Diario Judío México - “No hay instrumento musical más personal que la voz. Es la huella sonora específica de cada ser; es extensión del adentro hacia fuera”, asegura Kiczkovsky, quien presentó su disco Cantos para una diáspora, producido por John Zorn, el pasado miércoles 25 de junio, a las 20:30 horas, en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo.

crea una fascinante travesía musical, explorando su propia identidad y rastreando las raíces judías de su linaje familiar en el este de Europa, España, Argentina, y . Esta es una historia judía apasionada e intensamente personal cantada a través de canciones sefardíes”, afirma Zorn.

Informa la disquera neoyorquina Tzadik, la cual ha editado este álbum, que “con cantos sefardíes de amor, muerte, guerra y migración, la artista mexicana de origen judío se sumerge en sus raíces para enlazar lo ancestral con lo contemporáneo”.

Además de cantante, la egresada de la Escuela Superior de del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) es cineasta e integrante del trío vocal MunaZul. Ha colaborado musicalmente con Werner Herzog, Mola Zyla, Ernst Reijseger, Juan Pablo Villa, Rita Guerrero, Iraida Noriega, el Grupo Segrel, La Barranca y diversas figuras de la escena artística en .

Hasta la fecha, cuenta con cuatro producciones discográficas. Cantos para una diáspora, la más reciente, es una selección de canciones sefardíes reinterpretadas de manera contemporánea, a través de la cual realiza un homenaje musical a su árbol genealógico.

Recientemente, el crítico musical Hugo García Michel escribió en su columna semanal que Cantos para una diáspora “fue editado nada menos que por John Zorn en su prestigiosa disquera Tzadik. Este no es un dato menor, ya que Zorn, además de ser un inenarrable artista de vanguardia y un jazzista de primera línea, ha tomado a mucha de la judía para fundirla en su propia obra y el hecho de que haya publicado bajo su sello este disco habla de la enorme calidad del mismo.”

Señaló que “la intérprete nos regala una oncena de bellísimas canciones sefardíes, cuyos orígenes se remontan a la Edad Media española, antes de la diáspora de finales del siglo XV, cuando los reyes católicos decretaron la expulsión de los judíos de la península ibérica (…) Un trabajo conmovedor, exquisito, impecable.”

El compositor y crítico José Ignacio Vidal escribió que en esta grabación “aparecen once aventuras de amor, muerte, guerra, migración y melancolía sefardí, junto a la mezcla de estilos y tonos ancestrales.”

En el disco colaboraron Francisco Bringas (percusiones y canto armónico), Fernando Vigueras (guitarra acústica), Leo Soqui (acordeón), Carlos Maldonado (contrabajo) y Juan Pablo Villa.


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