Diario Judío México - Jacques Gelman, nació en San Petersburgo, Rusia el 30 de Octubre de 1909 y murió en Cuernavaca, Morelos, el 3 de Diciembre de 1986. Nacido en el seno de una rica familia de origen judío, tras la Revolución de Octubre, en 1917 debieron emigrar a Alemania. Estudió en Berlín y fundó en París una empresa distribuidora de películas. En 1938 se traslada a para abrir una filial de su empresa; como era de origen judío, decidió establecerse definitivamente en ese país, dada la situación que prevalecía en Europa por la persecución Nazi. Ahí conoció a Natasha Zahalka, una emigrante judía nacida en 1911 en la República Checa, con quien se casó en 1941.

En su trabajo como productor cinematográfico conoció al comediante Mario Moreno “Cantinflas”, de quien produjo numerosas películas. En 1941 Jacques Gelman se asoció con Santiago Reachi para producir lo que sería el primer largometraje protagonizado por Mario Moreno “Cantinflas”, de título Ni sangre ni arena, dirigida por Alejandro Galindo. El éxito en taquilla fue arrollador, por lo que Reachi, Gelman y “Cantinflas” fundaron la compañía Posa Films (Publicidad Organizada S.A.).

  • 1941: Ni sangre, ni arena
  • 1942: Los tres mosqueteros
  • 1947: ¡A volar joven!
  • 1948: El supersabio
  • 1955: Abajo el telón
  • 1957: El bolero de Raquel
  • 1958: Sube y baja
  • 1961: El analfabeto
  • 1962: El extra
  • 1964: El padrecito
  • 1966: Su Excelencia
  • 1968: Por mis pistolas
  • 1971: El profe
  • 1976: El ministro y yo
  • 1977: El patrullero 777
  • 1982: El barrendero

Las enormes ganancias provenientes de esta provechosa sociedad le permitieron entonces a los Gelman iniciar una colección de arte que poco a poco se vio acrecentada tanto por la obra europea que adquirían en sus viajes a Nueva York, como por los encargos realizados a los artistas mexicanos más importantes de su momento.

Entre estos encargos se encuentran varios retratos de Natasha, destacándose aquellos realizados nada más y nada menos que por Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Ángel Zárraga y Rufino Tamayo. Posiblemente el primero que ingresó a la Colección Gelman fue aquél que pintara Frida Kahlo en 1943, y el cual se ilustra aquí.

También conoció a varios artistas mexicanos como Diego Rivera, Frida Kahlo, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo y Rafael Cidoncha; formó una gran colección de arte mexicano de las décadas de 1910 a 1970, que también incluyó a artistas como María Izquierdo, José Clemente Orozco y la surrealista Leonora Carrington.

Tras su fallecimiento, su viuda donó la colección de arte al curador Robert Littman, quien a su vez creó la “Fundación Vergel”. El museo Centro Cultural Muros abrió sus puertas en 2004, en él se exhiben unas cien obras. Por su parte, las pinturas de europeos como Henri Matisse, Pablo Picasso, Georges Braque, Balthus y Amedeo Modigliani fueron donadas al Metropolitan Museum of Art de Nueva York; una donación valuada en su momento en $300 millones de dólares.

Desde finales del 2008 hemos visto como la controversia sobre la legítima propiedad del acervo de la Colección de Jacques y Natasha Gelman se sigue complicando más y más. Esta colección, inigualable en calidad artística y altísimo valor económico, conformada por magníficos ejemplos del arte mexicano e internacional, indispensable para entender el devenir de la historia del arte en el siglo XX; está a punto de esfumarse en el retorcido laberinto de la polémica.

Como consecuencia del litigio legal que enfrenta, una parte del acervo tuvo que ser retirada de lo que parecía ser su sede definitiva: el Museo Muros de Cuernavaca, recinto que la había albergado desde el año 2004. En la actualidad esas obras permanecen resguardadas en un sitio alejado del ojo público, además que todos los compromisos de itinerancia anteriormente adquiridos fueron suspendidos de manera indefinida. Aún así hay otra parte de la Colección Gelman que continúa localizable, esto gracias a que se encuentra exhibida en el Museo Metropolitano de Nueva York. El conflicto parece tener su origen en la sucesión testamentaria a partir del fallecimiento de Natasha Gelman, acontecido en 1998. Sin embargo, revisando los antecedentes del caso, la situación se revela mucho más compleja.

