Diario Judío México - El pasado 15 y 16 de marzo se llevó a cabo otro Shabatón en el Templo Monte Sinai de la colonia Roma. Esta actividad se ha estado realizando desde hace algunos años, y el interés de la gente crece con cada nueva edición.

Esta iniciativa nació gracias al Sr. José Ison Chacra, conocido no solo por su gran filantropía, sino también como el “guardián” del Templo Monte Sinai de . De hecho, el Sr. Ison ha trabajado incansablemente, tanto física, material y espiritualmente, para mantener con vida a nuestro querido knis de la Colonia Roma.

Para conocer un poco lo que piensa sobre el ya tradicional Shabatón, y sobre la importancia histórica y cultural de la que fuera nuestra segunda sinagoga en México, nos sentamos a platicar con él.

Sr. Isón, cuéntenos sobre sus primeros recuerdos en el Templo de

Bueno, al igual que la mayor parte de la Comunidad, yo viví en la Colonia Roma, y desde aquella época asistíamos todos al templo de . Aunque teníamos también el knis de Justo Sierra en el Centro, debido a la lejanía éste casi no se usaba ya. De hecho, yo ni siquiera lo conocía.

Tengo muchos recuerdos del templo de . Como muchos familiares y amigos, ahí me casé. Cuando falleció mi papá, Z”L, también fue en ese lugar donde acudía a decir Kadish.

¿Qué lo motivó a trabajar por este templo?

En 1995 cambié mi planta a Teoloyucan, y poco después, sufrí un intento de secuestro. Gracias a que me resistí, quedó en un mero intento y no pasó a mayores. Estaba muy asustado, así que decidí ir al templo de a agradecerle a D’os de que estaba yo bien. Al llegar, lo vi descuidado y en muy malas condiciones. Considero que el entonces encargado no tenía un verdadero compromiso con el templo ni con lo que éste significa para la Comunidad; él hacía prácticamente lo que quería dentro de la sinagoga y no había nadie que vigilara su actuar.

Decidí acercarme al entonces presidente de Monte Sinai, el Sr. Mayer Zaga, y le solicité el permiso para hacerme cargo del templo, a lo que contestó: “¿Dónde firmo?”.

Así comenzó mi labor. Hice muchos cambios, comenzando por la administración, y siguiendo con la remodelación del Salón Dorado, las bancas, los baños, las vajillas… y arreglé el mobiliario, que ya estaba en muy mal estado. Quería hacer del templo de Querétaro el mejor del mundo.

Se integraron a mi equipo los señores Albert Hop –quien trabaja conmigo hasta la fecha- y Elías Fallena. Nos dimos a la tarea de traer gente para que todos los sábados hubiera minián, misión que hemos mantenido exitosamente hasta el día de hoy.

¿Qué actividades suceden hoy en día en el templo de Querétaro?

Cada sábado tenemos rezo de Shajrit y ofrecemos seudá. Llevamos a cabo
servicios religiosos en Rosh Hashaná y Yom Kipur, y en Simjá Torá hacemos
un festejo increíble. Entre semana tenemos visitas de niños de la escuela, de
todos los niveles. Y ocasionalmente recibimos solicitudes de gente de otros

El Shabatón que usted organiza ahí es un gran proyecto. ¿De dónde surge esta idea?

Este evento se realiza dos veces al año, en marzo y en noviembre. Son las fechas de los aniversarios luctuosos de mi papá y mamá, respectivamente.

Mi creencia es que tenemos que rendir kavod a la memoria de nuestros padres, más allá de rezarles un Kadish ocasionalmente. Ellos me dieron la vida, y todo lo que tengo hoy, y yo honro su memoria llenando este precioso templo y organizando rezos de Shabat en su nombre.

Invitamos a toda la gente que quiera asistir -hasta 350 personas, que es el cupo máximo del Salón Dorado. Alquilamos más de 100 cuartos en un hotel cercano al templo, y nos encargamos del transporte para facilitar la llegada y el regreso de quienes nos acompañan. También ofrecemos todas las seudot de Shabat, incluyendo comida caliente. Y llevamos a cabo los rezos juntos, cantamos, bailamos y hacemos un interesante recorrido por la colonia Roma, en la que visitamos el knis de la Comunidad Sefaradí en la calle de Monterrey, luego el de los halebis en la calle de Córdoba; y caminamos hasta donde se ubicaba el primer plantel del Colegio Hebreo Monte Sinai.

