Diario Judío México - Después del divorcio de mis padres, en una situación muy precaria, acepté el trabajo parcial, después de clases, que me ofreció la directora de la guardería en Kfar Gvirol.

Así trabajé por cuatro años. Cuando cumplí 20 años, Ayala, la directora, me ofreció un empleo de tiempo completo en el que duré 20 años más. Cuando hubo un puesto vacante fui promovida a nivel directivo en la Guardería del “Centro Meyerholf.”

Durante todo el tiempo que pasé en la guardería, sentí que me estimularon al progreso. En ocasiones se me ofrecían cursos continuos para elevar mi educación. Ayala no dejó de incentivarme y apoyarme en todo momento, dándome responsabilidades todo el tiempo. Todo ese empuje que tenía me hizo un día despertarme y pensar que quería algo más. Quería un puesto administrativo. Así que empecé a estudiar para certificarme en administración de empresas en Tel Aviv. En este sentido también recibí facilidades en mi trabajo, en horarios, becas y otros beneficios.

Ahora trabajo como directora del Centro, el cual inscribí al programa Ma’on Ve’od, con el que tenemos la oportunidad de ofrecer otros servicios a los pequeños de la guardería, a través de donativos y patrocinios. Algunos de estos servicios son el tener actividades extra curriculares en las tardes, disfrutar de salidas a teatros o eventos importantes. Dos veces al mes ofrecemos comidas de carne (Kosher, desde luego) ya que antes de este programa nuestra cocina era láctea solamente, pero con un esfuerzo importante que hicieron los padres, debido a su bajo nivel socio-económico y una donación de de E.U.A. pudimos renovar la cocina para ofrecer comida de carne. Un cambio más fue el poder abrir el Centro en un horario más amplio y organizar un campamento de verano, quien permite a los padres seguir trabajando en vacaciones. Por último, tuvimos la suerte de recibir una donación que nos permitirá renovar la entrada y uno de los jardines, para nuevos juegos para los chicos.

Aunque existen muchas necesidades, algo que me gustaría que cambiara es la actitud de algunos padres. Cuando esta guardería abrió sus puertas, se podría decir que todos los pequeños venían de familias de israelíes nacidos aquí. Últimamente hemos recibido a muchos niños etíopes, algunos de familias árabes y otros de inmigrantes de Rusia, siempre hemos apoyado a familias que lo necesiten, pero, algunos padres se sienten incómodos con este mosaico de nacionalidades. A mi no me hacen daño, “mi guardería” está construyéndose un buen nombre y una reputación única de valores. Ojalá y también cambie esa postura.

Para terminar quisiera señalar que el círculo que empezó conmigo cuando tenía escasos 16 años, está por cerrarse, pues hace sólo unos días, admití a una estudiante muy necesitada que trabajará conmigo después de clases. Pienso ayudarla como se me ayudó a mi, con compromiso y apoyo, como el que yo recibí. Todo este aprendizaje lo he mantenido para transmitirlo y ponerlo en acción. Quisiera ver que esta chica tenga grandes alcances y que se sienta como parte de mi familia y que, como yo, conciba la felicidad de levantarse a trabajar cada día, como lo hice yo desde que cumplí 23 años.

El trabajo con niños, y el cuidarlos es una satisfacción que ninguna educación o asesoramiento puede igualar, en un ambiente tan caluroso como el que se tiene en la gran familia .

LIMOR AKUA

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