Al momento de la muerte de Jacques Gelman en 1986, el acervo ya tenía personalidad propia. Primero, se destacaban las noventa y cinco obras de autores como Frida Kahlo, Rivera, Siqueiros y Tamayo; a los que se agregaron nombres como el de Manuel Álvarez Bravo, Leonora Carrington, Francisco Toledo, Gunther Gerzo, María Izquierdo, Carlos Mérida y José Clemente Orozco, por sólo mencionar algunos. En cuanto a la obra extranjera vale la pena enfatizar que los Gelman se inclinaron a adquirir piezas relacionadas con la escuela de París y el entorno del surrealismo y el cubismo. Con su enorme fortuna compraron obras de Pablo Picassso, Giorgio de Chirico, Juan Gris, Salvador Dalí, Fernand Léger, Henri Matisse, Pierre-Auguste Renoir, Georges Braque, Balthus y Joan Miró, algunos de entre un largo e impresionante etcétera.

Las notas periodísticas relacionadas al caso coinciden en que fue en 1993 cuando Natasha Gelman firmó un testamento en el cual estipulaba que la colección mexicana pasaría a manos de su amigo -y desde ese momento albacea- Robert R. Littman, entonces director del ahora desaparecido Centro Cultural Arte Contemporáneo. En cuanto a las obras europeas, la señora Gelman decidió en 1997 que el total sería donado al Museo Metropolitano de Nueva York bajo la condición de que fuera exhibido en una galería ex profeso y con el crédito correspondiente, además que era primordial que el conjunto nunca fuera disgregado para formar parte de otros discursos curatoriales.

Después de 1998, y ya bajo la custodia de Robert R. Littman como albacea y de Magda Akle como curadora, la colección siguió creciendo, por lo que actualmente sobrepasa las trescientas obras. Entre las nuevas adquisiciones -solventadas con los fondos generados por el préstamo de las obras- se encuentran autores contemporáneos como Marco Arce, Betsabé Romero, Francis Alÿs, Jan Hendrix, Graciela Iturbide, Gabriel Orozco, Gerardo Suter, Paula Santiago y Miguel Calderón.

El fallecimiento de Natasha Gelman y el inicio de esta nueva etapa coincidieron con la desaparición del Centro Cultural Arte Contemporáneo, un recinto que fuera el primero en mostrar el acervo y que posteriormente resguardaría en sus depósitos la colección hasta su inevitable cierre en octubre de 1998.

A partir de ese año llegaron tentadoras propuestas a la Colección Gelman. Gerardo Estrada, entonces director del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), manifestó su agrado al periódico La Jornada en febrero de 1998 sobre la posibilidad de albergar la colección de pintura mexicana de Jacques y Natasha Gelman en el Museo Nacional de Arte (MUNAL), un recinto que se encontraba enfrascado en el ambicioso proyecto de restructuración MUNAL 2000. En esta misma nota se menciona que Littman comentó no tener ninguna prisa para tomar una decisión en cuanto al nuevo hogar para la colección Gelman. Acerca de un posible trato con el MUNAL, Littman comentó que no le gustaría que la colección acabara “nacionalizada”, que “entre a un museo nacional y ya no salga”. Y prosiguió: “quien quiera tener la Gelman tendrá que respetar tres condiciones básicas: que se quede en , que la obra se mantenga junta y que se conserve el nombre original”. Como hoy sabemos, el trato con el MUNAL no acabó por concretarse, ya fuera por los intereses de una u otra parte; aunque lo que sí quedó bastante claro en 1998 fue la desconfianza con la que Littman se expresaba de las instituciones públicas del país.

En los cuatro años subsecuentes, la Colección Gelman se embarcó en una exitosa gira por varios museos del mundo. Dadas las características del acervo, formado en gran parte por autores protegidos mediante declaratoria de patrimonio histórico artístico como lo son Kahlo, Siqueiros y Rivera, hubiera sido prácticamente imposible emprender este recorrido sin contar con el apoyo del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) y del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), ambos encargados de extender los permisos correspondientes para la exportación temporal de este tipo de obras. De alguna manera u otra, la Colección Gelman contaba con lo mejor de dos mundos: el apoyo de los organismos estatales y el reconocimiento internacional que merecía.

Mientras tanto, en se seguían barajando las opciones para encontrar un destino final a la codiciada Colección Gelman. Tal vez sorpresivamente, la balanza se inclinó hacia el nuevo Museo Muros de la ciudad de Cuernavaca, Morelos. Un recinto que, por puro mérito propio, había surgido en medio de la controversia y el cuestionamiento público. Pero quiero dejar esta parte de la historia para la siguiente entrada sobre el caso de la Colección Gelman, donde ahora sí, espero que entremos de lleno en el tema del litigio legal que actualmente enfrenta este acervo.

