Kfar HaMacabiá, Mayo 2018
33 de la cuenta del Ómer ל”ג בעומר –
Rabi Akiva, Moisés, y el desafío de la transmisión del judaísmo
 
Queridos amigos: 
Celebramos en Lag BaÓmer – el 33 de la cuenta del Ómer – la rebelión que el pueblo judío inició en el año 132 e.c. que condujo a los Benéi Israel a una corta pero gloriosa independencia del imperio opresor Romano (por tres años).
 
El líder espiritual del pueblo judío de la revuelta contra el Imperio Romano fue Rabi Akiva[1], el rabino más influyente de todo el período de la Mishná. Contamos con múltiples y memorables anécdotas de Rabi Akiva. Él hizo la primera compilación de la Mishná en el comienzo del segundo siglo de la era común, que fue base de su edición final, obra de Rabi Yehudá HaNasí (que murió en el siglo III). Rabi Akiva tuvo una historia personal cautivante, comenzando sus estudios a los 40 años y convirtiéndose en el maestro de 24,000 ávidos estudiantes – muchos que tornaron, a su vez, en maestros, transmisores del judaísmo a las generaciones venideras.
 
De todas esas historias, una es particularmente significativa en cuanto al tema de la relevancia del judaísmo en cada generación. El Talmud babilónico[2]relata que Moisés ascendió al cielo y vio a Dios escribiendo pequeños trazos de coronas en la parte superior de muchas letras de la Torá. Cuando se le preguntó a Dios por qué lo estaba haciendo, y cuál era el significado de esas coronas, Dios respondió que, en el futuro, Rabi Akiva desarrollaría muchas leyes basadas en aquellas coronas. Moisés le preguntó si podía ver Rabi Akiva. Dios estuvo de acuerdo, e instantáneamente Moisés se encontró en la última fila de la academia de Rabi Akiva. Él escuchó atentamente acerca de la Torá que él mismo había legado a los Hijos de Israel… pero no pudo entender lo que Rabi Akiva estaba enseñando ni lo que sus alumnos le respondían. Al no lograr entender sus razonamientos, Moisés se sintió compungido. Pero cuando llegaron a cierto tema y los discípulos preguntaron al maestro [a Rabi Akiva] ‘¿De dónde es que sabes esto?’, y éste respondió: ‘Es una ley dada a Moisés en el Sinaí ‘… [Moisés] estuvo satisfecho”.
 
Hay muchos comentarios sobre el mensaje de esta historia, especialmente con respecto a la autoridad de las enseñanzas rabínicas. En esta era, en nuestro presente, cuando el judaísmo se ha vuelto irrelevante para tantos miembros de nuestro pueblo, la satisfacción de Moisés es fácilmente comprensible. Quizás las enseñanzas y concepciones del judaísmo de Rabi Akiva fueran diferentes a las de Moisés … pero Moisés, el Gran Legislador del Pueblo Judío, quería que el judaísmo mantuviera su relevancia dentro del pueblo judío, y entendió que, para que eso sucediera, cada generación debería hacer propia a la Torá… con sus propios énfasis, explicaciones, conexiones con la realidades de un pueblo cambiante. Por lo tanto, Moisés definitivamente estuvo satisfecho con las enseñanzas de Rabi Akiva… porque Akiva fue capaz de traer miles de futuros maestros para continuar la cadena eterna del judaísmo.
 
Rabi Akiva agregó nuevas dimensiones a la Torá de su tiempo. Nosotros, los miembros y líderes del pueblo judío del presente, tenemos que descubrir cuáles son los rostros de la Torá,[3] cuáles de sus interpretaciones y conceptos principales pueden ser relevantes para las necesidades de la próxima generación de judíos… para mantener una Torá viva en sus corazones y mentes… para hacer feliz a Moisés en los Cielos, siendo consolado por los nuevos caminos que su pueblo ha elegido.
 
Quiera Dios que en este Lag BaÓmer sepamos aceptar el desafío de proponer múltiples formas de abrazar el judaísmo, manteniendo su relevancia entre los miembros de nuestro pueblo, vinculándolos activamente con nuestros mensajes milenarios y con nuestro ser nacional en Medinat Israel.
 
¡LAG BAÓMER SAMÉAJ!
¡JAZAK VE’EMATZ!
 
RABINO CARLOS A. TAPIERO
Vice-Director General & Director de Educación
UNIÓN MUNDIAL MACABI
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[1]עקיבא בן יוסף, 50-135 era común.
[2]Tratado Menajot 29b.
[3]שבעים פנים לתורה, “70 caras a la Torá”; – una forma alegórica que señala que la Torá tiene muchas interpretaciones, expresión utilizada por el comentarista Avraham Ibn Ezra.