Diario Judío México - Lo tenían claro y fueron indiferentes. Se beneficiaron sin mirar más allá, sólo a sus intereses económicos y muchas veces antisemitas. Empresas internacionales son vistas así, sin saberse abiertamente su injerencia en la muerte de millones de personas durante la II Guerra Mundial o al menos sin tener repercusiones.

es un periodista de investigación estadounidense. Hijo de sobrevivientes del Holocausto, su vida lo ha llevado por una de las líneas más delicadas de lo que de por sí ya es aquella etapa de la historia mundial y en la que pocos han indagado: los trasfondos financieros y la colaboración con la nazi.

Previo a su charla en el salón terraza de la Comunidad Sefaradí, Black recorre el Centro de Estudios Multisensorial con interés. Se adentra en la vida de Jack, el protagonista de aquella línea de tiempo que trae a la memoria los sucesos de millones de personas durante la Shoá. El recorrido termina. El autor de IBM and the Holocaust: The Strategic Alliance between Nazi Germany and America’s Most Powerful Corporation (2001) se sienta junto al catedrático Francisco Gil-White, quien ayuda con la traducción simultánea. Black empieza a retar al auditorio. Inicia la creación de conciencia con hechos presentes. Con nombres comúnes de empresas famosas de quienes pocos –o nadie– dudaría de su buena reputación y ética.

La charla inicia con uno de sus primeros recuerdos de aquellas investigaciones que iniciaron desde hace más de dos décadas: el eugenismo, término que migró al principio del siglo XX de hacia el mundo germánico. Incluso, “para 1906, ya existía la primera propuesta de la primera cámara de gas en Ohio”, relató el escritor de War Against the Weak: Eugenics and America’s Campaign to Create a Master Race (2003).

De esta manera, lleva al auditorio a los principales nombres clave: IBM, Ford, y General Motors (GM). Todas fueron claves para consumar los objetivos centrales del nazismo. Ya sea con financiamiento, con sus productos o con ambas.

El también columinsta detalló la labor de Henry Ford, de quien incluso Hitler tenía una foto en la pared de la celda en la que redactó Mein Kampf, en 1925. El empresario aportó millonarios donativos para la “causa nazi”, además de ayudar con las logísticas de transportación durante el régimen. Por su parte, General Motors motorizó a las fuerzas nazis. Mientras que IBM sistematizó a través de sus tarjetas perforadas durante todo el régimen en materia de exclusión social, confiscación de bienes, geolocalización, deportación y finalmente el exterminio.

Así es el recorrido que deja. Una reflexión indudable y que cuestiona la ética y la moral a los que nos rodean. Tanto en sus conferencias como en sus libros, el periodista busca esclarecer los hechos. Y sobre todo, que la historia se recuerde con justicia y veracidad.

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