La colección mexicana de Jacques y Natasha Gelman parecía haber encontrado en Muros de Cuernavaca su morada definitiva después de haber deambulado varios años por los museos del mundo. En el texto “Una colección regresa a casa” que forma parte del libro editado con motivo de la llegada de este acervo a Morelos, Robert R. Littman escribe:

A pesar de que durante los cuatro años de gira se logró con sorprendente éxito conservar el acervo en buen estado, era urgente encontrar una solución más duradera para su exhibición. Gerardo Estrada, entonces director de asuntos culturales de la Secretaría de Relaciones Exteriores de , quien conocía las restricciones establecidas por Natasha y sabía, además, que Cotsco de y Comercial Mexicana estaban desarrollando un complejo comercial en Cuernavaca, planteó la posibilidad de que ambos convergieran.

Muros a su vez también había surgido en medio de una controversia. La mega tienda de Costco-Comercial Mexicana se había construido contigua a ese predio a costa de la existencia del Casino de la Selva, un inmueble de valor histórico-artístico que fuera célebre por albergar en su interior obras murales de José Reyes Meza y José Renau. Sin embargo, esto no fue impedimento para que se creara la Fundación Cultural Parque Morelos en el 2002 y que Muros se inaugurara en el 2004 bajo la gubernatura de Sergio Estrada Cajigal.

Para ese entonces, Robert R. Littman, además de presidente y director de la Fundación Vergel, poseedora y administradora de la Colección Gelman, era también miembro de la Fundación Cultural Parque Morelos, organismo encargado de supervisar las instalaciones de Muros, y de la cual también formaba parte el grupo Costco-Comercial Mexicana.

Pero a pesar de este promisorio panorama, pocos años después aparecerían algunos oscuros nubarrones en el horizonte. En el 2006, se dio el primer reclamo sobre la propiedad legal del acervo. En esa ocasión, sobre aquél que había sido legado al Museo Metropolitano de Nueva York. Mario Moreno Ivanova, hijo de “Cantinflas”, interpuso un recurso mediante el cual argumentaba que Jacques Gelman lo había nombrado heredero en caso de muerte de Natasha. También impugnaba que el apoderado legal, Littman, se había aprovechado del supuesto Alzheimer de la viuda para obligarla a entregar los derechos. El asunto no llegó a mayores porque el Tribunal Superior de Justicia del DF desestimó la causa dado lo extemporáneo de la demanda, por lo que el caso ya había prescrito.

En el mismo 2006 aparece en Estados Unidos para impugnar el testamento Jerry Jung, un primo en quinto grado de Natasha Gelman. Aunque este reclamo tampoco prosperó debido a la lejanía del parentesco, del asunto se destaca que la querella fue presentada por los abogados mexicanos Enrique Fuentes de León y Enrique Fuentes Olvera. La honestidad del despacho que encabezan ya había sido fuertemente cuestionada con anterioridad, entre otros asuntos debido a su relación con el secuestro y posterior desaparición sin resolver de Nellie Campobello.

Volviendo al testamento de Natasha Gelman, éste sí incluía una clausula en la cual se heredaban diez mil dólares a un familiar suyo: su medio hermano Mario Sebastián Krawak. Esta cantidad no pudo ser entregada con oportunidad debido a que Littman no localizó al personaje en cuestión.

Sin embargo, y gracias al estratégico apoyo de la guía telefónica, los abogados Fuentes de León y Fuentes Olvera sí pudieron encontrar al Sr. Krawak, quien en ese momento se encontraba en una difícil situación económica y con una muy deteriorada. En el artículo de la revista Nexos, se afirma que los abogados pagaron veinte mil dólares al enfermo a cambio de que éste les firmara la cesión de derechos de la herencia que le correspondía. Al día siguiente, en febrero del 2008, fallecía Mario Sebastián Krawak.

Dicha cesión de derechos fue la llave que abrió par en par la puerta para que estos abogados entraran en abierta disputa por la herencia de la colección. Acto seguido, Fuentes León presentó elementos para un juicio sucesorio solicitando la remoción de Robert R. Littman como albacea y la nulidad de todo lo acordado bajo su nombre. Increíblemente también pidió el reconocimiento de su hijo, Enrique Fuentes Olvera, como nuevo albacea y heredero universal.

