Diario Judío México - Hablar de mi abuelo, un hombre de letras, pero sobre todo un hombre integro, es un orgullo para mi. Un hombre que dejó un gran legado en el aspecto literario y un buen nombre para su familia y para todo aquél que tuvo el privilegio de conocerlo.

Nació en Lodz, Polonia el 27 de septiembre de 1899 y falleció en la ciudad de el 27 de enero de 1957.

A su llegada a en el año de 1922 trabajó como otros inmigrantes, como abonero y llevando en su mente y su corazón el deseo de escribir, lo que hizo durante toda su vida, siendo uno de los primeros escritores en idish, ingresó al periódico “Der Veg” (El Camino) en donde trabajó por muchos años.

Posteriormente, junto con los escritores Jacobo Glantz y Moisés Glikovsky escribió el libro “Drai Vegn” (Tres Caminos), siendo éste el preludio de otros más escritos por él mismo, cuyas palabras hablaban de su sentir a través del tiempo y sus vivencias: “Guezang Fun Mentsh” (Melodía del Hombre), “Ad Matai” (Hasta Cuándo), “Shtil Zol Zain” (Que se Haya el Silencio) y “Shtot Fun Palatzn” (Ciudad de los Palacios). Cabe decir que en su lápida está escrito un fragmento del poema titulado precisamente “Shtil”.

Retrato de Isaac Berliner Por Diego RiveraDesde que mi abuelo pisó tierras mexicanas, aún sin saber el idioma español, se enamoró de su gente, de la libertad tan añorada por aquéllos que llegaron de una Europa en guerra, de sus paisajes, pero también se preocupó por la pobreza que entonces reinaba en nuestro país, por lo que se adentró en su vida, en cada rincón y escribió “Shtot Fun Palatzn”, un libro que hablaba por sí solo de Xochimilco, del Popocatépetl, de Tepito y de todo aquéllo que era emblemático de su querido , tomando en cuenta las carencias de su gente y sus vicios. Cuando mi abuelo estuvo trabajando en “Der Veg”, el gran pintor Diego Rivera necesitaba a alguien que escribiera en un mural algo en idish y así empezó una entrañable amistad entre ambos, a tal grado que el pintor, al saber de la publicación de dicho libro, se prestó a realizar los dibujos del mismo.

Las bases fuertes y sólidas, de un gran cariño y respeto fueron las que desde un principio se dieron cuando mi abuelo se casó con una gran mujer, con su Nejumele. Fue un amor que se inció en Lodz y que después de muchas vicisitudes logró consumarse en .

Como buen poeta, cada día mi abuela recibía una rosa y un poema, el amor hacia su familia se convirtió en algo vital para continuar viviendo, pues su estaba quebrantada. A pesar de estar muy chica, recuerdo que muchos domingos se realizaban tertulias en su casa con la presencia de maestros y escritores y como parte de estas tardes inolvidables estaba yo, quien de pie, cantaba en uno de los escalones de una gran escalera.

Los días que visitaba a mis abuelos eran muchos, así como las salidas al jardín lleno de rosas en donde mi abuelo me cargaba y me acercaba a ellas para apreciar su fragancia.

Me siento muy afortunada de haber conocido a mis abuelos, de haber recibido de ellos tanto amor y enseñanza, de haberme transmitido esas bases que ahora, en compañía de mi esposo puedo transmitir a mis hijos y nietos

Dicen que la mayor herencia que podemos dejar en esta vida es un buen nombre e Isaac Berliner lo cumplió con creces.