Diario Judío México - Bernice Kolko nace un 2 de Noviembre de 1905 en Grayevo, Polonia, siendo la menor de una familia de tres hermanos, dos hombres y una mujer. En 1920 la familia Kolko decide emigrar a los Estados Unidos, estableciéndose en la ciudad de Chicago en donde Bernice se gradúa de la Crane High School en 1926 y contrae matrimonio.

En 1929 nace su hijo Eugene en la ciudad de Nueva York y en 1932 viaja a , en donde toma un curso de fotografía con el Profesor Rudolf Koppitz en la Universidad de Viena; posteriormente viviría en París. Aún existen algunas fotografías de se período.

En 1934 regresa a los Estados Unidos estableciéndose como fotógrafa independiente en Nueva York. Al año siguiente participa en una exhibición colectiva en el Edificio R.K.O. de Nueva York y en el Museo de Artes e Historia en Evansville, Indiana, USA.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1942, trabaja como operaria en la fábrica Lockheed de Los Angeles, California. Dos años más tarde se enlista como fotógrafa en el Women’s Army Corps.

Entre 1946 y 1947 vive en Riverside, California, dedicándose a trabajos de fotografía experimental y hace algunos cursos de fotografía comercial en la Art Center School de Los Angeles, California, donde conoció al artista surrealista Man Ray (Emmanuel Radnitzky).

En 1951 empieza sus estudios en Los Angeles City College y llega a México en el mes de Octubre y comienza su proyecto Mujeres de México.

Como muchos artistas, Kolko llegó a México motivada por Diego Rivera, a quien conoció cuando éste pintaba murales en Chicago. Aquí se quedó, falleció y sus cenizas fueron esparcidas en la ciudad de México.

Kolko, inclusive, dejó su archivo fotográfico, tanto de negativos como de impresiones, al cineasta Ariel Zúñiga, quien aprendió fotografía con ella.

Para 1953 su relación de amistad con Diego y Frida era ya muy estrecha y se convierte prácticamente en la fotógrafa de cabecera de Frida Kahlo. Rivera escribe para ella un breve texto de presentación de su trabajo fotográfico.

En 1955 se exhibe Mujeres de México en el Instituto Nacional de Bellas Artes, convirtiéndose en la primera exhibición individual de fotografía en México y probablemente en la primer mujer fotógrafa en exponer en Bellas Artes. Se relaciona de manera cercana con David Alfaro Siqueiros asi como con Chávez Morado y su esposa Olga Costa.

En noviembre de 1958 participa en la exposición colectiva Lagrimas y Risas de México, en las instalaciones del Centro Deportivo Israelita, coordinada por Malkah Ravel, con la asesoría de Antonio Rodríguez, extraordinario crítico de arte y escritor luso-mexicano y con la participación de Manuel Alvarez Bravo, Nacho López, Antonio Reynoso, Hector Garcia y Rodrigo Moya.

En 1961 expone la muestra Rostros de México en la Universidad de Guanajuato y viaja a Israel en donde exhibe 122 fotografías de dicha muestra en la ciudad de Jerusalén. Al año siguiente, la revista Artes de México dedica un número especial al tema Mercados y Mercaderes, ilustrada con sus fotografías. Viaja a Asia visitando Saigón, Harachi, Birmania, Formosa, India, Tailandia y Japón.

En 1966 exhibe fotografía experimental en la galería de Instituto Mexico Americano de Relaciones Culturales de la Ciudad de México. La Universidad Nacional Autónoma de México publica su libro Rostros de México y el Instituto de Antropología exhibe El Mundo Indio de Bernice Kolko. La exposición viaja a Sudamérica, presentándose en Perú, Ecuador, Bolivia, Brasil y Argentina.

En 1970 presenta su exhibición Rostros de México en Puebla y en el Museo del Hombre de San Diego. Muere el 15 de Diciembre mientras se preparaba para viajar nuevamente a Sudamérica.

Era judía polaca, nacionalizada norteamericana, pero sus quince años de “turista” en México, la convirtieron en la gran mexicana que tanto amó este país.

Sencilla, humana, sobrevivió a las dos guerras mundiales. En Nueva York, cuando joven, vendió en la calle poemas para poder comer. Después, con una modesta pensión, instaló su departamento permanente en las calles de Progreso y allí la encontró la muerte.

Bernice Kolko ha muerto. Solitaria… entre recuerdos… Su amor a la vida -su gran amor a los seres humanos, a las cosas realizadas por el hombre- su gran amor a las cosas bellas, la caracterizó siempre.

Enjoyada con cobre y hierro -joyas del arte popular de todo el mundo- majestuosa, Bernice se acercaba a la gran fuente de inspiración que fueron para ella los seres humanos. Provista de su cámara fotográfica, dejó grabadas placas que muestran el carácter de los hombres y los pueblos. Su mejores maestros -según ella confesaba a quien quisiera escuchar- fueron los pintores clásicos. Y la mejor aliada a su arte fue la vida misma.

Bernice Kolko ha dejado una obra extraordinaria, interesante para los antropó- logos, los sociólogos, los humanistas, los pintores. Cada fotografía suya, es una obra maestra.

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