Fragmentos del discurso de Silvia Cherem durante la presentacion del libro "Sefra Dayme" el 27 de Marzo de 2012.

La Alianza Monte Sinaí como comunidad damasquina festeja aquel origen con la publicación de un libro magistral: Sefra Dayme, una obra que enaltece la mesa damasquina y rescata los aromas del desierto, el origen y la cultura que trajeron como bagaje los inmigrantes del Sham. Es un libro que da fe y documenta la buena mesa, aquella que une a las familias en la cotidianeidad y en las fiestas judías. La mesa, espacio que sirve para recibir con generosidad en casa. La mesa a la que se vuelca la mujer para preservar los valores, dar fundamento a la familia y heredar tradición.

La historia de este libro se remonta a 1998, quizá a 1999, cuando cuatro amigas de infancia que se conocieron en "la Monte" –Millie Chattaj, Amelia Salame, Estrella Caín y Bahie Ambe– comenzaron a documentar recetas que compartían con el resto de la comunidad mediante un encarte enmicado coleccionable, que incluían bimestralmente en la revista Monte Sinaí.

El nombre del libro, tan atinado –Sefra Dayme, que tu mesa siempre tenga abundancia, el buen provecho con el que terminamos las comidas–, también fue motivo de búsqueda. Barajaron: Sazonando tradiciones, Cocina Shami, Cocinando con tradición, Sajten, que ya lo habían usado las libaneses, hasta que llegaron casi en la meta al nombre indicado. Sefra Dayme: Mesa de alegría, mesa de tradición, mesa de abundancia y unión. Mesa llena.

Este libro es un tributo a aquellas mujeres sacrificadas que, a principios del siglo XX, cruzaron el ancho mar rumbo a México, dejando su mundo atrás. Muchas de ellas se casaron a los 13 ó 14 años y tuvieron una decena de hijos. Pudieron enamorarse de los volcanes de México, pero en su mayoría nunca supieron lo que es el amor. Fue "el destino", es decir la familia y la casamentera, quien decidió por ellas. Sumisas, convirtieron al esposo en tutor y su felicidad dependió del hombre que les tocó. No pudieron estudiar ni desarrollarse. Pasaron sus días a la espera de otros –del marido, de los hijos, de los nietos– recibiendo en casa a un batallón de invitados cada Shabat, Rosh Hashaná, Pésaj y demás festividades. Su cuarto propio fue la cocina y, desde ese espacio, nos heredaron el gusto por las exóticas y aromáticas especies, y el gusto por el buen comer.

Sefra Dayme es un homenaje también a sus hijas y a sus nietas, especialmente a la generación de las autoras, aparentemente más modernas que, sin carencias económicas, pudieron vivir con más lujo y decidir cuántos hijos querían. Mujeres que estudiaron clases sueltas y se volcaron al trabajo comunitario para ayudar a los necesitados. Mujeres con un pie en Siria y otro en México, porque titubearon si debían o no impulsar el desarrollo de sus hijas. Mujeres que reprodujeron cabalmente los patrones heredados, por temor a romper el cascarón. Mujeres que se casaron saliendo de la adolescencia. Y, después de las bodas de sus hijos, creyeron que su vida iba en descenso, que habían terminado con los proyectos sustanciales.

Sefra Dayme, escrito por abuelas judías que materializan sus sueños, navegan por Internet y saben tuitear, será, sin duda, para todas nosotras, una herramienta indispensable para ser hijas de nuestro tiempo: para recibir en casa con hospitalidad y, también, para volar muy alto y en libertad.