del viaje. Salomón es casi criminalmente encantador, nos mantuvo entretenidos y en buen espíritu aún con nuestra fatiga por el viaje nocturno. Seguimos manejando por otra hora y media hasta que llegamos a San Miguel de Allende.

A la mañana llegamos temprano y radiantes al hogar del Dr. Daniel Lessner, co-presidente de la comunidad Judía de San Miguel de Allende. Cortésmente nos sirvió un suntuoso desayuno, e inmediatamente después nos llevo junto con los seis candidatos adultos para la conversión.

Nos condujeron hacia un palacio, deseosos por comenzar. Deseaban que comenzáramos con el Bet Din inmediatamente.

Ante nosotros estaban seis personas que no sabían que esperar de tres Rabinos Americanos. Encarando el Bet Din, esperando que el cuestionario empezara debimos parecerles formidables. Era evidente que sentían una considerable cantidad de miedo y ansiedad. Poco a poco comenzaron a abrirse. Uno por uno comenzaron a compartir sus historias con nosotros.

En su viaje a volverse Judíos, la mayoría de ellos se encontraron con intimidantes obstáculos. A alguno de ellos ya se le había negado la oportunidad de conversión. Al preguntar acerca de esto en las sinagogas mexicanas, no solo se les había rechazado, incluso se les había prohibido atender servicios. Por mas de un año, cinco de los seis candidatos a conversión tuvieron que manejar una hora o más para poder asistir a los servicios y clases en San Miguel de Allende, ya que todos los otros lugares los habían rechazado. Mirándonos, es de esperar que pensaran que nosotros los íbamos a rechazar también.

Sus historias eran extraordinarias; nos sentimos privilegiados de escucharlas y ser testigos de ellas. Cada camino personal fue, ambos, de obstáculos y de epifanía. Estos seis adultos profundamente desearon volverse parte del pueblo Judío. Me hizo pensar que tan a menudo aquellos nacidos Judíos tomamos nuestra rica tradición y herencia cultural por dada. Todos, los seis candidatos estaban bien preparados pasando con brillantez. Como he reflejado en sus historias que nos inspiran, me di cuenta que por mucho que seamos Dayanim, jueces, somos también testigos de la entrada de personas al la tradición Judía. Es un honor que no se puede medir. La profundidad de su compromiso al Judaísmo me inspira nuevo amor por nuestra tradición.

Después del Bet Din alguien nuevo se nos unió para almorzar. Recién bajado del autobús después de un viaje de cinco horas nos acompañó en un tour por el cálido centro del pueblo. Este hombre viajó por cinco horas para estar con nosotros por un corto periodo de tiempo, para ver si podríamos ayudarlo con su propio sueño de conversión, junto a su esposa y dos pequeñas hijas. Viajó cinco horas, estuvo solo dos horas con nosotros y luego viajó cinco horas de regreso, solamente porque quiere vivir su vida como Judío.

Esa tardecita cenamos en el hogar de un miembro de la comunidad nacido en America. Allí conocimos personas maravillosas, muchos de ellos Americanos retirados en la cálida San Miguel de Allende. Después de cenar, se nos permitió unas horas de sueño, teníamos que levantarnos al amanecer para ir a la Mikveh, el baño ritual.

Éramos una caravana de doce personas, cansadas pero deseosas, manejando al Río Laja. Orillando el río había tres pequeñas lagunas de agua termal. Aunque temprano, las lagunas estaban ocupadas a nuestra llegada. Pueblerinos las estaban usando para bañarse y lavar la ropa ya que muchos de ellos no tienen acceso al agua corriente. Así que deseosos con la anticipación, esperamos. Después de un rato una de las lagunas se desocupó, y nuestro Mikveh natural estaba disponible. Uno a uno los adultos se sumergieron en la Mikveh. El pequeño Salomón, el séptimo a convertir fue entregado a Paola en la Mikveh después que sus padres tuvieron su Tvilah (inmersión). Ahora todos éramos Judíos.

