De una lucidez asombrosa y una sabiduría adquirida por sus ansias de conocer, por la lectura y sus experiencias de vida, Maia a unos meses de cumplir 90 años sigue dando pláticas de historia judía ahora, por la pandemia, vía Zoom.

Una mujer menuda, muy inquieta, de carácter fuerte, tenaz, enérgica, de personalidad atractiva y una amabilidad que infunde confianza.

Sus padres fueron socialistas polacos, Roman y Rifke Wajsfeld luchaban por los derechos de los trabajadores lo cuál en ese entonces era ilegal, -en una Polonia de represión por parte del gobierno militar que tomó el poder en 1926 (N del E)-, por lo que Roman tuvo que huir de Polonia, para no ser encarcelado, yendo primero a Alemania y después a París, un año después, Rifke se encontraría nuevamente con su esposo.

Maia nació el 13 de mayo 1931, debe su nombre a su madre, quien consideraba que mayo que es la época más bonita en París, ya que es cuando los árboles florecen dijo que si era niña y nacía antes del 15 de se llamaría como el mes.

Cinco años vivió Maia en París, cuando en 1936, con Hitler en el poder, una situación muy tensa y la persecución de los judíos iniciada en Alemania en 1933, un amigo de su padre les consigue papeles para viajar a México.

Su padre, una persona de amplia formación , acude a la embajada de México en Francia a pedir al embajador le diera todo lo que tuviera sobre México para conocer el país, su historia, su cultura. El embajador le da una copia de la Constitución, que fue todo lo que encontró.

Roman se dedica a estudiar la Constitución y posteriormente la Ley Federal del Trabajo y le comenta a Rifke –“vamos al paraíso” todo por lo que estamos luchando, ya lo tienen en México.

De su viaje transatlántico en el Potrero del Llano, solo recuerda a sus padres acostados en una litera por el mareo y ella como niña que era correteando por el barco. Al llegar al puerto de Veracruz, en septiembre de 1936, ella vio una gran cantidad de personas, su padre vio pobreza y entre la gente, un policía descalzo, horrorizado regresó a decirle al capitán: -yo voy a México, esto no puede ser México. La desilusión, que sintió no lo abandonó nunca.

Los esperaban en el puerto un grupo de personas de la comunidad para llevarlos a la Ciudad de México.  El primer departamento al que llegaron se encontraba en una vecindad en la calle Independencia, a la que se entraba por el callejón de Tarasquillo, que era la salida de emergencia del cine Alameda en el centro de la ciudad.

Llegaron como muchos otros inmigrantes, el señor Krumholz firmaba que requería personal y que serían sus empleados para sacarlos de Europa, pero una vez en México cada uno tenía que ver como mantenerse.  5 años estuvieron prácticamente como ilegales, sus padres cambiaban cada año de departamento, por miedo a que algún vecino se diera cuenta que trabajaban en su casa, su padre cortaba chamarras de piel, mientras su madre las cosía, cada vez que tenían seis piezas terminadas, Roman salía a venderlas.

Sus padres y ella hablaban francés e , (el polaco lo sabían sus padres, pero no lo hablaban). Roman estudió para contador y Rifke, no tenía carrera, pero era una mujer culta que gustaba de la lectura. Aprendieron español de forma autodidáctica, su padre se suscribió al periódico Excelsior y ella aprendió jugando con los niños en la vecindad y en el colegio Revolución dónde cursó primero de primaria y que recuerda como una época muy feliz.

Familia directa no tuvo en México, pero sí estuvo en contacto con la familia que se quedó en Europa, tanto durante la guerra como al terminar, toda la familia que vivía en Francia se salvó, gracias a franceses que los ayudaron y tuvo la oportunidad de conocer a sus tías. Durante el perdió a sus abuelos maternos y a una hermana de su mamá. Tiene familia en Australia y .

De su primer año de primaria, recuerda que los viernes todos los niños se bañaban en la escuela, en alguna ocasión, cuestionó el porque tenía que bañarse en la escuela si ella se bañaba en casa, su madre le dijo que pertenecía a la escuela, que eran sus compañeros, con ellos estudiaba y convivía, por tanto, tenía que hacerlo.

Roman se volvió miembro del patronato de Colegio Israelita de México, en alguna ocasión otro miembro le pregunta cuantos hijos tenía en el colegio, al responder Román que ninguno, asombrado le pregunta que hace ahí y cuántos hijos tiene, Roman le explica que tiene un gran interés por la educación judía y que tiene un a hija, pero no puede pagar el colegio. A la siguiente pregunta sobre cuánto podría pagar, él contesta que $10.00.

