Diario Judío México - Brígida, judía alemana nació en Stuttgart antes de la Primera Guerra Mundial, en el año de 1911. Su padre y su marido, fueron soldados en la Primera y en la Segunda Guerras Mundiales A los cinco años, la niña acuclillada en el sótano del número 55 de la calle de Holderlin oía caer las bombas sobre su ciudad como habría de escucharlas veinte años más tarde sentada en el sótano del edificio número 40 de la Rue Claude Terrasse, con Didier, su recién nacido entre los brazos Stuttgart-París, París-Stuttgart, las dos caras de la misma moneda En Sttutgart no había nada de comer salvo nabos con los que se confeccionaban todos los guisos ¡Ah, y mermeladas! Veinte años más tarde en París, sólo había “rutabagas”, una suerte de camotes que atarantaban el hambre; la vida se repetía con una similitud asombrosa

Brígida había cursado su bachillerato en Berlín y escrito su tesis precisamente sobre Holderlin, el poeta en cuya calle vivió su niñez En la escuela, el latín era obligatorio (y en muchas secundarias también el griego) y la joven sintió que entraba al grandioso mundo de la antigüedad, la poesía y sobre todo adquiría la formación necesaria para aprender idiomas Con razón Brígida traduce del español al alemán, del español al francés, del español al inglés

Poseedora de cinco idiomas, la señora Alexander fue traductora en la UNESCO y en otros organismos; en Amnistía Internacional, su conocimiento de los idiomas la hizo invaluable

En Berlín, estudiante universitaria antinazi, en 1932, Brígida vio y escuchó a Hitler hablar en la explanada Unter den Linden Gritaba, gesticulaba, escupía, temblaba, aullaba, pero las mujeres lo aclamaron hasta quedar roncas “Jamás -dice Brígida- mis compañeros y yo pudimos comprender el misterio de esa atracción Mucho antes de la película de Chaplin, Hitler nos pareció un ente grotesco, no podíamos tomar en serio a ese energúmeno Nos equivocamos; había que tomarlo en serio no como hombre de Estado sino como fenómeno socioeconómico y sicológico en una determinada situación política”

En la Universidad de Francfort, los estudiantes de izquierda leían literatura marxista y la comentaban, Brígida pudo constatar que muchos alemanes ingresaron a las filas del nazismo por el sueldo, los transportes y hasta el uniforme como en el caso del señor Hoffman No por convicción “Obedecer ciegamente tiene sus ventajas”, alega Brígida Uno jamás tiene que tomar decisiones ni dirigir la propia vida, mal que bien, a trompa talega, estrellándose contra los muros, Brígida dirigió su vida Hoy, la vive luchando y esa es la mayor lección que puede darle a sus hijos

En 1933 se hizo novia de un estudiante de leyes: Gerhard Bailaban, esquiaban en Austria, reían, vivían en una buhardilla, se amaban, viajaban a París Gerhard era apolítico. Una vez en el tren, un señor abrió un periódico. El encabezado enorme decía: “El Parlamento alemán ARDE” y en letras más pequeñas: “Fue obra de los comunistas” Su corazón latió desmesuradamente; de inmediato, la muchacha intuyó que no volvería nunca a ver a su país, que en ese instante lo había perdido TODO; patria, hogar, estudios, y sobre todo al amado Gerhard Gerhard quien era ario y ella judía. Gerhard tomó el tren de regreso a Alemania, Brígida corrió detrás hasta llegar al final del andén gritando en alemán: “Komm Mieder Komm mieder, lass mich nicht allein (Vuelve, vuelve, vuelve, no me dejes sola)” Era la última vez que habría de verlo; la muchacha se dio cuenta que en esa gris mañana de otoño había terminado irremediablemente una etapa, la más feliz de su vida

De 1933 a 1942 -a diferencia de un gran número de refugiados alemanes en París-, Brígida se reconstruyó a sí misma por medio de sus estudios de arte dramático Aprendió a olvidar su amor por Gerhard, a matar el recuerdo y, para poder pagar sus estudios, se volvió traductora Tenía que ir a la Prefectura porque sus documentos debían renovarse; hacer colas, temer a los inspectores Conoció a su futuro marido Alfredo Alexander y se casaron, se embarazó, pero Alfredo, por ser judío, fue trasladado a un campo de concentración en que se le permitió elegir entre pasar a un campo de trabajo o alistarse como voluntario en la Legión Extranjera Su marido escogió la segunda alternativa Brígida cuenta que de los seiscientos mil judíos alemanes en 1933 en Alemania, sólo quedaron veinticinco mil Los que no fueron exterminados pudieron huir a otros países, se asimilaron a sus nuevas patrias y ahora tienen hijos y nietos mexicanos, ingleses, franceses, israelíes, australianos, norteamericanos De Alemania salieron todos los grandes de la literatura, arte y ciencia: Einstein, Freud, Bertold Brecht, Saverbruch, Ernst Deutsh, Elisabeth Berguer Cortados de sus fuentes de inspiración, incapaces de soportar el exilio, se suicidaron Stefan Zweig, Kurt Weill, Tucholski y otros. Brígida es parte de esta emigración, desde 1942 vivió y trabajó en México; aquí formó a sus hijos, aquí también les dio calor de hogar, aquí luchó como Leona. “Mi hija me reprocha no ser una mujer de paz. Tal vez nunca la haya tenido, algunos nacen con ella y saben conservarla a través de todas las tormentas de la existencia; para mí es una cuestión de naturaleza Las emigraciones, sus odiseas y peligros no contribuyen a conservar la paz interior”

