EQUIPO MÁSTERES +45, MACABIADA XXI, 2022, DESDE LA ENTRAÑA

“Cuando quiero llorar, no lloro… y a veces lloro sin querer” -Rubén Darío

“No os diré no lloréis, pues no todas las lágrimas son amargas” -Sir Ian McKellen

“Superviviente, sí, ¡maldita sea!, nunca me cansaré de celebrarlo, antes de que destruya la marea las huellas de mis lágrimas de mármol, si me tocó bailar con la más fea, viví para cantarlo” -Joaquín Sabina

Hace 29 años, en 1993, participé en la Macabiada XIV, categoría abierta de . A mis tiernos 25, estaba muy lejos de pensar que dentro de 7 Macabiadas volvería a estar inmerso en ese sueño, encarnado en un “viejo” de 54, en la categoría Másters, que en aquél entonces no existía. Sigo buscando el mejor adjetivo para describir, en una palabra, a esta pasada Macabiada XXI: “Monstruosa”, “devastadora”, “gigante”. Y mucho antes, allá por la década de 1930, al Necaxa se le denominó el equipo “de los 11 hermanos”. Jugaban por amor al fútbol y a la camiseta.

Dicho lo anterior, dedico este testimonio a mis 12 hermanos, a manera de tributo, de homenaje, así con mayúsculas, al EQUIPO:

LUIS “HUICHO” KLEYMAN, MARCELO TREPMAN, ISAAC METTA, SHLOMO GALOR, ABI FRIDMAN, CARLOS (KIVE) KVIAT, SEBASTIÁN (PETA) LIBERMAN, ABI BERKO, MORDI BERKO, PAUL KUPERSMIT, ABRAHAM CHEREM. Y NUESTRO ENTRENADOR EYAL BARÓN.

Escrito en tiempo presente, porque el sentimiento sigue vivo, a flor de piel, calando hondo. Muy hondo.

Se oficializa mi llamado a participar y me vienen de golpe todos los recuerdos de ese ayer arriba citado; empiezo a contar primero los meses, y al final los días para desear revivirlo, ahora con mi nueva familia “adoptiva”; ellos que hicieron de todo el proceso (entrenamientos, el torneo interno del CDI, una competencia internacional, los convivios) algo tan divertido, que en ningún momento lo sentí como una carga. Fue un placer compartirlo todo.

A las lágrimas que derramo en el abanderamiento, le siguen las de la Ceremonia Inaugural; al entrar con la Delegación Mexicana, me transporto y me veo desfilando hace 3 décadas. Me invaden la nostalgia y la melancolía por ese pasado que ya no regresa, pero más me llenan la emoción e infinita alegría, al ser salpicado por las lágrimas del resto de la Delegación. 300 cedeístas cuyas risas, gritos y cánticos contagian. Todos viviendo el sueño, la experiencia a la que cientos de atletas, ya no digamos personas, ni siquiera se acercan a rozar. Me rindo ante el rugido de la grada.

Llega la competencia. LA COMPETENCIA. Para aspirar a la final, seis partidos, cada uno de 40 minutos que, al ser cronometrados, se convierten en 80. Dos porterías, un balón, 10 jugadores adentro, otros tantos en las bancas. Así de simple es el Futsal. Simple. Ajá. Volteo hacia mi pasado. Toda una vida. Casi 50 años de “cascaritas”, entrenamientos, disciplina en la cancha, en la alimentación y hasta en la forma de vida. Lesiones, triunfos, frustraciones, y a veces también, disgustos. Torneos locales, regionales, viajes. Y todo se reduce a 80 MINUTOS.

Antes de iniciar cada partido, nos anuncian. Los 13 hermanos entramos a la cancha abrazados. Siempre abrazados. Porque somos uno. Porque esa es la mística que construimos desde el principio. La mística de Los Tres Mosqueteros: “todos para uno y uno para todos”. Comienza el Hatikva. Un himno. Una música. Y nosotros ahí, a la mitad de la cancha, cantando, columpiándonos, concentrados, conectados, deslumbrantes. Sudando aún antes del silbatazo inicial.

El juego inaugural nos quita la tensión. El rival es España. Metta nos regala ese soñado primer chorro de adrenalina. No solo es nuestro primer gol del torneo, sino Su primer gol en la historia de Sus múltiples Macabiadas (“el es mejor y más noble que el fut grande”, diría después, entre lágrimas). Su emoción es tan grande que celebra con una pirueta que quedaría inmortalizada como la “maroMetta”. Después Paul, veterano de mil batallas, con tantísimas anotaciones en su haber, nos pone 2-0 arriba y corre como loco a celebrarlo al centro de la cancha y a la banca. El rival se acerca 2-1. Y casi para terminar, desde la portería, Huicho marca el 3-1 que sella la victoria. ¡Qué importante es empezar el torneo ganando!

Segundo partido. Perdemos 1-2 vs. , el rival al que creíamos imbatible. No solamente los dejamos de considerar invencibles, sino que les costó un trabajal ganarnos; incluso iniciamos ganando 1-0 con otro tanto de Paul. Fue ese duelo el que nos demostró que estábamos hechos para “cosas grandes”.

