Diario Judío México - El nombre de Mollie Steimer es mucho más que un nombre. Es un símbolo. Una larga vida consagrada íntegramente al ideal, entregada, como se entrega una ofrenda, al anarquismo. Un temperamento prodigiosamente activo y dinámico; un carácter dotado de una cordialidad tan exuberante y arrebatadora que atraía en forma irresistible y conquistaba la voluntad. Era literalmente imposible hablar con Mollie sin caer prisionero del embrujo de su voz. Sin embargo, bajo ese exterior sutil y delicado, en esa pequeña figura, se ocultaba una formidable voluntad gigante, una auténtica naturaleza de hierro. Amenazas, hambres, persecuciones, terror policiaco, ergástulas, cadenas, destierros, fueron incapaces de doblegar ese terco empeño heroico de navegar contra la corriente, de avanzar siempre, con la cabeza erguida, fija la mirada en el lejano horizonte por donde un día, ¿cuándo?, habrá de aparecer la anhelada aurora.

Fue una de las últimas anarquistas de la vieja guardia con fama internacional e igualmente fue una de las últimas del extraordinario grupo de políticos rusos exiliados en que incluía diversos personajes como Jacob Abrams, Víctor Serge y León Trotsky.

Mollie Steimer ha sido -seguirá siendo- un asombroso ejemplo de constancia, de fidelidad a los principios, de esperanza que no sabe desesperar. Nacida en Rusia en 1897, emigró con su familia a los Estados Unidos, impulsados por el temor a los frecuentes “pogroms”, cuando era todavía una niña.

Apenas llegada a la pubertad, ingresó al turbulento mundo del trabajo y al campo del anarcosindicalismo. Y robando tiempo al descanso, después de las agotadoras jornadas impuestas por una burguesía voraz y despiadada que no tenía más ley que su voluntad, se entregó apasionadamente a la lectura y al estudio. Y cuando en 1917, estalló la revolución rusa, que tantas esperanzas frustradas despertó en el mundo de los parias y en cuantos sueños con el advenimiento de un mundo mejor, Mollie se lanzó, con toda la vehemencia de sus profundas convicciones libertarias y todo el ímpetu de sus veinte años, contra el Estado americano, contra el coloso que encabezaba la sombría coalición internacional que intentaba ahogar en sangre -como ocurrió con la revolución francesa- el desesperado intento de manumisión de uno de los pueblos de uno de los pueblos más explotados y miserables de la tierra: el pueblo ruso. Y sintió sobre ella todo el peso del inmenso aparato represivo al servicio de la plutocracia más prepotente, arrogante y feroz del mundo.

Fue perseguida, vejada, encarcelada; y finalmente juzgada y condenada a quince años de presidio por el delito más grave en que puede incurrir un ser humano en el mundo del odio: predicar la fraternidad; defendida por el notable abogado americano Harry Weinberger -el mismo que luchó con auténtica pasión, pero sin éxito, para lograr la excarcelación de Ricardo Flores Magón- obtuvo, después de tres años de encierro, la posibilidad de opción entre cumplir la condena o el destierro.

Optó por la deportación y fue así como, en 1921, llegó a Rusia, siendo recibida con beneplácito por las autoridades soviéticas, en atención a sus antecedentes revolucionarios. Poco después, sin embargo, terminó esa fugaz “luna de miel”. Pronto se manifestó en Mollie su profundo sentimiento libertario, su implacable aversión a todas las dictaduras, aunque llevasen la falsa etiqueta de proletarias. Y exteriorizó, sin poner veloz en su pensamiento, su abierta oposición a la trayectoria, cada día más despótica y absolutista, del Partido Comunista y del gobierno. Y Mollie, -ya al lado de Simón Fleshin, colaborador de Makhno en Ukrania y destacado luchador anarquista que había de ser hasta el fin compañero de su vida- trató de establecer contacto con los viejos cuadros libertarios ya perseguidos y dispersos; pero cayó en las garras de la policía política comunista, y revivió en su tierra natal, en un sombrío ambiente de terror y de muerte, el calvario que poco antes había ensombrecido en los Estados Unidos sus primeros años de luchadora. Después de varios meses de auténtica agonía, y gracias a la providencial intervención de algunos de los delegados extranjeros a un Congreso Internacional Sindical que por entonces se efectuó en Moscú, y a gestiones de la compañera de Máximo Gorki, Mollie Steimer y Senya Fleshin pudieron eludir el confinamiento a Liberia a cambio de una salida de Rusia.