Durante el recorrido vamos mostrando a la gente el lugar donde vivían sus papás o sus abuelos… claro, solo de los que nos acordamos.

Generalmente los rabinos que vienen con nosotros son Yosef Jaim Benchimol y Nissim Bettech, aunque también nos han acompañado los rabinos Abraham Tobal y Raúl Askenazi.

En total, más de 1,500 personas han asistido. La gente lo disfruta mucho y quiere volver a participar. De hecho, a veces nos vemos en la necesidad de negar solicitudes por falta de espacio.

Tristemente, debido a la lejanía y porque hoy tenemos más templos cerca de casa, cada vez asiste menos gente a Querétaro. ¿Qué cree que vaya a pasar en unos años?

Pues tenemos ya un valioso grupo de personas que trabajan para que este lugar se mantenga vigente: los señores Albert Hop, Elías Sacal, Elías Baley y David Hop. Sé que ellos continuarán con esta labor, siempre y cuando estén apoyados económicamente.

A mí me gustaría que el templo de Querétaro sea recordado por mucho tiempo y siga siendo un referente de nuestras raíces. Y que las siguientes generaciones preserven este espacio en el que puedan mostrar a sus hijos y nietos los orígenes de nuestra Comunidad.

Es por eso que tengo un proyecto para convertir el Salón Dorado en un museo, el cual me gustaría hacer realidad.

Así como en otros lugares del mundo podemos visitar templos como un sitio turístico, quisiera hacerlo en Querétaro, para que la gente que nos visita de otros países pueda apreciarlo y conocer más sobre nuestra historia. Además, esto puede generar un ingreso importante para la Comunidad y para el templo, garantizando que el lugar perdure para toda la vida.

A nivel personal ya nos platicó el por qué de su labor para mantener este lugar con vida, pero a nivel comunitario, ¿lo considera una obligación moral?

A diferencia del resto de los templos de Monte Sinai, éste lo construimos todos.

Como el de Justo Sierra, no lleva el nombre de alguien; simplemente lo conocemos como “Templo Monte Sinai”.

Todos los antepasados de los que hoy pertenecemos a la Comunidad –nuestros padres, abuelos o bisabuelos– aportaron los recursos para construirlo, cada quien según sus posibilidades.

Tardó cinco años en levantarse (de 1948 a 1953), porque se acababa el dinero y había que volver a cooperar entre todos.

Por eso es importante visitarlo y mantenerlo, ahí están nuestras raíces, ahí están las almas de nuestros antepasados.

Los que asistimos en Rosh Hashaná y Yom Kipur a esta sinagoga, podemos sentir la presencia de quienes lo construyeron. Y todavía podemos recordar en dónde se sentaba cada uno de ellos. De hecho, en una ocasión en un Shabatón, el Sr. Jacobo Cheja me preguntó si conocí a su abuelo, el Jajam Abraham Mizrahi Z”L; yo le señalé exactamente el lugar en el que rezaba y en dónde se paraba para casar a las parejas…

Llevo 41 años asistiendo a Querétaro y trabajando por él, y cada vez que voy siento que está mi papá ahí.

Y no estamos hablando de tantas generaciones atrás. Todavía hasta los años 90 había bodas ahí cada sábado y domingo. Pocos años antes de eso, teníamos hasta tres casamientos en domingo, a las dos y seis de la tarde, y a las ocho de la noche. Incluso en ocasiones, socios de Monte Sinai se casaban en los templos de Monterrey o Córdoba porque Querétaro ya estaba lleno.

Pues definitivamente, el templo luce hermoso. No deja de asombrar su arquitectura y su fastuosa decoración: el mármol del hejal los leones bañados en oro, y ese espectacular candelabro. Sin duda, este inmueble es un orgullo para nuestra Comunidad, y un referente para la historia de los judíos en México. En este sentido, ¿hay algo más que quisiera añadir?

En mi opinión, es unos de los templos más bonitos del mundo, y hoy está perfectamente bien cuidado a pesar del paso de los años. Nos ha costado mucho esfuerzo y dedicación mantenerlo como está, y para mí ha sido un verdadero honor y un privilegio haber podido aportar mi trabajo y empeño para mantener con vida al hermoso tempo de Querétaro.

Creo que también es importante reconocer el compromiso y dedicación del equipo de trabajo que me ha acompañado todos estos años, y también a todos aquéllos que de alguna u otra manera han aportado (moral o económicamente) para que este templo siga siendo uno de los más importantes en México.