Diario Judío México - Para aquellos que trabajamos en la construcción de un mundo incluyente, en donde todos y cada uno de nosotros, personas con y sin discapacidad, somos parte importante sin mirar nuestras diferencias, buscamos, ante todo, que el trato a las personas con discapacidad sea justo e igualitario, en donde así como se reconozcan y validen sus derechos, también se demanden sus obligaciones.

Vivimos en una sociedad que necesita voltear a ver a las personas con discapacidad desde una perspectiva que dignifique ante todo su condición de seres humanos. Las personas con discapacidad no necesitan nuestra lástima ni condescendencia, necesitan nuestra empatía, para poder ponernos en su lugar y reconocer nuestra ineficacia como comunidad para proporcionarles los apoyos que requieren. Cuando una persona con discapacidad recibe estos apoyos y se desenvuelve en un medio en donde lo más importante es su condición como persona y no su discapacidad, los resultados son sorprendentes.

En Kadima trabajamos día con día apoyando a las personas con discapacidad para que busquen y encuentren sus propias soluciones, para que tomen todas y cada una de las decisiones que transcienden en su vida. Más allá de un diagnóstico o una necesidad especial, nosotros vemos en cada uno de nuestros integrantes a la persona que realmente es y todo el mundo de posibilidades de realización y desarrollo que tiene por delante; para ello trabajamos sensibilizando e informando a nuestra sociedad, de tal forma que generemos un verdadero cambio.

Precisamente, uno de los primeros pasos para este cambio social, es la forma en la que nos referimos a las personas con discapacidad. Johnson[1] dijo que “el lenguaje era el vestido de nuestros pensamientos”, así, cuando para referirnos a las personas con discapacidad anteponemos ante todo la palabra “persona”, expresamos nuestro respeto y reconocimiento por el ser humano y entendemos que la discapacidad es simplemente una característica que no define quien es la persona. La expresión “personas con capacidades diferentes”, si bien hace referencia a la importancia de anteponer la palabra “persona”, no expresa una condición clara de la discapacidad, ya que todos tenemos capacidades diferentes, pero no todos tenemos una discapacidad.

Palabras como disminuido, minusválido, discapacitado, deben ser tachadas definitivamente de cualquier vocabulario, al permitir que un adjetivo se haga sustantivo en ellas, una característica de la persona es la que la describe completamente, pero más allá de todo, porque son denigrantes y limitan nuestra capacidad de ver a la persona, limitando así nuestra capacidad de ser parte de una sociedad incluyente.

Wittgenstein dijo, acertadamente, que “loslímites de nuestro lenguaje, son los límites de nuestro mundo[2] . En Kadima estamos seguros de que queremos vivir en un mundo sin límites, en un mundo donde todos seamos, ante todo, PERSONAS.


[1] Samuel Johnson (1709-1784), Escritor Inglés.

[2] Ludwig Wittgenstein (1889-1951, Filósofo británico, de origen austríaco.

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