Maia entraría a siguiente ciclo escolar al Colegio Israelita dónde estudió hasta terminar la secundaria (no había preparatoria en ese entonces) para continuar sus estudios en la Universidad Femenina y posteriormente iniciar la carrera de química farmacobióloga en la UNAM a los 17 años.

Por ese entonces conoció a quien se convertiría en su esposo: Gil Ajzen. Los padres de Gil también inmigrantes que pertenecían al “Bund” (partido socialista judío), que al igual que los padres de Maia en Europa, luchaban por los derechos de los trabajadores, llegaron a México en 1938, y al igual que sus padres se volvieron comerciantes, pero seguían luchando por los derechos de los trabajadores judíos. Maia era amiga del hermano de Gil y en alguna ocasión, la que se convertiría en su suegra prestó su casa para una celebración del Bund y le dijo a su amigo –que elegante cena, hasta mozo tienen, su amigo le explicó que era su hermano, no un mozo.

Maia asistía a un grupo que se reunía en Cuba 81 a tomar clases de yiddish, literatura y , grupo al que Gil se unió por interés en ella. Un año después Maia de 18 años y Gil de 20 se casaron.

Al casarse ambos dejaron la escuela, ella porque era mal visto que una mujer casada fuera a la universidad y el porque tenía ya una familia que mantener. Gil primero empezó a trabajar con Roman a la tienda que tenía en la calle de Argentina donde siguió haciendo chamarras, solo que ahora tenía costureras que iban por las piezas cotadas, cosían en sus casas y las regresaban ya listas. A Gil no le gustó el trabajo en la tienda un año después se convirtió en agente viajero.  Su primer hijo llegaría poco antes de cumplir un año de casados.

Al irse a la escuela sus hijos, le dijo a su esposo que se aburría “como ostra” y que volvería a estudiar, pero ya no química, sino que entraría a la facultad de Filosofía y Letras, para su sorpresa, le dijeron que tendría que repetir la preparatoria por el área que había estudiado. Así que ante la disyuntiva decidió irse a una escuela especial para ser maestra de yiddish.

Su plan no era trabajar, Maia, solo quería realizarse, sentía que le faltaba aprender muchas cosas a pesar de que siempre había leído mucha literatura y sobre historia, tanto en español como yiddish, cuando ingresó al Seminario para Maestros de y Hebreo. Eran grupos de 10 alumnos y la carrera duraba 3 años. Esta decisión fue un parteaguas que cambio su vida y le abrió el camino a muchas satisfacciones

En segundo año la invitaron a trabajar en un colegio judío que se llamaba “Nuevo Colegio Idish”, empezó con alumnos de 4to y 5to de primaria.  De esa etapa, reconoce que su marido le ayudó muchísimo porque iba a dar clases en la mañana y en la tarde al Seminario a terminar el tercer año.  Recuerda que hubo problemas políticos en el patronato y con los directivos, despidieron a alguien del patronato y a ella por “revolucionaria” y no recuerda ni porqué la catalogaron de esa forma, –por lo visto yo apoyé a los directivos y por eso fui revolucionaria, comentó Maia.

Cuando va a pedir trabajo al Colegio Israelita de México, donde estudió, el entonces director le dijo que no tenía lugar para “revolucionarias”, que él quería gente obediente, que obedeciera sus órdenes.  Un maestro que también era bundista le dijo –no te preocupes yo te voy a ayudar a conseguir trabajo, no es justo lo que te están haciendo, yo te voy a ayudar a conseguir trabajo y yo voy a luchar por ti.

Tanto hizo, comenta Maia, que le consiguió trabajo en otro colegio judío de nombre “” que es el nombre de una ciudad en Israel, una escuela dónde se cuidan mucho las normas religiosas, lo que para Maia fue una novedad, pero ella lo único que enseñaba era historia y literatura judía en yiddish, donde trabajó 12 años hasta que la llamaron a trabajar en el Colegio Israelita de México donde trabajó 30 años.

No recuerda si fue en el año 91 o 92, la nueva directora del Colegio Israelita decidió que Maia estaba “muy viejita” para dar clases, (tenía poco más de 60 años) y le pidió que se retirara, por lo que se jubiló.

Un tiempo después se fundó en el Centro Deportivo Israelita un grupo de la tercera edad del cuál fue fundadora. Al irse a inscribir a un curso de computación al ver la propaganda preguntó quien iba a dar las clases de historia judía y quedó contratada en ese momento, el 14 de febrero de este año, cumple 26 años dando clases ahí.

Maia no es religiosa, considera que cada uno es responsable de lo que hace y deja de hacer, pero comprende que a algunas personas les puede dar seguridad.

Después de una experiencia como la que estamos atravesando de la pandemia, que ha sido una cosa espantosa, empieza uno un camino nuevo. No se puede culpar al creador del mundo, ni creer que esté gozando por todo esto que es más bien consecuencia de los errores que hemos cometido, con todo y la tecnología hemos cometido muchos errores y estamos pagando el precio. La dificultad estriba en encontrar el equilibrio, hemos dañado muchísimo la naturaleza.

Con respecto a la educación, explica ha cambiado muchísimo y con la pandemia es totalmente otro sistema, lo que la pandemia esta provocando es que se pierdan años en la educación, y mientras no se acabe la pandemia y se puedan volver a normalizar las cosas, que jamás van a volver a ser como eran; es un mundo nuevo el que va a haber y vamos a ver qué pasa. Continua: Los seres humanos no somos seres perfectos, tenemos una parte buena y una parte mala, todo lo que hacemos tiene bueno y malo y es algo que se va a seguir repitiendo, solo el tiempo dirá que hemos hecho bien y que hemos hecho mal.

Es de la opinión que ha habido un gran avance tecnológico, pero como seres humanos seguimos siendo igual que hace cientos o miles de años, nuestra calidad humana es la misma, no hemos adelantado mucho.

No ha pensado mucho en si hay algo que la haya distinguido como docente, solo he procurado enseñarles a mis alumnos que es sumamente importante, ayudar, comprender, entender las circunstancias de todos los seres humanos, hay quienes tuvieron más oportunidades que otros.

Algo que debemos entender es que todo tiene relación con la educación las ideas de superioridad son nefastas, no hay razas superiores, no hay razas punto, hay seres humanos y depende verdaderamente del nivel educativo que hay en los países el como se trasmite esa educación y si se hace a través del respeto mutuo, de querer ayudar y de querer apoyar vamos a tener un mundo mejor y eso es lo que traté durante años y años que captaran mis alumnos y reitera lo importante que es esa parte de la humanidad, del respeto mutuo, estar siempre en contra del racismo y el porque de las cosas , lo malo que sucede es siempre por falta de educación y de preparación.

Si educo sensibilizando, estoy dando una buena educación, si educo a que se respeten los derechos y obligaciones que cada uno tiene. Todo ser humano debe evitar ser cómplice de algo negativo, el que es testigo de una injusticia y lo dice o hace algo por evitarlo se vuelve cómplice. Es muy importante reaccionar ante la injusticia.

Si tuviera que dar un consejo diría que debemos dejar de pensar que por el hecho de ser hombres o mujeres somos diferentes, reitera, todos somos seres humanos y como tales, debemos buscar la felicidad y la realización dónde uno cree que la va a encontrar y ojalá tuviéramos todos la suerte de encontrarla.

De su vida profesional solo puede decir que fue una felicidad constante, como todo, hubo momentos malos, pero fueron muy pocos y no recuerda ninguno en particular, pero enfatiza -sé por las llamadas que recibo y los comentarios de mis exalumnos que ahora ya son adultos, padres de familia, son mi mayor recompensa.

Para ella, es muy importante estar activa y quiere seguir dando sus clases y estar en contacto con la gente y con sus amigas que son muchas, y eso es lo que siente se le está dificultando, pero reconoce que continuar con sus clases vía zoom y hablar por teléfono con sus amigas y familia le ha ayudado. Para nadie es normal esto, estamos en una emergencia y hay que actuar en consecuencia

Maia se siente satisfecha de su vida y de lo que tiene, se siente una persona feliz, tuvo la suerte de crecer en una familia donde la educación y la lucha por los derechos humanos eran sumamente importantes y no toda la gente tiene esas circunstancias, por lo que se siente muy afortunada, tuvo unos padres magníficos, a los que admira. Siente que tuvo mucha suerte en su vida, también tuvo un marido maravilloso que la apoyó siempre en sus cosas raras -en ese entonces pocos apoyaban que la esposa fuera a estudiar, a realizarse. Las esposas que trabajaban lo hacían ayudando al marido, de otra forma era muy mal visto.

Tiene tres hijos, 7 nietos y 8 bisnietos, y afirma –me tocó una buena vida, hubo altibajos, pero en general ha sido muy buena.

Pláticas en línea

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