Diario Judío México - La ficción revela verdades que la realidad esconde.
Ralph Waldo Emerson

Todas mis imágenes tratan de documentar experiencias, no inventarlas.
Pedro Meyer

Conocí a Pedro Meyer a principios de los años 90, cuando estaba haciendo la curaduria para una muestra que iba a viajar por los Estados Unidos, Una sombra nacida de la tierra: Nueva fotografía en . Mi meta era presentar a una nueva generación de fotógrafos, cuyo acercamiento al medio era poco convencional. Muchos estenografiaban sus fotografías, ya fuera usando objetos o figuras humanas.

También habían algunos que estaban creando obra en medio mixto que incluía el uso de la fotografía, mientras que otros probaban nuevos y novedosos acercamientos al género documental. En el ensayo que iba a escribir para el catálogo pensaba incluir un breve resumen de la historia de la fotografía en , un campo sobre el que, hasta entonces, poco se había publicado en inglés. Quise entrevistar a Pedro Meyer, como fotógrafo fundamental en desde la década de los años 70, para poder oírle hablar personalmente de su obra y del rol pionero que desempeñó en la promoción de la fotografía latinoamericana.

Resultó que a Meyer no le interesaba lo más mínimo hablar del pasado; lo había dejado atrás de una forma que a mí entonces me pareció difícil de apreciar. En ese momento, él andaba experimentando con la fotografía digital y el medio electrónico, inmerso en una forma radicalmente nueva de trabajar con el medio, cuyo impacto no llegaría a entenderse hasta varios años más tarde.

Por aquel entonces, yo veía a Meyer como una de las voces más distintivas de la fotografía en Latinoamérica. Su obra temprana había incluido documentar el levantamiento estudiantil de 1968 en la Ciudad de ; una década más tarde, Meyer cubrió la revolución sandinista en Nicaragua. Meyer también había producido una visión idiosincrásica de la vida contemporánea mexicana. Ejemplos destacados de su obra se publicaron en Espejo de espinas, una monografía publicada en 1986 como parte de la legendaria serie de libros fotográficos Río de Luz.

Como muchos de sus contemporáneos en , Meyer trabajaba en blanco y negro, produciendo imágenes que, en esencia, documentaban la vida a su alrededor. Pero sus fotografías tenían una garra poco común: Meyer poseía una visión sin concesiones y un sentido natural de la ironía. A veces, sus fotografías causaban shock, como es el caso de su retrato de un joven soldado herido, casi desnudo, con ambas piernas amputadas a la altura de la rodilla. Es ésta una imagen inolvidable y, sin embargo, es sólo una de las muchas fotografías suyas que tengo incrustadas en la memoria.


Todo somos palomas © Pedro Meyer.

Empecé a apreciar la obra de Meyer de una forma completamente nueva en 1991, cuando se distribuyó su CD-ROM Fotografío para recordar, un ensayo gráfico de los últimos años de la vida de sus padres, intensamente personal de una forma que no había percibido en su obra anterior.

De hecho, fue mediante el uso de la tecnología que Meyer pudo combinar, de manera tan efectiva, palabras, música e imágenes. No era sólo uno de los primeros CD-ROMs artísticos, sino el primero en combinar en un formato continuo imágenes y sonidos grabados digitalmente. Una década más tarde, Meyer publicó este trabajo multimedia en su website y, en el año 2006, creó una versión en formato de video para iPod, disponible mediante descarga directa desde su website. Una historia profundamente íntima puede experimentarse ahora mediante la herramienta electrónica más personal. Fotografío para recordar demostró de forma conmovedora las muchas posibilidades que ofrece el uso de nuevos medios a la hora de crear y diseminar obra artística. Desde entonces, la tecnología se ha convertido en un aspecto integral de su lenguaje visual; es el medio, el mensaje y, en última instancia, la clave para compartir lo que realmente importa con un público lo más numeroso posible.

Si la trayectoria de Pedro Meyer como fotógrafo artístico es poco convencional, su educación tampoco lo fue. Nació en Madrid en 1935, hijo de padres judíos que acababan de huir de la Alemania Nazi; Liesel Richheimer y Ernesto Meyer.


Dónde está el Dinero © Pedro Meyer, 1985 – 2000.

