Diario Judío México -

A todos, sinceramente, esperando lo lean y les guste:

Hoy es un día de esos en los que uno simplemente quisiera implotar. Tus pies recuperaron la verticalidad a las cinco de la mañana con dieciocho minutos. Muy temprano. Nunca hay demasiado tiempo para descansar. Luego el baño, el ¡ya párense, que se va a hacer tarde!, el lunch, el camión que no llega, ¿te lavaste los dientes?, ¡tienes que desayunar!; pero antes, la sorpresa de la cortina del cuarto de tus hijos completamente rota, destruida y en el piso, echa a un lado de la ventana como para que no se note, para disimular; y entonces, la rabia que crece por dentro de uno como un monstruo horrible que se justifica diciendo: ¡les dije que no aventaran la pelota, porque la podían romper, porque se podía descolgar!!!!

Y así, contenida, porque al engendro que paga alquiler dentro de uno se le tiene que dominar, te montas en el coche con la esperanza de arrancar el día, pero el reloj digital te mira a los ojos firme y acusatoriamente, como si tuviera vida propia, y te recuerda que ¡ya vas tarde, que no lo vas a lograr! Y luego doblas la cuadra y la muralla de tráfico te impide revisar ahora qué coche estorba, qué nueva construcción no avanza y los minutos que no se aletargan y tú arribas angustiada, desesperada y sudorosa 783 segundos más tarde de lo que debías de llegar.

Y luego, inmediatamente, el trabajo que demanda ser resuelto en el momento, porque tu materia prima son personas que merecen tu atención, tu servicio y eficacia, además de soluciones prácticas y tangibles acompañadas de integridad. Y mientras intentas hacer todo eso consigues mordisquear una manzana en tu boca y, como el café es una droga permitida y de fácil consumo, ingieres un par de tazas mismas que, una hora y media más tarde te provocan una necesidad imperiosa de descargar, pero ya llegó tu nueva cita, y tal vez puedas esperar media hora más, media hora más, sólo media hora más.

Y a todo esto se suma, que como eres mujer (porque después de algunas líneas, ya te abras percatado que empáticamente o no, todo aquel que lea este texto tendrá que asumir en la medida de lo posible el rol de mujer), resulta que hormonalmente estás en uno de esos días en los que las llaves del alma están abiertas y a los ojos les da por pensar, por sentir, por gotear. Y recuerdas, como cada día desde ese día, que tu papá hace tiempo que no está contigo; que ya pasaron mucho años de eso, más de la mitad de los años que tienes de vida, y que trágicamente cada día que pasa, lo añoras más. Y luego la lágrima se escapa porque este Rosh Hashaná tampoco te podrás sentar al lado de tu suegra, a la que sí querías y que a tu hermano Moisés, como desde hace 11 años, tampoco lo vas a poder invitar a tu casa a cenar; y que a tu amiga, a la que quieres como hermana, te gustaría abrazarla fuerte, muy fuerte, para que sepa que todo va a estar bien y que la quieres mucho y que la admiras más.

Y como si fuera poco, porque nunca es suficiente, caes otra vez en la cuenta, y más aún luego del último seminario impartido por el Dr. Sabán, que es inconmensurable lo poco que conoces y que no te va a alcanzar esta vida para resolver todas tus dudas, pero…. ¿acaso existe la reencarnación para tener más oportunidades de aprender, aunque sea en otra vida, o es sólo un concepto prestado de culturas circundantes? (se dan cuenta, acabo de añadir otra duda más).

Y luego te percatas de que nunca te rozarás tan de cerca con el conocimiento como el Dr. Fainstein y que nunca “aprehenderás” tan de cerca al mundo del Segundo Templo como el Dr. Roitman y entonces, entonces las cisternas de tu alma se quiebran y tu propio diluvio te ahoga, e incluso te atreves por un rato a sollozar; y luego, como en el relato bíblico, las aguas de tus presas se aquietan, se acomodan y todo entra en calma y te recreas, te vuelves a restaurar; porque sabes que hoy, hoy es uno de esos días en los que yo llegué al trabajo 783 segundos tarde, pero que entiendo que cada instante que paso en el mismo, me forman los consejos que recibo y me congratulo de tener cerca mío a colegas que además, son amigos. Hoy es un día de esos en los que el balonazo que descuartizó la cortina de mis hijos, fue el nacimiento de un gol que simplemente y sencillamente, no debía esperar. Hoy es un día de esos en los que le rescindí el contrato de alquiler a mis demonios y le di cobijo a la objetividad. Hoy es uno de esos días en los que la materia prima para la cual trabajo, me devuelve la alegría de saber que me tienen confianza como para elegirme a mí, para responderles una duda de contenido íntimo y personal. Hoy es uno de esos días en los que mi clase de Toldot, se vuelve el laboratorio perfecto para que los alumnos se lleven más preguntas que respuestas a sus casas. Hoy es uno de esos días en los que mi equipo en Secundaria son, por ellos mismos, “La Dirección de Secundaria” y a un año de distancia son además, mis entrañables (hasta tengo un Pepe Grillo personal). Hoy es uno de esos días en los que mi suegra, mi hermano y mi papá: existieron. Hoy es uno de esos días en los que a mi amiga la puedo llamar hermana. Hoy es uno de esos días en lo que “reina Reina” (mensaje dirigido) y tengo, además, si no el conocimiento de mis maestros, sí la posibilidad de invitarlos a mi casa a cenar y aprenderles un poco más, siempre un poco más; y por último lo más importante, hoy es uno de esos días en los que la inteligencia de mi hermosísima hermana Amelia, la fortaleza de mi flaquísima madre, Nicole, Esther, Fred, David, los ojos de mi Mario y la nariz de mi Moisés, así como los pies calientitos de mi esposo y todas sus bondades (hasta me consiguió el número telefónico de un “medico de cortinas”) todos ellos, juntos, me acicalan el alma y me recuerdan que está en mi, y sólo en mi, que cada día pueda recuperar terreno de la porción de Paraíso que me tocó y de la que únicamente yo misma me podría exiliar.

Como cada año:
Que este Nuevo Año Judío Dios nos apapache y nos consienta, que nos cuide y nos asista, que nos mire y nos reconozca, y que se sienta orgulloso y no se arrepienta nunca de habernos formado, con el material Divino del que nos creó.

Adela Faena Hop


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