En agosto de 1942, Clermont Ferrand aún era zona libre, pero los judíos tenían que registrarse en la Alcaldía Una tarde, a los Alexander les llegó un telegrama del Consulado de México en Marsella:

Sírvanse recoger a la mayor brevedad su visa mexicana en el Consulado de México

Gilberto Bosques

– Gilberto Bosques… ¡Un nombre que ningún refugiado olvidará!

-Señor cónsul, ¿quién nos manda esta visa- No conocemos a nadie en México ¿No será un error?

-No señora -contestó Gilberto Bosques Está autorizado por nuestra Secretaría de Relaciones Exteriores

Más tarde Brígida supo que con ayuda de Albert Einstein y Rudolph Uhlman, abogado en Nueva York, a última hora se consiguió esta visa que les salvó la vida porque de sus amigos judíos de Clermont Ferrand ninguno sobrevivió Por eso cuando a Brígida le preguntan: “¿De dónde es usted?”, contesta invariablemente: “De aquí de México, porque aquí nacimos por segunda vez” Al llegar a México, le impresionaron las panaderías, en Francia sólo había un pan húmedo, gris y racionado; aquí refulgían como gemas los panqués y las flautas, un pan de oro y miel, crujiente y tibio, espectáculo mágico si los hay.

Ya en México, Brígida inició su carrera artística en la forma más casual; se metió a ver un ensayo al único teatro: el Ideal de las hermanas Blanch: La familia cena en casa Rió y exclamó en francés: “¡C’est marrant!” El señor a su lado preguntó: “¿Es usted francesa?”, y cuando Brígida le respondió afirmativamente le preguntó si sabía actuar “Je suis actrice, monsieur” “¿Quiere usted trabajar en esta obra? Hay un papel de embajadora de Vichy que sólo habla francés” El desconocido que hizo la propuesta era nada menos que Rodolfo Usigli

Debutó en el mundo del espectáculo con el nombre artístico de Brigitte Chatel en el club Heinrich Heine en recitales de poesía y teatro cabaret.

Muy pronto quedó viuda -dice Susana Alexander – Venía de la guerra y tenía que dar de comer a sus tres hijos Vendió telas de seda, series de televisión, aparatos para sordera “La doctora Alexander le hará un examen del oído” La entrenaron en Siemens y practicó con nosotros, examinándonos a ver qué tanto oíamos

Fue criadora de puercos, empezó con dos y llegó a tener cincuenta y seis color lila con manchitas verdosas, pero ¡es increíble el número de epidemias que amenazan a la raza porcina! Fracasó y se convirtió en comerciante en sedas italianas, en una diminuta accesoria en la Avenida Amsterdam; curiosamente -ríe Susana- su mejor cliente era una criadora de puercos Como secretaria pasaba momentos de angustia cuando oía el fatídico: “Léame el último párrafo, señorita”, porque su taquigrafía era mala Sus jefes eran viejos, jóvenes, banqueros, siquiatras, comerciantes en pimienta de Abisinia, en vinos y quesos finos y todos le exigían la lectura de su prosa intrincada y carente de sintaxis Mesera y maestra de inglés y de historia de Francia son otros de sus oficios, representante de cremas de belleza y de perfumes que vendía de puerta en puerta llevando a sus gemelos, Roberto y Susana, de la mano.

Luego trabajó como actriz y directora de teatro. Tradujo y adaptó al teatro obras de varios autores alemanes como “Noche de paz” de Müller.

Autora del monólogo “El retorno”. Fue la primera mujer en México que produjo y dirigió programas de televisión. A ella se le debe la producción del primer experimento de lo que sería un preámbulo de la telenovela mexicana, adaptó para la televisión la radionovela del escritor cubano Félix B. Caignet, “Angeles de la calle”, que se transmitía un capítulo semanal de una hora y fue tal su éxito que se proyectó desde marzo de 1952 hasta julio de 1955. También participó en la estructuración de la programación de los primeros años del Canal 11, canal cultural del Politécnico Nacional.