Apenas dos años más tarde, la familia debe exiliarse de nuevo, esta vez expulsados de España al comienzo de la Guerra Civil. Los Meyer se establecen en , convirtiéndose Pedro en ciudadano mexicano a la edad de siete años. La familia era adinerada, por lo que Meyer pudo estudiar en los Estados Unidos, luego tuvo una exitosa carrera como industrial. Pero la fotografía había sido su pasión desde la adolescencia y, finalmente, en 1974 acabó dedicándose a ella por completo.

Pedro Meyer pronto tuvo un impacto enorme en el mundo de la fotografía en México. En 1977 fundó el Consejo Mexicano de Fotografía y, un año más tarde, fue uno de los organizadores de un evento clave en la historia de la fotografía latinoamericana, el Primer Coloquio Latinoamericano de Fotografía. El Coloquio, celebrado en la Ciudad de México, juntó por primera vez a fotógrafos de todas las Américas con el fin de que pudieran conocerse, hablar, mostrar y promocionar su obra en un ámbito internacional.


México, 1968. © Pedro Meyer.

La segunda vez que se celebró el Coloquio, en 1982, Meyer pronunció un discurso fundamental, en el que enfatizó estridentemente la necesidad de que los fotógrafos latinoamericanos crearan testimonios de su propia realidad y de que se practicara la fotografía como una forma de compromiso social. Con esta intervención, Meyer jugó un papel decisivo en el desarrollo del carácter de la fotografía latinoamericana en los años consiguientes.[1]

Para entonces, Meyer ya había producido una impresionante obra artística. A finales de los años 70, el Frente de Liberación Nacional Sandinista le facilitó un acceso sin precedentes para que documentara su lucha para derrocar el gobierno corrupto de Somoza en Nicaragua.

Meyer también fotografió constantemente la vida que se desarrollaba a su alrededor en México, pero en formas que le distinguían marcadamente de sus contemporáneos. Por lo pronto, Meyer era uno de los pocos, si no el único fotógrafo mexicano, que había puesto la mirada en los ricos, un tema de interés natural para él dada su pertenencia a ese estrato social, pero también un tema que, como demostró con su obra, resultaba muy interesante y que merecía ser documentado. Meyer también se caracterizaba por la manera tan idiosincrásica en que capturaba la vida a su entorno. Como otros fotógrafos mexicanos en los años 70 y 80, sus imágenes a menudo incluían temas como los rituales religiosos, los mercados y escenas callejeras, pero Meyer rechazaba cualquier rastro de idealización o nostalgia en su obra. Más bien, su atención se dirigía hacia los momentos que se desvían del drama predeterminado propio de rituales y tradiciones (una niña pequeña vestida de ángel chupándose el dedo, la espalda peluda de un bailarín azteca) o hacia las acciones que se desarrollan en los márgenes (las cuales, una vez documentadas por la cámara de Meyer, resultaban no ser marginales en absoluto). Una y otra vez, Meyer ha fotografiado figuras enmascaradas o disfrazadas, oscurecidas por sombras, vistas por detrás, creando así imágenes que oscurecen, confunden o, de alguna forma, dan lugar a lecturas ambiguas.

Quizás debido a su atracción por lo disyuntivo y lo complejo, a Meyerle atrajeron inmediatamente las posibilidades de la manipulación digital, puesta a nuestro alcance aproximadamente en 1990, cuando se hicieron disponibles las primeras cámaras digitales con uso práctico y cuando aparecieron en el mercado las primeras versiones de Adobe Photoshop. Meyer comenzó a experimentar con la computadora como herramienta artística a principios de la década de los 90, lo cual le convierte en una figura pionera en la historia de la fotografía digital.

Mediante la hábil combinación de fotografías tomadas en diferentes locales y en diferentes momentos y mediante el uso de varios programas de software para alterar, añadir, quitar y contextualizar, Meyer pudo producir imágenes que transforman lo imaginado en lo real y viceversa.

A pesar del carácter fantástico que tiene gran parte de su trabajo en esta época (sobre todo la obra que produjo en los primeros años de experimentación con la manipulación digital), Meyer también buscó resaltar las verdades que contienen sus imágenes; esta forma de re-visualizar el mundo simplemente expresa las incongruencias y los absurdos que se materializan una y otra vez en lugares como la Ciudad de México o Nueva York.