El fiscal americano, al decretar la expulsión de Mollie de los Estados Unidos, recalcó con saña: “¡For ever!”

El fiscal ruso, en Moscú, al señalar a Mollie, con índice iracundo, la puerta de la sala del tribunal y del país, grito también: “¡Navsiegda!”

¡Para siempre! ¡Para siempre!

Después vino lo dolorosa peregrinación por los caminos de : Holanda, , Francia, con demasiados breves y a veces maravillosos interludios de paz y esperanza, en Berlín, en París. Pero pronto de nuevo la angustia, la persecución, la tragedia. Aparece Hitler en . Huir, huir de nuevo, siempre con el fantasma del odio siguiéndole a uno lo pasos; y nuevamente la guerra y sus horrores; y la visión implacable de los barrotes carcelarios, y de las celdas de tortura, y los campos de exterminio. For ever, Navsiegda, Para siempre.

Finalmente, el abra de salvación, el remanso de paz, la playa acogedora y cordial donde embarrancar la barca, y plegar las velas y rendir la última singladura después de la tormenta. . Y aquí, veinte años de entrega apasionada al trabajo, a la creación, al arte. Simón Fleshin, que ya había triunfado plenamente como fotógrafo en Berlín y en París, y celebrado con éxitos grandes exposiciones en esas dos capitales, así como en Londres y Madrid, triunfó nuevamente en , siempre con la estrecha colaboración de Mollie. Por su “estudio” desfilaron todos los nombres destacados de nuestro mundo del arte, de la ciencia, de la política, de la cultura, entre los años 1940 y 1960.

Senia Fleshin, el compañero de Mollie, nació en Kiev en 1894 e intervino desde muy joven en el movimiento revolucionario. En 1913 emigró con su familia a los Estados Unidos, donde pronto se adhirió a la Federación de Asociaciones Obreras Rusas de los Estados Unidos y Canadá, e intervino luego en la revista mensual “Mother Earth”, dirigida por Emma Goldman y Alejando Berkman. Al producirse la revolución rusa volvió a su país con el primer grupo de refugiados políticos.

Allí trabajó primeramente junto con Schapiro, Volin y otros compañeros. Después partió hacia el sur, donde participó en el movimiento clandestino contra Petlura y Denikin. Al ejecutar un trabajo aventurado y peligroso fue detenido tres veces por los “blancos”, siendo torturado y condenado a muerte. Pero mediante sobornos, sus compañeros lograron obtener su liberación. También intervino Fleshin en el movimiento de Makhno hasta que fue detenido por la checa de Jarkov [sic], junto con Andre Andreieff, los hermanos José y León Gootman y otros cinco luchadores más. Los nueve fueron condenados a muerte, pero la monstruosa sentencia fue anulada por Lenin mismo. Entonces eran todavía posibles esas cosas en Rusia.

Luego se dirigió a Leningrado, donde trabajó para el Museo de la Revolución. En aquel tiempo, los compañeros rusos fundaron, junto con otros extranjeros, un comité de ayuda para socorrer a los presos en diversos lugares de Rusia. Fleshin fue el encargado por esta organización para proporcionar víveres y ropas a los compañeros de Archangel y de los campos de concentración del Norte. Poco después de su regreso fue detenido, junto con cuarenta y ocho compañeros, aunque contra ellos no existía más acusación que la de ayudar a los compañeros presos. Aquella medida terminó con su deportación de Rusia, el 27 de noviembre de 1923.

Mollie y Fleshin vivieron por largos años, en , donde se ganaban la vida como buenos fotógrafos. Su casa fue siempre centro de reunión de luchadores sociales a quienes el destino arrojó del hogar nativo y que encontraron asilo en .

Ciertamente que el destierro nunca los hizo felices, pero se adaptaron a la situación lo mejor posible sin quejas ni lamentos, puesto que sabían que afrontar hechos difíciles de superar.

Retirados a Cuernavaca por motivos de salud, su casa se convirtió pronto en una especie de Meca, a donde llegaban peregrinos de todas las partes del mundo; a conocer a Mollie y Senya, o de evocar con ellos viejos recuerdos comunes de luchas pasadas, o de documentarse en esas dos páginas vivientes en la historia moderna, o en busca de orientación y consejo en medio del torrente de violencia y sórdido materialismo que se esfuerza por arrastrarnos al báratro sin fondo. Y siempre los acogía la sonrisa maravillosa de Mollie, y su palabra, que parecía descender de algún ámbito misterioso y encantado.

