Diario Judío México - Egon Erwin Kisch nació en Praga el 29 de abril de 1885 y murió en la misma ciudad el 31 de marzo de 1948. En el ínterin le echó un vistazo al mundo.

Durante la Primera Guerra Mundial sirvió en el ejército austríaco y después de algunos arrestos por escribir contra el comportamiento de los soldados desertó en 1918; en 1919 fundó con otros el Partido Comunista de Austria; vivió de primera mano los delirantes años veinte en Berlín; viajó, en peregrinación comunista, por la Unión Soviética, los Estados Unidos y China; fue arrestado brevemente en 1933 por el régimen nazi –y sus obras sufrieron el destino pirómano de las de muchos otros enemigos de la ideología hitleriana–; fue expulsado en el mismo año del Reino Unido por ser ya un reconocido agitador subversivo.

En 1935, en el marco de una conferencia antifascista en Sydney, pronunció discursos contra los nazis frente a miles de personas, después de que las autoridades australianas intentaran expulsarlo por todos los medios del país. Al respecto, dos amables anécdotas: cuando en 1934 le negaron a Kisch la entrada al país, éste sencillamente saltó de la cubierta del barco en que viajaba hasta el puerto de Melbourne, proceso en el cual se quebró una pierna; cuando decidieron activar contra él un insólito e inflexible examen de idiomas, Kisch lo aprobó en varias lenguas europeas, menos en… gaélico escocés; ya después aprobaron su entrada. Entre 1937 y 1938 visitó España para echarle un ojo a la Guerra Civil; después de que París se volviera demasiado caliente para este notable perseguido del obstinado aparato nazi, se embarcó en 1939 hacia el Nuevo Mundo.

La derrota de 1939 y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, significaron para Egon Erwin Kisch -antifascista y judío- una dramática agudización de la criminal amenaza que se cernía sobre su cabeza. Seis años antes, en 1933, víctima de la gran redada de opositores que ordenó Hitler al día siguiente del incendio del Reichstag, Kisch había estado prisionero en la temible cárcel de Berlín-Spandau. Sabía pués, muy bién, que si caía de nuevo en manos de la Gestapo no salvaría la vida por segunda vez. Por eso salió de Europa con destino a EEUU, donde le fue denegado el permiso de residencia; optó entonces por el asilo que le concedió y marchó al exilio al país.

En esos años gobernaba el país el general Lázaro Cárdenas del Río, cuyo programa de gobierno tuvo como prioridad la materialización de las conquistas revolucionarias; en materia de política exterior su gobierno hizo respetar el derecho a la autodeterminación de las naciones y como consecuencia de ello, Cárdenas le ordenó a su representante ante la Sociedad de Naciones, Isidro Fabela, protestar por la anexión de Austria a la Alemania nazi.

El hecho no quedó ahí, Gilberto Bosques Saldívar, Cónsul General en Francia, organizó la ayuda a exiliados republicanos españoles y posteriormente a perseguidos por el nazismo y el fascismo en la gobernada por Mussolini. Bosques logró alquilar dos castillos en Marsella (La Reynarde y Montgrand) en lo que llegó a alojar a 800 personas, en esos lugares se les daba protección, alimentación y una visa de asilo por parte del gobierno mexicano. Tras una larga y burocrática travesía portuaria, se estableció en en 1940.

Después de la entrada de a la Segunda Guerra Mundial se fundó el Club Heinrich Heine, los creadores fueron, además de Egon Erwin Kisch, el músico vienés Ernst Römer, abuelo del escritor Andrés Roemer, Rudolp Feistmann, Paul Mayer y Bodo Uhse (este último es uno de los personajes centrales en la novela de Paco Ignacio Taibo II Retornamos como sombras e ingresó al país en febrero de 1940 como asilado político), se dice que el 21 de noviembre 1941 se confirmaba el proyecto al cual asistieron 150 socios.

El club oficialmente abrió su ciclo de eventos ese mismo día, con eso formalizaban el apoyo que la cultura emigrante daba al gobierno mexicano en su decisión de declarar la guerra a las potencias del Eje.

Entre las principales conferencias de dicho club dedicadas en una primera instancia a ser un reconstituyente de identidad para los exiliados en nuestro país de habla alemana, están la conferencia dictada por Egon Erwin Kisch que se tituló Humboldt y la cuestión de las razas en ; la del 9 de julio de 1942, a pocos días de que el gobierno mexicano oficialmente declaró el estado de guerra a las potencias del eje, que se llamó Reunión para honrar la memoria de las víctimas de Lídice y de Lichterfelde en la que participaron Leo Deutsch, Ludwig Renn (otro personaje alemán que ingresó a nuestro país como refugiado político en agosto de 1939) además de participar Albrecht Víktor Blúm, Charles Rooner y Günter Ruschin que leyeron poemas de diversos autores.

El “Club Alemania Libre” era de filiación comunista y la Asociación Republicana Austriaca de , así como el programa de radio, “La voz de Austria” promovieron la solidaridad con su patria desde el exilio.

 

En 1941, bajo la dirección de Ann Seghers y el propio Egon Erwin Kisch, apareció la primera edición de la revista alemana Freies Deutschland (Alemania Libre), que más adelante alcanzó un tiraje de 4000 ejemplares.

“México es ideal para los artistas. La atmósfera es estimulante”, señaló Anna Seghers en una entrevista en 1943. Tan estimulante, que en poco tiempo la comunidad se organizó una polifacética vida en el exilio: la Liga pro Cultura Alemana, por ejemplo, fundada en 1937, tenía el carácter de una asociación cultural antifascista y sin ninguna filiación partidista y, a través de diversos eventos, ofrecía un foro para el intercambio entre exiliados.

La influencia del exilio en la vida y obra de los artistas es diversa. Todavía viviendo en México, Egon Erwin Kisch publicó sus Entdeckungen in Mexiko (Descubrimientos en México), un volumen de ensayos que se ocupa del país anfitrión.

En 34 textos breves habla de “Historias con el maíz”, de una “Entrevista con las pirámides”, de “Montañas que escupen fuego” y de las “Vivencias en el temblor”.

Ya desde los títulos es evidente que Kisch toca con los ojos de un extraño los temas centrales que marcan hasta el día de hoy la imagen de México.

Los libros de reportajes más importantes de Kisch, aparte del ya nombrado, son: De calles y noches de Praga (1912), Zares, popes y bolcheviques (1926), ¡Anota eso, Kisch! (1929), Paraíso América (1929), Cambiando Asia (1933), China secreta (1933), Caída a tierra en Australia (1937); La feria de las sensaciones (1941), Descubrimientos en México (1945). Según he sabido, solo el primero existe en traducción castellana. Se tratan básicamente de tres cosas: sus viajes, historias del bajo mundo y la vida de los marginados de la sociedad en los países que visitó (donde se adentró directamente y, claro está, de incógnito). Esto es, se tratan básicamente de una cosa: de él mismo.

Por ello, su estilo no podría ser distinto: reportajes rápidos y sarcásticos con toque literario y por lo general en primera persona, es decir, a fin de cuentas, sin mayores pretensiones de objetividad. Que haya sido o no, como se mantiene usualmente, el inventor del reportaje literario, da igual. Es uno de sus mejores exponentes y, fuera de toda duda, el más cosmopolita de todos.

Al final de la guerra, en 1946, regresó a Praga en donde murió el 31 de marzo de 1948.

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