El 4-2 final del tercer encuentro, contra Estados Unidos parece holgado, pero tuvo sus dificultades. Apenas al minuto 2, un penal en contra al que Marcelo domina con gran atajada. Quién sabe cuál hubiese sido el destino si anotan. Con 2 goles de Kive y uno de Abi Berko nos ponemos 3-0. Antes de finalizar el primer tiempo se acercan 3-1. Aguantamos su embate y con un potente zurdazo de tiro libre, previa finta de Cherem, Shlomo nos hace respirar con el 4-1.

Tengo borrados muchos detalles del cuarto juego vs. Argentina. Instintivamente sabíamos que quien ganase, iría a la final. Lo que de plano no olvido es la jugada definitiva, estando empatados, en el último suspiro, con el reloj casi en ceros: pase largo Huicho a Peta, al crack, que con esa calidad que le caracteriza, acaricia el balón de aire dando un pase a la red rival. Creo que fue el gol más bonito de los que hicimos. El gol del gane. Silbatazo final. Brutal estallido de júbilo. La “albiceleste” no lo cree. Devastados, son un cementerio.

Llega Inglaterra. Físicamente muy fuertes. Juegan a cazar un error, capitalizarlo, y aguantar. Al minuto 9 sucede eso. Anotan. (Debo decir que en toda nuestra preparación nos costó mucho trabajo reponernos a los goles en contra). Y es aquí cuando la historia cambia, tan solo un minuto después, con gol de Kive. El empate no nos aseguraba nada, de hecho, nos obligaba a jugarnos el “todo por el todo” en el último juego de la ronda de grupo. Cuando todo parece ser que así sería, al minuto 39 llega la magia de Cherem. Otro gol agónico. Otra victoria. Y lo más importante, el pase a la final, a falta de un partido. El cántico “a la final, nos vamos a la final” nos acerca, nos abrazamos. No damos crédito. Damos mucho crédito. Somos “invencibles”.

El sexto duelo, vs. Brasil es de mero trámite. Aun así, queremos ganar. Como dictan los cánones, Eyal descansa de inicio a quienes habían tenido más desgaste. En cada mitad, un gol de Kive y otra maroMetta, nos ponen 2-0 arriba. Nos relajamos. Nos empatan a 2. Nada cambia. Estamos en la final y es lo único que nos importa.

Merecido descanso. Música. Shabat. Alberca. Fisioterapia. Recuperación. Anhelo. Deseo. Emoción a tope. Madrugadas despertares áureos, soñando con “la jugada definitiva”. Marcelo nos invita a un juego al que nos sumamos gustosos. – ¿Cómo sería tu final ideal? -pregunta. Todos fantaseamos, “nos vemos”.

Llega el Gran Domingo. Horario estelar, primetime. Sabemos que nuestros “fanses” seguirían nuestro destino. Y qué destino sería. La tribuna a tope, con un 90% de apoyo a México. Familiares, amigos, exfutsalistas de prosapia, atletas de la Delegación Mexicana, esperando ser testigos de algo histórico, jamás visto: oro mexicano en un deporte de equipo, en una Macabiada Mundial. La porra comparte nuestra fantasía. Lo que yo pueda aquí escribir se queda muy corto con lo experimentado al ver y escuchar esa tribuna.

Poco que destacar de un partido en extremo cerrado. Pocas ocasiones de peligro para ambos conjuntos, nos respetamos, tememos arriesgar. “Nuestro” Huicho, que a la postre sería el MVP del torneo, está “intratable”, en plan no grande, enorme. En el tiempo regular privamos a la fanaticada de toda exaltación. Les compensamos la entrega con creces en los siguientes 10 minutos (5 por cada tiempo extra). Faltando 50 segundos para terminar el primero, el gol de Cherem nos pone a soñar. Me recuerdo brincando en la banca, abrazando a Fridman, diciéndole “ya la hicimos”. Para el complemento, Abi y Mordi Berko, Shlomo y Paul están lesionados, inhabilitados. El rival se nos deja ir “con todo”. Su esfuerzo rinde frutos, a falta de 3 minutos. El 1-1 final en la pizarra indica una definición en penales. La diferencia entre el acierto y el yerro es mínima. Los 13 hermanos metemos 4 goles. Y los 13 fallamos uno. mete 5. La plata nos es amarga, nos duele. Porque estuvimos muy cerca. Porque estuvimos TAN cerca.

Y, sin embargo, después de pensarlo, meditarlo, hablarlo y repetirlo, de irme a dormir y amanecer con lo mismo por enésima vez, sé que tenemos una plata muy meritoria. Una plata pintada de oro.

Competimos los mejores. Competimos contra las mejores.

La experiencia vivirá por siempre en nuestra memoria, lo sé. Por lo vivido. Por la dedicación, el esfuerzo y la tenacidad. Pero sobre todo por la unión. Por el grupo. Por el cariño.

Y para cerrar, hermanos míos, nuevamente, y al más puro estilo de Gustavo Cerati, les digo

“GRACIAS, TOTALES”

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