Diario Judío México - Queridos amigos:

Cuando queremos enfatizar lo que ha ocurrido en el interior de un edificio, utilizamos la expresión popular que reza “Si estas paredes pudiesen hablar” – sabiendo, de antemano, que aquello que no fuese revelado por nosotros u otros sobre lo ocurrido en ese lugar estará condenado al desconocimiento general -.

Las reglas incluyen excepciones, y es, indudablemente, la más notable a ésta.

En , todo nos habla: sus paredes, sus rocas, sus montañas, sus distintos paisajes, sus edificios viejos y nuevos. propone un permanente diálogo con quien la transita, deslumbrando de a ratos con su belleza, cautivando con su historia, conmoviendo con su espíritu. despierta en nosotros recuerdos de situaciones que nunca vivimos, en un déjà vuextraño y mágico, cultivado por las historias transmitidas por nuestras fuentes más importantes.

Nuestros sabios nos enseñan que es el punto desde donde se originó el Cosmos todo. La Biblia y la posterior explicación rabínica nos indican que fue en donde Itsjak fue atado en la prueba de fe de Abraham; donde Yaacov soñó con su escalera que conducía al cielo; donde David fundó su Ciudad de Unión y Paz para los habitantes del Norte y Sur de la Tierra de , y donde Salomón construyó el Gran Templo. Cuando fuimos desterrados de por primera vez – al exilio babilónico conducido por Nabucodonosor, 586 a.e.c. -, nuestro dolor fue tan grande que motivó la redacción en la que el Salmista expresa conmocionado:
“Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, sea mi diestra olvidada.
Péguese mi lengua al paladar, si de ti no me acordare;
si no ensalzare a como principal motivo de mi alegría.”
(Salmo 137)

Esta nostalgia; esta necesidad de reencontrarnos con la de Oro (así valorada por nosotros) fue mantenida de generación en generación, no importando cuántas veces fuéramos expulsados de nuestra Capital. Tan presente, tan significativo ha sido este sentimiento, que ha representado para muchos a la totalidad de la Tierra de : cuando Naphtali Herz Imber escribió el himno de esperanza de nuestro pueblo en 1886[1] – Hatikvá – queriendo verter el sueño de retorno judío a , el lugar de referencia elegido por él fue Jerusalem y Sion[2], indicando con ello que la Ciudad de David era sinónimo de toda la Tierra de – o bien su símbolo -.

A quién le puede entonces extrañar que este sábado a la noche iniciemos la celebración del reencuentro con esa Jerusalem tan amada, añorada, deseada, rememorada y reverenciada. El retorno a Jerusalem significó para nosotros mucho más que la victoria en una batalla, o la liberación – ocurrida el 28 de Yar del 1967 (5727) -: representó la profunda alegría de saber que nuestra vida se normalizaba; que podíamos, otra vez más, y como antaño, reconstruir a la Jerusalem de David de sus ruinas y transitar libremente por ella. El abrazo con esa Jerusalem siempre nuestra pero tan negada para nosotros significó la continuación de un pasado memorable y significativo, cargado de hechos irrefutables de nuestra historia, de enseñanzas, de plegarias – todas las plegarias judías del mundo dirigidas siempre a Jerusalem -, y, también, de alguna cuota de reparación a nuestro pueblo, castigado por los inconmensurables horrores de la Shoá – el Holocausto -.

Celebremos hoy a Jerusalem; celebremos hoy la libertad de caminar por sus calles, reconocer sus aromas y volver a elevar sus dinteles. Y sintamos en ese festejo la alegría y emoción de cientos de generaciones que imaginaron, ensalzaron en sus poemas y cantaron a Jerusalem en sus canciones, y que ahora, sobre nuestros hombros, ingresan a sus estrechos pasajes y sendas.

¡Yom Yerushalaim Saméaj!
¡Jazak ve’ematz!

Rabino Carlos A. Tapiero
Vice-Director General & Director de Educación
Unión Mundial Macabi

[1]Las palabras del himno nacional del Estado de fueron escritas en 1886 porNaphtali Herz Imber, un poeta inglés que emigró a en 1882 desde Bohemia. La melodía fue escrita por Samuel Cohen, un inmigrante de Moldavia que basó la composición de sus notas en la obra “Moldau” de Bedrich Smetana.
[2]Otro de los nombres de Jerusalem.

Las opiniones expresadas aquí representan el punto de vista particular de nuestros periodistas, columnistas y colaboradores y/o agencias informativas y no representan en modo alguno la opinión de diariojudio.com y sus directivos. Si usted difiere con los conceptos vertidos por el autor, puede expresar su opinión enviando su comentario.

SIN COMENTARIOS

Deja tu Comentario

Artículo anteriorAmbivalencia afectiva en la pareja
Artículo siguienteLa crisis en Nepal aún no ha acabado. Aún tenemos trabajo que hacer ahí
Noticias, Reportajes, Cobertura de Eventos por nuestro staff editorial, así como artículos recibidos por la redacción para ser republicados en este medio.