En el foro La Gruta del Centro Cultural Helénico se está presentando La navaja en el espejo, farsa en un acto que Mariana Hartasánchez Frenk escribe a partir de sucesos ocurridos hacia el final de la guerra civil española. En esta pieza, Mariana imagina la huida de un soldado republicano que trata de salir de España tras el triunfo de Franco, antes de que lo alcance el militar franquista que lo persigue como a una presa de caza. La obra no es una denuncia panfletaria, ni una queja rencorosa, o la reconstrucción dramatizada de la historia, aunque se enmarca en un momento histórico bien preciso y habla de una situación y hechos de verdad indignantes. No es tampoco, mucho menos, el relato heroico de un perseguido admirable: La navaja en el espejo, más bien, presenta la visión perpleja y semi-amarga de quien intenta explicarse y hablar de una violencia absurda e inevitable (inevitable porque ya ocurrió). Pero también, y sobre todo, es una obra en la que Mariana intenta explorar un poco uno de los lados de sus orígenes, descendiente, como es, de evadidos afortunados de dos persecuciones atroces (del militarismo franquista por el lado paterno, y de la persecución Nazi por el materno).

Mariana Hartasánchez dedica su vida al teatro desde muy temprana edad. Es actriz y dramaturga. Radica en Querétaro desde el 2002 y no deja de escribir nuevas obras y de presentarlas cada vez que se puede. En 2003 funda la compañía teatral Sabandijas de Palacio, nombre que toma de las “personalidades” que entretenían a los reyes españoles. Tras ganar el premio nacional de dramaturgia Manuel Herrera con Un banjo y dos muertos (obra que lleva a escena con el nombre de La mano del mago), consigue un Palacio para sus Sabandijas: un espacio en el centro de Querétaro donde montar sus dramas, impartir talleres y preparar a sus nuevas sabandijas.

La obra de Mariana Hartasánchez ofrece un desfile de personajes disfuncionales, extraños, criminales incluso, pero entrañables todos. Personajes que pasan frente a nosotros para divertirnos, claro, y para intrigarnos. Y para hacernos estremecer también, sin embargo, porque siempre queda esa sensación incómoda de que el más terrible de sus personajes, el más imperdonable, el más falible o insignificante puede, al final, ser considerado en su dimensión más humana –con sus fallas, sus vicios, sus obsesiones y deseos absurdos– como un personaje capaz de “redimirse”, digno de compasión y de perdón; y un personaje querido, porque todos son en cierta forma muy cercanos (¿parecidos?) a nosotros.

Asesinos hitchockeanos que le deben lo que son a sus padres despóticos, a los que aman pero desean y deben eliminar; burócratas grises, que de pronto y por un momento se descubren grandes revolucionarios, si bien fallidos, y terminan su existencia en el anonimato más oscuro; artistas conceptuales que abandonan a sus hijos para explorar sus deseos egoístas, suicidas fracasados que dan un sentido a su vida con el engaño consciente de un hijo apócrifo; juglares que se sacrifican inútilmente para derrocar al villano. Alcahuetes y delincuentes que salen de la sordidez de su existencia para transformarse en verdaderos héroes. Psiquiatras duros que se enamoran de sus pacientes rehabilitados, espectros que, para encontrar descanso, tratan de vengarse de sus enemigos a través de sus hijos ingenuos o brutos. Dramaturgos en ciernes que se olvidan siempre de que son protagonistas de su propia obra. Seres pequeñitos, en fin, que se embarcan en aventuras tan absurdas e imposibles como necesarias.

De la fértil pluma de Mariana Hartasánchez, nos llegan las historias de estos personajes inmersos en o provocadores de violencia en sus farsas violentas de violencia fársica. Los héroes de Mariana derrocan a tiranos terribles –o a tiranos insignificantes– para traer al mundo cerrado y apartado en el que existen un nuevo orden, que no es siempre nuevo, pues las cosas de pronto vuelven a lo mismo que eran antes, con algunas variaciones. Y tampoco es una verdadera vuelta al “orden”, pues lo que se suscita con esas pequeñas variaciones es más bien una situación inusitada diferente, más extraña que la anterior, un desequilibrio distinto que se vuelve la nueva normalidad.

La obra de Mariana Hartasánchez está llena de experimentos dramáticos, de juegos de palabras bien significativos, de una teatralidad fresca y sorprendente, y todas sus piezas dejan siempre un gusto agridulce, una tristeza rara que tiene en el fondo un saborcito sutil de algo esperanzador.

La navaja en el espejo, dirigida por el español Guillermo Heras, se presenta los jueves de septiembre y hasta el 10 de octubre, 8:30 de la noche.

  • Foro La Gruta, Centro Cultural Helénico
    Dramaturgia: Mariana Hartasánchez.
    Dirección: Guillermo Heras.
    Elenco: Mariana Hartasánchez.
    Horario: Jueves 20:30 horas.
    Boletos: Entrada general $150. Descuento de 30% a estudiantes, maestros e INAPAM.
    Adolescentes y adultos.

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