Fue pionera de la televisión mexicana, vendió series de televisión culturales y educativas; cursillos de química, de física, de historia del arte, de música, de educación vial; fue productora de televisión: “Se levanta el telón”, setenta programas, obras distintas, el teatro del mundo, directora, actriz, promotora Mi madre nos creó un mundo fascinante -concluye Susana- porque a la casa llegaban a ensayar y yo los miraba fascinada Influyó en mi vocación como mi padre, quien era ingeniero electrónico, en las de Didier y Beto

No teníamos familia aquí ni amigos, no pertenecíamos a grupo humano alguno; éramos la primera generación de Alexanders en México Mi madre tenía que salir adelante a como diera lugar, y así lo hizo y nosotros participamos en sus luchas, en sus conflictos Mi madre se sale de cualquier estereotipo; un ser absolutamente pasional; de niña me resultó muy difícil pero ahora que la veo a la distancia me parece fenomenal Hay que vivir así como mi mamá De repente nos decía: “Hoy vamos a comer fuera” “¡Qué lata -pensábamos-, qué lata, sacar la mesa, preparar y llevar las cosas hasta allá”, pero ella quería que cambiáramos de escenario “Hoy vamos a escalar el Ajusco”, y allá íbamos de día de campo Nos llevaba de vacaciones a hoteles de quinta, pensiones de Acapulco en que se caían las patas de las camas, los excusados no funcionaban, no había mosquiteros ni mata moscas Claro, éramos tres y mi mamá cuatro Para una señora que gana cuatro mil pesos haciendo traducciones es difícil responsabilizarse de tres hijos Absolutamente pasional, todo lo hacía a los gritos, siempre a los gritos: “Dónde están mis lentes”, de pronto en la madrugada, porque habíamos metido un perro de la calle, porque la basura, porque algo le dio miedo Gritos Finalmente, pienso que hay que vivir como ella, ningún “qué pensarán los vecinos”, ningún “qué dirán”, ningún “que no me vean, que no sepan” Un tremendo amor por la vida, un tremendo amor por la naturaleza “Miren el sol -bueno, un escándalo porque el sol había salido-, miren qué rico está eso -se relamía, hacía aspavientos-, pero qué rico, es una delicia, pruébenlo, nunca probarán algo mejor en la vida, pruébenlo, mmmm-, de todo hacía un escándalo, del sol, de la luz Primero me resultaban desconcertantes las manifestaciones de mi mamá, pero ahora cuando veo la vida de otros compañeros de escuela, pienso: “¡Qué bueno que vivimos al modo de la gorda, qué bueno que todo lo vivimos a fondo; el hecho de que tuviera que lanzarse a trabajar, hacer antesala para solicitar un empleo, vender de puerta en puerta, nos enriqueció bárbaramente aunque viviéramos sus empleos, sus tragedias, en forma conflictiva Trabajaba como un perro y de pronto llegaba toda derrotada y compartíamos con ella sus despedidas del trabajo, cuando la sacaron injustamente del Canal 11, todas las desilusiones horrendas y dramáticas que finalmente nos enriquecieron”

*Fragmento del prólogo al libro de Brígida Alexander: Breve episodio de la vida de una mujer gorda y otros cuentos, por Susana Alexander.

Madre de tres hijos: Didier, Roberto y la actriz Susana Alexander. Falleció en el año 1995 en México, D.F. a los 84 años de edad. El nombre de esta extraordinaria primera actriz, directora y productora está escrito con letras de oro en la historia de la televisión, el teatro y el cine mexicano.

Lo siguiente es solo una pequeña parte de su extenso trabajo:

Filmografía como actriz:

  • …A escena con Brigida Alexander… Ella misma (Cortometraje/Tomas de Archivo 2004)
  • Perfume, efecto inmediato (1994)
  • Ámbar (1994)…. Madre Kluzki
  • … aka Amber
  • Miroslava (1993)…. Abuela de Miroslava
  • Cultura en movimiento … Ella misma (Teleserie 1993)
  • Como agua para chocolate (1992)…. Tía Mary
  • Contigo en la distancia (1991)…. Mamá de Jose
  • La Hora Marcada (Teleserie 1990)
  • Barroco (1989)
  • Fragmentos de un cuerpo (1988)
  • Macho y hembras (1987)
  • Redondo (1986)

Obras de teatro:

  • La Opera de los tres centavos
  • “Fiesta teatral” (1946)
  • “El Proceso” (1953)
  • “El Médico a la fuerza” (1954)
  • “Cómo ser una buena madre judía” (1979)

Filmografía como escritora:

  • “Ángeles de la calle” (1952) Serie TV (adaptación)
  • “Los Cuentos de Pepito” (1951) Serie TV (escritora)

Filmografía como productora:

  • “Ángeles de la calle” (1952) Serie TV (productora)
  • “Los Cuentos de Pepito” (1951) Serie TV (productora)