La hora de festejar! Desde ahí manejamos hacia un hermoso hotel colonial y les mostramos a todos lo que los Judíos hacemos mejor: comer. Después de la comida, por supuesto viene los discursos. Todos agradecieron a todos por hacer ese momento posible. Agradecieron a los tres rabinos por donar su tiempo. Y puede alguien imaginar si los tres rabinos aceptaron dar una pequeña oratoria también?

El rabino Mejia fue muy emotivo en su comentarios, habiendo experimentado personalmente la misma clase de rechazo cuando quiso convertirse en Colombia. El rabino Goodman enfatizó el hecho que tres miembros de la Asamblea Rabínica constituyeron un Bet Din que es ampliamente reconocido. Yo mencioné que durante la misma semana aprendimos del encendido de la Menorah, nuestro candelabro de siete brazos, el mas antiguo de los símbolos Judíos, participamos en un evento donde siete nuevas luces fueron encendidas en nuestro pueblo.

Después de la oratoria, los seis adultos leyeron la Declaración de Fe al unísono, para entonces no había un par de ojos secos en el recinto. Después de que los nuevos miembros del pueblo Judío recibieron sus certificados de conversión, una sorpresa tomó lugar- una boda Judía. Bajo la jupá, los tres rabinos oficiaron la unión de Josué y Paola. Con un Salomón de ojos bien abiertos, Yehoshua Ilan y Adina Tamar fueron casados de acuerdo a la Ley de Moises y los preceptos de Israel. Una magnifica recepción con mas comida sobrevino después, con la oportunidad de mezclarnos con la comunidad de San Miguel de Allende.

Agrego aquí una nota, ¿se acuerdan del hombre que se encontró con nosotros luego de viajar por 5 horas? La semana pasada, él, junto con su esposa y sus ni¬ñas de 7 y 4 años volaron a Los Ángeles. Fueron directamente a la Universidad Judeo-Americana presentándose frente al Bet Din, la corte rabínica de la Asamblea Rabínica, la organización rabínica del movimiento conservador. Allí ellos contaron su extraordinaria historia. Su deseo de unirse al pueblo judío los llevó a una travesía a una lejana tierra, un poco como Abraham y Sarah.

Esa noche unas veintitantas personas se reunieron en la encantadora pequeña sinagoga en Studio City y se convirtieron instantáneamente en su nueva familia. La mayoría no se conocían entre ellos, ninguno había conocido antes al novio, la novia o las dos niñas, y así y todo se reunieron para celebrar juntos. Sí, una vez más tuve la fortuna de presenciar otra boda judía bajo la jupá, para atestiguar su compromiso de crear un hogar judío y unirse de acuerdo a la tradición judía. Judíos por sólo unas horas, compartieron la milenaria ceremonia. No sólo son ahora parte de nuestro futuro, ellos comparten ahora nuestra larga historia común también. Recibieron los augurios y el amor de gente que nunca los había conocido. Y luego pasaron su primer Shabat como Judíos en su nueva comunidad.

Esos momentos llenan de esperanza el futuro del pueblo judío.

Regresaré a San Miguel de Allende. Tengo que volver, no solamente para un Shabbat, pero para ser parte de otro Bet Din. Quiero presenciar las próximas conversiones que sucedan en este lugar sagrado. Nosotros, aquellos que hemos nacido Judíos, a menudo tomamos nuestro derecho de nacimiento por otorgado. Raramente nos detenemos a ver que significa el ser Judío. La semana pasada fui recordado de que el camino Judío es uno de las mas maravillosas aventuras que una persona puede experimentar. Cada vez que soy testigo de una conversión, mi corazón se llena de alegría y esperanza. Am Israel Jai- el pueblo de Israel vive. Somos diversos, somos alegres, aun con nuestras tragedias, estamos aun vivos. LeDor vador- de una generación a la próxima la antorcha se pasa y continua para ser una luz sobre el mundo.

Rabbi Daniel Mehlman es el rabino de la Congregación Beth Meier en Studio City, California.
[email protected] .

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