Esta cascada de desafortunados acontecimientos obligó a Robert R. Littman a dar por terminada su participación en la Fundación Cultural Parque Morelos. A los pocos meses, en mayo del mismo año, Muros de Cuernavaca cerraba la exhibición de la Colección de Jacques y Natasha Gelman. El albacea tomó la no menos controvertida decisión de ocultar las piezas hasta que el litigio concluyera y abandonó el país para avecindarse en Nueva York de manera indefinida. Supongo que fue en el transcurso de esos meses que se concretaron las negociaciones para traer a Cuernavaca El Papalote, Museo del Niño, el cual abrió sus puertas al público en diciembre del año pasado.

Paralelamente a este movimiento, la jueza Cecilia Santos Herrera, inexplicablemente dio la razón al despacho de los Fuentes y revocó los derechos de Littman sobre el legado. Ante esta decisión, los abogados de la causa Gelman, el despacho García Alcocer, argumentaron ilegalidad y arbitrariedad; por lo que presentaron un recurso al Consejo de la Judicatura para la remoción de la juez, acción que les fue concedida el pasado 8 de enero. El caso será ahora retomado por un nuevo juez a quien le tocará decidir en manos de quien queda el acervo.

El acoso del que ha sido objeto la Colección de Jaques y Natasha Gelman en los últimos meses, y en especial, en el cuestionamiento sobre la capacidad y legitimidad del albacea designado por los coleccionistas, es a todas luces un acto desmedido e indignante. Sin embargo también creo que bien podría haber sido evitado con oportunidad.

Por lo que hemos visto pareciera ser que Jacques y Natasha Gelman dejaron demasiados cabos sueltos en cuanto a su legado se refiere. Desde la reticencia de Natasha Gelman y Robert R. Littman hacia las instituciones públicas de como su exceso de confianza en el dictado de un testamento como documento único destinado a la gestión de sus cuantiosos bienes.

Lo más interesante del caso Gelman hasta el momento es la serie de preguntas que ha levantado: ¿Las colecciones privadas son origen para el mejor provecho económico? ¿O pueden llegar a ser una fuente de disfrute y conocimiento? ¿Qué ocurrió verdaderamente en la negociación entre el Museo Metropolitano y el albacea con respecto a la sección “europea” de la Colección Gelman? ¿Era ese su mejor destino, en Estados Unidos, cuando la colección la habían reunido unos empresarios que claramente habían hecho su fortuna en México? ¿Tal vez en el país vecino la cultura sobre coleccionismo está más avanzada que en México? ¿Será ese acaso el destino final de la otra mitad de la herencia? ¿Ser vendida al mejor postor? ¿Qué va a pasar con las obras protegidas por declaratoria como las de Kahlo, Rivera y Orozco?

En fin, que resulta evidente que el patrimonio cultural necesita de agentes administradores y gestores que contribuyan verdaderamente a su mejor preservación, estudio y difusión. Para esta finalidad existen en nuestro país distintos esquemas que se han puesto en práctica desde el ámbito público, privado y mixto. Ninguna de las anteriores es perfecta en sí misma, pero lo que si debe entenderse es que son modelos ordenadores que tienen como referente un marco de legal.

En dado caso que la colección cambiara de manos, ¿cuál podría ser su destino final? ¿La subasta en el extranjero? ¿La exhibición privada? De cualquier manera me parece sumamente improbable que en el futuro cercano podamos volver a ver alguna de estas obras en un museo exhibidas al público común y corriente. También creo sinceramente que ningún museo o espacio cultural en México o en el extranjero llegue a aceptar en compra, donación, préstamo, legado o intercambio, ninguna de estas obras que están perfectamente documentadas como de la Colección Gelman y que habrían sido objeto de expolio.

Para terminar, vale la pena mencionar que el código de deontología del ICOM (Consejo Internacional de Museos) es muy claro a este respecto. Para que una obra forme parte de una colección museística resulta indispensable contar con un título válido de propiedad de la misma, lo que se entiende por el derecho indiscutible sobre un objeto, respaldado por sus antecedentes completos desde el momento en que fue creado. Este es uno de los principales argumentos que debemos hacer valer en nuestras instituciones cuando elaboramos una de adquisición o cesión de colecciones. Entonces, ¿quién es el verdadero dueño del patrimonio que legaron Jaqcues y Natasha Gelman?

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1 COMENTARIO

  1. Está muy interesante el articulo de los Gelman, la verdad yo visite varias veces el museo en Cuernavaca, era el unico lugar en aquel pueblo que tenia merito cultural, asi que cuando tenia visitas o por placer de pasear un domingo y desconectarme de lo mundanal, veia esas obras, muchas, realmente de muy alta calidad recuerdo sobre todo una vendedora de alcatraces de Rivera y un paisaje de Toledo

    Saludos

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