Diario Judío México - Entre anécdotas sobre la historia de su fuente y arquitectura, la experta mencionó que investigadores coinciden en que en esa plaza se puede recordar a tres mujeres importantes en la historia nacional.

A “la Corregidora”, cuya escultura está en el centro de la fuente central; a Leona Vicario, porque vivió en una de las vecindades aledañas, y a “la Malinche”, cuya casa también se situó en las inmediaciones, según las crónicas de la Conquista.

Al menos 70 personas, en su mayoría adultos mayores, visitaron recintos como el Centro Cultural del México Contemporáneo y el Templo del Santo Domingo, que formó parte del convento del mismo nombre, uno de los más importantes de la ciudad.

“En la época del Porfiriato llegaron artistas italianos y españoles para impregnar su arte en escultura y arquitectura”, comentó Unikel, quien con ese recorrido se suma a las actividades del Festival del Centro Histórico 2019.

El templo data del siglo XVIII y fue obra de Pedro de Arrieta, mientras que el retablo es del español Manuel Tolsá, que vivió y desarrolló su actividad en la Nueva España.

De acuerdo con la cronista, en ese sitio se sepultó a Fray Servando Teresa de Mier, impulsor del movimiento de Independencia.

Al hablar de la Inquisición y los judíos, Unikel sostuvo que desde años antes de la fundación de La Nueva España los judíos fueron perseguidos, por lo que llevar a cabo prácticas del judaísmo era tan peligroso que podían perder la vida.

“Aquí en la Nueva España los judíos tuvieron que volverse conversos, es decir cambiar sus creencias, costumbres y tradiciones para poder vivir y en condiciones miserables”, compartió la guía.

Por aquellos años de evangelización no solo judíos eran convertidos, sino también los indios debían ser bautizados para convertirse en cristianos. Pero solo los judíos eran llamados conversos.

A decir de Unkel, había quienes fingían haber cambiado sus creencias y hacían todo lo que dictaba la evangelización, pero a veces eran traicionados y entraban a las cámaras de tortura.

“Fueron alrededor de 50 los judíos que fueron quemados en la hoguera, muchas más muertes se dieron en las cámaras de tortura y no solo de judíos sino de otras personas que habían sido descubiertas contra las normas morales, sociales y religiosas de la época”, refirió la investigadora.

Las dinámicas de la Santa Inquisición en México tenían como eje central el tribunal del Santo Oficio, que investigaba las denuncias, algunas de ellas en torno a las costumbres de los judíos.

Al leer cerca de una veintena de prohibiciones que existía sobre las costumbres de judíos, los participantes del recorrido se mostraron sorprendidos porque ni siquiera tenían que ver correctamente con las costumbres del judaísmo.

“Hoy los que somos judios sabemos que muchas prácticas se tergiversaron y muchas de ellas las hacían así porque eran adaptaciones para no ser descubiertos, como los ayunos, por ejemplo”, dijo Unkel, quien en todo momento procuró la comodidad de los participantes, resguardándolos del sol y buscando que tomaran breves descansos.

Finalmente y previo a entrar al hoy Palacio de la Escuela de Medicina, la investigadora sostuvo que La Inquisición se dividió en tres etapas: La evangélica, la episcopal y la oficial que duró hasta 1820.

Fue justo en ese palacio donde se instalaron las cárceles de la Santa Inquisición que estaban en condiciones insalubres.

Con base en las investigaciones de Unkel, la Inquisición hacía todo por identificar a los culpables de alguna falta a través de sus cámaras de tormento, sin embargo eran los virreyes quienes tomaban las decisiones de tortura.

Fuente20 Minutos
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