Por ejemplo, en Biblical Times, New York City (1987/93), Meyer une dos imágenes. En la primera vemos a un vendedor trajeado apuntando a una biblia que tiene en la mano mientras la gente pasa a su lado sin hacerle caso. La segunda es una escena de una acera por donde se ve pasar a los peatones, rodeados del vapor que sale de una rejilla de ventilación cercana. Meyer creó una sola composición con estas dos fotografías porque, como él mismo dijo, hace que la imagen tenga más fuerza. El vendedor con la Biblia en la mano pasa a ser una figura más dramática (sin dejar de parecer un tanto sospechoso), mientras que las figuras envueltas en vapor adoptan la apariencia de almas perdidas que parecen no darse cuenta del destino que les espera. Meyer ha dicho que “la fusión de imágenes puede ser más real que la imagen aislada porque la realidad es mucho más rica que un solo momento aislado”.[2]

En sus fotografías y escritos mas recientes, Meyer expresa una posición que ha pasado a ser central en su práctica artística: que las fotografías “puras”, por así llamarlas, no cuentan necesariamente la verdad y que las manipulaciones fotográficas no son necesariamente ficciones.

La fotografía – cualquier fotografía – es una interpretación de un sujeto o tema, pero aún así se basa en algo real. Meyer no ha mantenido su técnica en secreto; varias páginas de Truths and Fictions (Verdades y ficciones), libro publicado en 1995 que presenta su primera obra fotográfica digital, ilustran la forma en que utiliza múltiples fotografías para componer una sola imagen. En efecto, cada elemento de sus composiciones tiene su origen en sus propias fotografías (documentales). Es más, al partir de imágenes tomadas en diferentes momentos o lugares, Meyer produce una sensación narrativa, con los eventos desarrollándose a lo largo del tiempo, reflejando así las maneras en que evocamos los recuerdos o destilamos la información.

En 1995 Meyer lanzó el website ZoneZero (www.zonezero.com ), que hoy en día ha pasado a ser uno de los sitios de Internet dedicados a la fotografía con mayor cantidad de contenido y de visitas.[3] Se trata de un website enorme, aparentemente infinita, que contiene muestras virtuales de la obra de destacados fotógrafos, editoriales escritos por Meyer y ensayos de numerosos críticos e historiadores de la fotografía, así como artículos técnicos. ZoneZero también ofrece posibilidades interactivas: publica portafolios de cualquier fotógrafo que desee presentar su trabajo y, más recientemente, ha empezado a incluir moblogs, texto o imágenes que el usuario puede descargar instantáneamente desde su teléfono celular o PDA. El número de personas que usan ZoneZero es indicativo de su importancia. El website recibe unas 400.000 visitas mensuales, que son más de nueve millones de visitas al año, lo cual, con toda seguridad, hace que sea uno de los sitios dedicados a la fotografía más visitados en la Web.

Pedro Meyer dijo en una ocasión: “Soy el más desconocido de los fotógrafos conocidos”. En ésas estaba cuando, allá por 2002, le ofrecieron preparar un resumen de sus 50 años detrás de una cámara para exhibirlo en el Centro de la Imagen de la ciudad de México. Lo primero que hizo Meyer fue anotar en un bloc una serie de cifras. La primera fue 120, el número aproximado de fotografías que caben en una exposición retrospectiva. Las siguientes cifras no vinieron más que a confirmarle lo que ya temía: que si aceptaba, la inmensa mayoría de su obra -más de 300.000 imágenes- quedaría para siempre en el olvido. “Si decía que sí, mi archivo pasaría a ser un archivo muerto. Y esa perspectiva para un autor es como pegarse un tiro”. Así que dijo que no, pero se quedó dándole vueltas.

La solución le llegó un día debajo de “la regadera”, que es como en México -donde Pedro Meyer vive y es ciudadano desde su niñez- se le llama a la ducha. Se le ocurrió que la única fórmula para no echar por tierra su trabajo de décadas -¿cómo elegir sólo dos o tres fotografías entre las 16.000 dedicadas al petróleo mexicano o las 80.000 con Estados Unidos de fondo?- pasaba por aliarse con la tecnología. Llamó al Centro de la Imagen de la ciudad de México y dijo que sí, que haría la retrospectiva, pero dentro de un proyecto más ambicioso que tomaría el nombre de Herejías. Digitalizaría su obra, la dividiría en 20 grandes temas, nombraría otros tantos comisarios para que trabajasen libremente sobre sus fotografías y organizaría exposiciones simultáneas en más de 60 museos repartidos por todo el mundo. Uniéndolo todo estaría una dirección de Internet, www.pedromeyer.com, y un libro (editado en España por Lunwerg). El proyecto empezó su realización en noviembre de 2009.

