Diario Judío México - David Lach, nace en D.F., el 26 de Junio de 1949. Lach ha participado en exposiciones individuales y colectivas en importantes ciudades del mundo como Madrid, Nueva York, Washington, Londres, París y por supuesto en la ciudad de , así como en otros puntos de la República Mexicana, en las que ha presentado su extensa obra de más de 40 años de trayectoria artística.

La técnica utilizada por el artista es la pintura en fibra vidrio, que le ha servido como una labor de investigación aplicada a su trabajo.

Además, en los últimos 29 años, ha empleado el plástico que es parte de la tecnología industrial del mundo actual.

Los materiales que maneja con mayor frecuencia en sus obras son: fibra de vidrio, polímeros y resinas, además de aplicar la ciencia-ficción como un concepto indispensable y el medio para expresar su visión de otros mundos y paisajes diferentes.

Apoyándose siempre en las texturas, los colores, las superficies iluminadas y reflejadas en acero inoxidable, espejos, luz natural o artificial, las cuales hacen posible el crear tan inigualable arte.

Pero dejemos que sea el mismo David quien nos hable mas sobre su trayectoria:

Platícanos David, ¿Cómo te iniciaste en la pintura?

Empecé a pintar desde niño, alrededor de los 5 años de edad, en los cuadernos de dibujo de mi hermano mayor. Después tomé clases particulares. Mi papá era violinista, por lo que él tenía desarrollada una sensibilidad particular en el ámbito artístico. Sin embargo, en mi familia no había disposición para brindarme apoyo y dedicarme la pintura, debido a que el ambiente en que vivíamos correspondía a la burguesía y en ese ámbito todo mundo le da un gran peso a los valores materiales. Tuve un principio bastante difícil. Estudié Administración de Empresas en la UNAM, pero cuando se produjo el movimiento del 68 decidí dejar todo lo relacionado con leyes y dedicarme de lleno a la pintura y a las artes plásticas.

 

En 1976 realicé una exposición en el Museo de Arte Contemporáneo en Morelia. ¡Vendí 58 de 62 cuadros! Fue un gran aliciente y un gran apoyo, tanto moral como económico. A partir de entonces quise incursionar en el ambiente artístico de Londres, lo cual no es cosa fácil. Ahí presenté una exposición en la Canning House de Londres, exposición que fue seleccionada entre las mejores de la semana. Siguió la galería de Bond Standard. La técnica que desarrollé en pintura fue reconocida durante diversos eventos llevados a cabo en 3 galerías, donde hubo activa participación de público y crítica.

 

¿Qué siguió David?

El éxito que había obtenido en Europa repercutió en , donde me brindaron el espacio para realizar el Mural Quetzalcóatl con una dimensión de 2 x 5 metros en el Teatro San Rafael. De esta manera inicié mi trayecto como muralista. Después tuve una importante exposición en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de .

Hacia 1981 me lancé a la conquista de los espacios subterráneos del Metro de la Ciudad de . En la estación Terminal Aérea realicé seis murales con temas relativos a las culturas prehispánicas del antiguo. El propósito fue inspirar entre los espectadores la idea de continuidad acerca de la enorme riqueza cultural y artística del país, enlazando lo prehispánico con lo moderno. Tuve muy buena aceptación con estas obras y seguí con ocho murales vitrales en la estación Santa Anita, con el tema “Estrella de los Vientos”, donde emplee la técnica de la vitralización de la pintura sobre fibra de vidrio.

 

¿Cómo inicias trabajando la técnica de la fibra de vidrio?

La técnica se llama PINTURA TRASLÚCIDA. Esta técnica permite que la obra funcione a la vez como vitral y como mural: por una parte refleja la luz que entra, y por otra, al ser traslúcida, la pintura traspasa y el reflejo de ésta va cambiando durante el día según la intensidad de la luz. De esta manera, es una obra doble, porque se ve diferente de los dos lados.

 

Empecé a trabajar la fibra de vidrio después de que en 1970 o 1971 hice un proyecto para el hotel Princess de Acapulco; estaban por inaugurar el hotel e hice un espejo en vidrio burbuja para cada habitación, en total alrededor de 380 metros cuadrados de vidrio burbuja. En aquella época las resinas eran los materiales más nuevos. Al respecto no había nada escrito y tenía problemas con el vidrio, ya que se craquelaba al sacarlo del horno y al armar el emplomado, de tal forma que tenía más de una tonelada de vidrio roto y no podía concluir. Fue toda una aventura de la que salí airoso gracias a las resinas.

¿Cómo lo hiciste?

