Diario Judío México - Sus raíces no eran mexicanas; sin embargo, fue una pieza clave en la evolución del quehacer dancístico nacional. Su nombre, Anna Sokolow (1910-2000), catalogada como pilar de la danza moderna en .

Sokolow dedicó su vida entera a enseñar, renovar y difundir el arte del cuerpo en movimiento durante más de 60 años en diversas partes del mundo. Quienes la recuerdan bailando, aseguran que una vez que pisaba el escenario, se transformaba en un gigante fuerte y apasionado. Esa energía logró transmitirla a sus bailarines, a quienes pedía imprimir mayor pasión y que desnudaran su alma.

La coreógrafa estadounidense hija de los inmigrantes ruso-judíos Samuel y Sara Sokolowski, nació en Hartford, Connecticut, en 1910. Era de extracción humilde. Vivió en un barrio de inmigrantes judíos en Nueva York. Casi nunca tuvo contacto con su padre porque frecuentemente estaba hospitalizado, así que la fuerza que le caracterizó la heredó de su madre, una obrera, sindicalista y socialista a la que acompañaba a las marchas durante las huelgas, pero que se daba tiempo para llevarla al teatro y a los conciertos.

Fue precisamente su progenitora quien la acercó sin querer a la danza, cuando la envió a un centro social comunitario, donde se practicaba este oficio. La directora del lugar descubrió el talento de la pequeña de diez años de edad, por lo que aconsejó que estudiara profesionalmente, así que fue enviada al Neighborhood Play House, donde la propia Sokolow comentó: “ahí comenzó todo para mí”.

Dicho teatro fue visitado por Martha Graham y Louis Horst para impartir clases. Ambos influyeron en la bailarina en cuanto a la técnica y la forma de escuchar música. Ese contacto le sirvió para reafirmar su interés por ser coreógrafa.

Al principio, su madre no estuvo muy conforme con su carrera porque en ese tiempo no era bien visto que una niña judía fuera bailarina. Sin embargo, cambió de opinión cuando la vio en el escenario. Hay que recordar que Sokolow salió de su casa muy joven (a los 16 años de edad) y se mantuvo trabajando en una fábrica de bolsas de té, así como de modelo en una escuela de arte y dando clases a infantes.

La compañía de Graham la ingresó en sus filas en 1930. Sokolow se convirtió en una pieza clave, pero ella quería crear sus propias obras, así que dos años más tarde, presentó sus trabajos en clubes donde acudía la comunidad obrera y sindical.

Su carrera comenzaba a ascender. Consiguió una beca para crear coreografías para el festival Bennington, donde estrenó Facade-Esposizione Italiana (1937), que era una condena al fascismo italiano. Los que han estudiado su vida y obra, explican que sus primeras obras tenían una motivación sociológica, de ahí que mucha de su danza abordara temas judíos y aspectos de la vida en Nueva York.

En la primavera de 1939, el pintor guatemalteco-mexicano Carlos Mérida vio actuar a Sokolow en Nueva York. Gratamente impresionado, de inmediato la invita a donde ofreció funciones en el Palacio de Bellas Artes. Mérida la recomienda también con Celestino Gorostiza, que en ese entonces movía los hilos de la cultura en como el Jefe del Departamento Bellas Artes. A partir de ahí, fue contratada para forma el primer grupo de danza moderna en tierra azteca, el cual llevó por nombre La Paloma Azul, donde tuvo a grandes discípulas como Guillermina Arriaga, Ana Mérida, Cecilia Baram y Waldeen Von Falkenstein, – ¡la inolvidable maestra Waldeen! En este grupo formó los cimientos de esta corriente dancística en el país. Ella se sentía inspirada principalmente por la clase trabajadora para hacer su danza. Anna Sokolow comienza así una asociación que perduraría toda la vida con la danza y las artes teatrales en . Su trabajo para la Escuela de Danza de la Secretaría de Educación Pública creció hasta convertirse en la Escuela Nacional de Danza, que fuera dirigida por el mismo Mérida.

En 1953, fue invitada a trabajar en con la Compañía de Danza Inbal. Posteriormente fue coreógrafa para las mas grandes compañías en , incluyendo Batsheva, Kibbutz Dance Company, y Teatro Lírico. Visitaba y frecuentemente tanto para dar clases como para montar coreografías.

Anna Sokolow fue una creadora emprendedora. No había límites para ella: logró que colaboraran con ellas artistas de la talla de Rodolfo Halffter, Antonio Ruiz, Gabriel Fernández Ledesma, Blas Galindo y Carlos Chávez, por mencionar algunos.

La coreógrafa trabajó con las principales compañías de danza de nuestro país. Creó obras para la Compañía de Danza Moderna del INBA, donde surgieron dos de sus mejores obras: Opus 60 y Sueños), incursionó en el teatro de Broadway con las coreografías de Street Scene, Camino Real, Candide y la versión original de Hair; enseñó en universidades, compañías de danza y estudios de actuación a lo largo de Estados Unidos y del extranjero, y fue miembro de la Juilliard School en las divisiones de drama y danza.

Sus piezas se encuentran en el repertorio de importantes agrupaciones como el Joffrey Ballet, el Netherlands Dance Theatre, el Ballet Rambert, la Compañía José Limón, el Boston Ballet y el Pennsylvania Ballet. Otras de sus grandes creaciones fueron Poema, Opus 60 hasta Opus 65, Rooms, Matanza de inocentes, Noche, Desiertos, Sueños y Suite lírica.

Los conocedores aseguran que sus propuestas tenían una gran carga dramática, pero eso no significaba que relataran historias. Sokolow manejaba muchas visiones: desde lo satírico e irónico, hasta el lado positivo de la vida. No era una artista que se interesara en la escenografía o la utilería, prefería un trabajo más sencillo. En lo que respecta a la selección musical, buscaba la obra tanto de compositores clásicos, como modernos.

Entre los muchos reconocimientos que obtuvo Anna Sokolow se encuentra la beca Fulbright para Japón, el Dance Magazine Award, el National Endowment for the Art’s Choreographic Fellowship, el Lifetime Achievement Award de la American/Israeli Cultural Foundation, y el Águila Azteca, máximo reconocimiento en a un extranjero.

Fue a la edad de 90 años el 29 de Marzo de 2000, cuando esta gran bailarina, coreógrafa y maestra dejó de existir en la ciudad de Nueva York, pero sin lugar a dudas su legado sigue presente, porque es directa o indirectamente la base de cualquier propuesta dancística contemporánea.

El Jewish Women’s Archive nombró a Anna Sokolow una de sus Mujeres de Valor 2002, en reconocimiento a su contribución a la vida judía y americana y a la cultura de otros pueblos, como México e ,

Fuente: http://www.danza.unam.mx/personaje_pags/anna_sokolow.htm

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