En 1976, Mollie fue filmada por un equipo holandés de televisión que trabajaba en un documental sobre Emma Goldman, y a principios de 1980, lo fue de nuevo por el Colectivo Pacific Street de Nueva York, en donde habló de su querido anarquismo del que Alexander Berkman decía: “el ideal más hermoso que se le haya ocurrido a la humanidad”. En sus últimos años, Mollie se sentía cansada. La afligió profundamente la muerte de Mary Abrams en 1978. Al final, sin embargo, su pasión revolucionaria seguía ardiendo en llamas inextinguibles.

El miércoles 23 de julio de 1980, Mollie dejó de existir. Un ataque al corazón cerró para siempre esos ojos cuya luz brilló, como una llama de bondad, de amor y de dulzura, durante ochenta y tres años. Y selló para la eternidad esos labios que supieron a la faz de los esbirros, gritar su pasión por la justicia y la libertad en tantos idiomas. Senya Fleshin, su compañero de largos años- le siguió en su viaje al Gad Eden poco menos de un año mas tarde, en la Ciudad de el 19 Junio de 1981, a la edad de 86 años.

SEMO Fotógrafo

Al llegar a en 1941, Fleshin abre en Antonio Caso #28 el Estudio Fotográfico Semo, nombre que se derivó de la fusión entre las primeras letras de su nombre y del de su esposa, Mollie Steimer, en el que retrató a los más relevantes personajes de la cultura, la política, el cine y el teatro mexicanos y que sería el mote con el que se haría famoso. A partir de entonces, SEMO sería conocido como “el fotógrafo de las estrellas”. Para su lente posaron: Ninón Sevilla, Mario Moreno “Cantinflas”, Tin Tan, León Felipe, José Clemente Orozco y María Victoria, entre otros.

Luego de 21 años de labor de retrato cultural, Semo decidió retirarse de la vida pública para radicar en Cuernavaca. Antes, donó al archivo fotográfico del Instituto Nacional de Antropología e Historia 50 mil 468 piezas, entre ellas 254 mil 698 negativos y 24 mil 770 positivos.

Simón Fleshin tenía la intención de que otros fotógrafos donaran sus obras y así se fundara la primera fototeca del país, de la que entonces se carecía.

Así nace el Fondo Semo y posteriormente la Fototeca Nacional del INAH. En 1993 el Sistema Nacional de Fototecas decidió incorporar al catálogo computarizado el fondo del artista ruso para facilitar la consulta y garantizar la conservación del patrimonio fotográfico, recuerda Rosa Casanova en otro de los ensayos que integran el catálogo de reciente publicación, y que recopila imágenes de dos décadas en la cultura mexicana, tomadas por un anarquista ruso.

En 2002, El Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, el Sistema Nacional de Fototecas del INAH, la Filmoteca de la UNAM y la Fundación Cultural Artención auspiciaron la labor de la investigadora y curadora Emma Cecilia García Krinsky para la elaboración del libro Semo, fotógrafo, que reúne el catálogo de Senya, cuyas imágenes legendarias son testimonio de la época de oro del cine mexicano y de más de dos décadas de cultura en el país.

Su estudio contaba también con el mas grande acervo fotográfico documental de la vida judía en el país. Sin embargo, no está claro a donde fueron a parar todas esas fotografías. Se dice que al morir decidió dejar todas esas colecciones a sus empleados, para quienes esas fotografías no tenían ningún valor y en consecuencia, se perdieron en algún basurero de la ciudad.

Fuentes:

http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/mollie/3.html
http://www.kclibertaria.comyr.com/lpdf/l167.pdf
http://miguelangelmorales-fotografos.blogspot.com/2011/01/semo.html
http://www.jornada.unam.mx/2002/03/31/03an1cul.php?origen=index.html

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1 COMENTARIO

  1. hola,despues de tantos años y por el internet,localize a doña mary abrams,gracias a ella mis deseos de leer,fue como una abuela para mi en los años sesentas en que fue vecina de nosotros en tlatelolco,quyisiera tener mas informacion de ella,al sslir del d.f por cambio de r4esidencia la visite varias veces,hasta que en el 79 ya estaba ocupado su departamento,me gustaria saber mas de ella en donde puedo buscar,gracias

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