Y, de esa forma, “el más desconocido de los fotógrafos conocidos” -debido en gran parte a que sólo había publicado 400 de sus 300.000 imágenes- se acaba de convertir de nuevo en un pionero del mundo de la fotografía. Pedro Meyer ya había marcado el camino con el audiovisual Fotografío para recordar, el primero que se realizó en México y en el que, con sus fotografías en blanco y negro y su propia voz de fondo, muestra los últimos pasajes de la vida de sus padres. “Soy un hombre-cámara. En ciertos momentos de aguda pena personal, captar imágenes era para mí la única posibilidad de tratar de comprender más adelante lo que pasaba. Esa sensación de fuerza que mi padre me transmitía con sus manos se ha quedado conmigo para siempre. Un largo rato nos quedábamos así, tomados de la mano, mientras que con mi otra mano accionaba la cámara. La cámara era entre nosotros un instrumento omnipresente, prácticamente transparente a nuestros ojos”.

Su archivo fotográfico es inmenso y continúa creciendo; una vez me comentó que, en el transcurso de un día, puede llegar a tomar miles de fotografías. El website ZoneZero es en sí misma gigantesca; me he pasado muchas tardes navegándola y, aún así, siempre hay más que ver, y en mis exploraciones siempre me resulta imposible volver al punto donde comencé. La muestra Heresies también promete ser un proyecto extraordinario, ya se mida en términos de la cantidad de fotografías que se incluirán, del alcance geográfico de las múltiples instituciones que las albergarán o, simplemente, del impacto que puede llegar a tener en lo referente al número de personas que verán la muestra, ya sea en una galería o en una pantalla de computadora. Para mí, esta grandeza es significativa porque, en el alcance de su actividad, Meyer señala un deseo de comunicarse a gran escala, de inspirar y enseñar a cualquier persona que tenga acceso a una computadora, y de compartir algo de lo que ha visto con sus ojos, de las cosas en que ha pensado.

En última instancia, esta escala expansiva de actividad también debe entenderse como una especie de generosidad; es una forma de aceptar la fotografía como un medio con infinito potencial para compartirse y ser accesible, y de complementar la imagen con medios tecnológicos para que pueda ser vista y sopesada de la forma más efectiva.

Intencionadamente, Meyer tituló los dos volúmenes que presentan su obra digital Truths and Fictions (Verdades y ficciones) y The Real and the True (Lo real y lo verdadero), ambos haciendo alusión a la veracidad (o la falta de la misma) que podemos atribuir a cualquier imagen fotográfica. En los textos que ha escrito a lo largo de la última década, a menudo ha sometido fotografías denominadas “documentales” a un escrutinio riguroso, subrayando la relatividad de la verdad y la necesidad de cuestionar las imágenes que vemos. Para mi, la práctica de Meyer no es tanto un rechazo a lo antiguo en favor de lo nuevo, sino más bien es un marco de referencia en nuestra interacción, hoy en día, con la imagen fotográfica (en formato analógico o electrónico, alterada o no), tanto como artista, crítico o miembro del público. Su propia relación con la fotografía digital representa también una afirmación franca y directa: ya sea del acto creativo, de la tecnología o del poder del medio de realmente hacer una diferencia. La afirmación de Meyer, por supuesto, también es del futuro. Mirar hacia atrás puede ser una tarea útil para los historiadores de arte, pero para los artistas -sobre todo, para los artistas más progresistas-el futuro tiene la clave para el próximo acto creativo.

Fuentes:
http://www.pedromeyer.com/news/images/nuevaluz.pdf
http://www.elpais.com


[1] La posición de Meyer también se publicó en forma de ensayo en Rogelio Villarreal, ed., Aspectos de la Fotografía en México Volumen 1 (Ciudad de México: Federación Editorial Mexicana, 1981), pp. 71-85.

[2] Pedro Meyer citado en Rubén Martínez, “Truth & Fiction,” Mother Jones (Noviembre/Diciembre 1993), [ http://www.motherjones.com/news/feature/1993/11/martinez.html ], con acceso el 21 de noviembre, 2006.

[3] El subtítulo del sitio es “from analog to digital” (“de lo análogo a lo digital”). Al nombrar el website “ZoneZero,” Meyer hace referencia, en primer lugar, al famoso sistema de zonas de Ansel Adams con el que se controla la exposición y el revelado de película fotográfica y, en segundo lugar, al sistema binario compuesto por series de unos y ceros que utilizan las computadoras para transformar la información analógica en archivos que pueden ser almacenados y presentados en forma digital