Los vidrios rotos los adhería a un vidrio entero por medio de resinas. Así, ya no tenía que hornear el vidrio para que saliera la burbuja, todo el material que tenía de desperdicio lo utilicé. Fue ahí que me enamoré de las resinas, que constituyeron una solución maravillosa que no se cómo se me ocurrió pero me funcionó muy bien.

De ahí me dediqué el resto de mi vida a los polímeros, a investigar las características y cualidades de diferentes resinas, acrílicas, epóxicas. Experimenté con diferentes formas de trabajo, empleando algunas resinas como los metacrilatos, los monómeros o pigmentos especiales. De repente me sentí como en el Medievo, que vuelves a encontrarte con el material, lo manejas desde el principio, al hacer el pigmento, al preparar la fibra de vidrio que al mojarla con resina queda traslúcida y con el color que aplicas… Después empecé a trabajar con el inhibidor de rayos ultravioleta y el famoso azul óptico, porque las resinas se amarillentan al pasar el tiempo. Si no se aplica el tratamiento inhibidor de rayos ultravioletas, las resinas que en un momento dado eran cristalinas, se vuelven amarillas y feas, el material se echa a perder, tal como pasó con las ventanas en Tlatelolco o con el domo del Museo de Arte Moderno de la Ciudad de en Reforma. Esos materiales quedaron amarillentos porque no utilizaron ni el azul óptico para que permanecieran cristalinos ni el inhibidor de rayos ultravioleta, que era importantísimo pues el sol se come todo.

 

Trabajar con plástico implica resolver muchas circunstancias complicadas. El material gela y tiene una vida aproximada de 3 a 6 meses. Yo siempre compro grandes cantidades, un pedido regular de 350 kilos y tengo 6 meses para trabajarlo. Tengo probada, desde hace muchísimos años, una formulación del material que me permite garantizarlo durante 300 años en todo lo que respecta a color y consistencia.

David, ¿cuáles son tus proyectos a futuro?

Próximamente tengo un proyecto interesante para llevar a cabo una exposición en torno al tema del Aire. Se desarrollaría junto con un grupo de artistas mexiquenses e internacionales en el Museo de Arte Moderno de Toluca. Aún no tenemos la fecha precisa, pero será tal vez en el mes de agosto. Por el momento estoy trabajando en la instalación de mi obra, en cuyo montaje voy a utilizar materiales traslúcidos; mis cuadros en la galería se ubicarían a un metro de distancia de la pared, emplearía incienso para mostrar que hay aire. Se trata de paisajes galácticos, espaciales, fuera de nuestro planeta, en algún lugar del universo. La intención es demostrar que hay aire entre los cuadros, por ambos lados; es algo muy parecido en lo que ya monté en el Museo Leopoldo Flores.

¿Quisieras enviar algún mensaje a nuestros lectores?

Estoy buscando acercarme al sector de la industria del plástico con el propósito de encontrar apoyo para poner un taller de pintura de fibra de vidrio en el Tecnológico de Monterrey, campus Santa Fe, donde tengo el orgullo de haber donado parte de mi estudio de trabajo con la idea de fomentar el uso de la fibra de vidrio en la pintura; sin embargo, me parece que el TEC aún no tiene la suficiente infraestructura para llevar a cabo investigación en este terreno. Yo estoy buscando encontrar una resina epóxica que se amalgame a la fibra de vidrio sin provocar olores, porque éstos son muy fuertes; es un material líquido que al pasar a sólido, llamado “El Gel”, desprende muchos gases y no es fácil de utilizar.

 

Cuando estuve trabajando en una época en el edificio Condesa me clausuraron el taller dos veces debido al olor que ocasiona el uso de este material, eso fue allá por los años setenta. Hoy en día sería un crimen provocar estos gases y olores. Por eso busco el apoyo de la industria y espero que alguno de los directores o algún industrial se interese en este asunto, porque yo creo que sólo a nivel institucional se puede lograr esta formulación de polímeros para encontrar la resina epóxica inolora.

Espero poder invitar a todos los lectores a una muestra muy pronto en esta hermosa, insufrible y apasionada ciudad de México, llena de movimiento, de vida, de amigos. Es una urbe tan internacional como cualquier otra.

 

Gracias por esta oportunidad de poder proyectar mi obra en el mundo de la construcción, estoy a la orden. Toda la experiencia obtenida en mi vida de trabajo, al que yo he dedicado con pasión la búsqueda y manejo de materiales antes eran desconocidos, creo que es muy importante ponerla a su disposición y ha sido una razón de peso para que yo continúe con esta hermosa carrera…

Fuentes: