Diario Judío México - Como su biografía lo suscribe, es escritora, docente, investigadora, integrante de la Academia Mexicana de la Lengua y también viajera. No obstante, lo que ha marcado su existencia es su pasión por la lectura: “Es una de las principales actividades de mi vida y uno de mis grandes placeres”, señala en entrevista.

El director de escena José Luis Ibáñez leerá en voz alta fragmentos de Zona de derrumbe, Simple perversión oral y El rastro de en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, como parte del ciclo de fomento a la lectura Leo… luego existo del Instituto Nacional de Bellas Artes. La autora de Saña estará presente en la sesión. La entrada será gratuita.

“Soy fundamentalmente lectora. Mi primer premio lo obtuve a los cinco años leyendo, porque lo hacía mejor que otros niños de mi clase. Eso, de alguna forma, me marcó. Siempre he tenido contacto con los libros. Mi padre tenía una biblioteca dispersa y desordenada, pero importante.

“Cuando era niña leía leyendas griegas que mi papá traía. También revistas como Sur, donde escribía Jorge Luis Borges, y las tiras cómicas de periódicos como La Nación, a través de los que aprendí sobre la independencia de Argentina. Me la sabía mejor que la mexicana.

“Después fue la novela rosa, pero, cuando tenía 11 o 12 años, las de folletín fueron muy importantes, entre ellas Los tres mosqueteros de Alejandro Dumas. Julio Verne y Victor Hugo, con Los miserables, también marcaron esa época”.

Un libro al que continuamente regresa Glantz es El idiota de Fiodor Dostoievski. “Para mí fue muy importante haber leído a Dostoievski. Además, es parte del patrimonio de la familia, ya que somos de ascendencia rusa. Recuerdo que mi madre lo leía. Yo nunca pude leerlo en ruso, porque no me enseñaron la lengua, pero era un autor muy cotidiano en mi familia; muy importante, incluso más que Tolstoi”.

Para entonces, la multipremiada escritora empezaba a leer a escritores estadunidenses como John Dos Passos y William Faulkner “de quien leí Las palmeras salvajes traducida por Jorge Luis Borges.

“La metamorfosis de Franz Kafka fue una revelación extraordinaria, pero también lo fueron sus diarios”. Desde entonces estuvo presente Borges, quien también tradujo a Kafka, y “se volvería un autor fundamental en mi labor como docente, lectora y ensayista”.

Hermann Hesse, Thomas Mann, Hermann Broch y Stefan Zweig han ocupado un lugar esencial para la escritora mexicana, junto con la tradición francesa: Madame de La Fayette, Stendhal, Honoré de Balzac, Émile Zola, Arthur Rimbaud y Marcel Proust.

En su quehacer como autora, agrega, también la lectura ha sido fundamental: “Cuando escribía Yo también me acuerdo tuve como figuras principales a Joe Brainard y George Perec, quien siempre me ha interesado mucho. En ese libro de mis vivencias aparecen precisamente muchas de mis lecturas. Mis textos de viaje, como Coronada de moscas, también se nutren de mis experiencias como lectora”.

se describe a sí misma como una autora interesada en ubicarse “en los acontecimientos del tiempo que estoy viviendo. En mis textos, en los recientes, sobre todo, hay una relación muy estrecha con los acontecimientos de México y el mundo, tanto en política y cultura, como en los asuntos cotidianos de la vida, que acaban entremezclándose.

“Últimamente he leído a autores como Lucia Berlin, la extraordinaria argentina María Moreno o el escritor húngaro László Krasznahorkai. También estoy leyendo novela policiaca, y todo esto aparece en mis libros”.

Por último, la autora hace un par de recomendaciones literarias: Pedro Páramo de Juan Rulfo, de “quien este año se celebra el centenario de su nacimiento, y su novela es uno de los libros más importantes de la literatura mexicana”, así como Cartucho, “de una de las grandes escritoras mexicanas, Nellie Campobello”.


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