Diario Judío México - La infancia de Tamara Rosenbaum estuvo ligada a la ciencia. Acompañaba a menudo a su padre –Marcos Rosenbaum – al Centro de Ciencias Nucleares (hoy Instituto), donde era investigador y director. Después de alimentar a las ardillas y buscar tréboles de cuatro hojas en los jardines, Tamara pasaba horas observando a los investigadores. Le parecía natural vivir en medio de científicos. Hoy en día es doctora en ciencias biomédicas y se dedica a la biofísica en el área de las neurociencias.

Tamara Rosenbaum disfruta contando su vida. “Cuando era niña, mi padre me tomaba el pelo con retos. Un día en la playa, me dijo ‘¿Ves aquella gran piedra ovalada?… Es un huevo de ballena’. Yo permanecí varias horas cuidándola, hasta que mi padre me aclaró que las ballenas no ponen huevos porque son mamíferos. Le gustaba hacerme reflexionar y aprovechaba cualquier momento para explicarme fenómenos. Definitivamente que yo sea científica es culpa suya”.

Estudió biología en la Facultad de Ciencias de la UNAM (1989-1992), desde entonces le llamaba la atención lo que ocurre dentro de las células. Más tarde, durante el doctorado que hizo con la doctora Marcia Hiriart, mantuvo el interés por estudiar diversos mecanismos de regulación en las células. En uno de sus trabajos, describió por primera vez uno de éstos. Como reconocimiento a este avance la Fundación Mexicana para la Salud le otorgó una mención especial y la Academia Mexicana de Ciencias le dio el Premio Weizmann.

Fue durante una estancia posdoctoral en la Universidad de Washington, Seattle, que se interesó por la relación entre la estructura y la función de los canales iónicos TRP (Transient Receptor Potencial). Dichos canales tienen muchas funciones en el organismo; por ejemplo, en la detección de diversos estímulos ambientales como el frío y el calor o de sustancias irritantes como el chile, la cebolla y el ajo, o de los venenos de tarántulas y anémonas.

En 2004 se incorporó como investigadora al Departamento de Biofísica del Instituto de Fisiología Celular. “Desde niña me siento cómoda y feliz en un laboratorio”, afirma sonriente. Uno de los descubrimientos de Tamara y su grupo, después de cinco años de “intenso intercambio de ideas y jornadas en el laboratorio llenas de sorpresas”, fue determinar las regiones de los canales iónicos que regulan la función de esas proteínas en las células. Explica que un canal iónico es una estructura que tiene una región que funciona como una compuerta, que abre o cierra el paso a los iones cuando llega el estímulo. “Fuimos el primer grupo en el mundo que describió la compuerta de activación de un canal TRP; lo logramos con técnicas de biología molecular y de electrofisiología. Esto ayudó a colocarnos como un grupo sólido con perspectiva internacional”. Añade: “Este tipo de descubrimientos nos ha permitido entender las bases moleculares de fenómenos como el dolor neuropático, proceso que está íntimamente ligado al canal TRPV1, con el que trabajamos. La biofísica es un campo complejo que analiza desde las propiedades de las membranas lípidas hasta cómo responde el cerebro al ambiente, cómo funcionan los músculos y cómo secretamos hormonas”.

La doctora Rosenbaum tiene pocos alumnos de posgrado, pues le gusta acompañarlos en sus experimentos y enseñarles a interpretar las respuestas. “La ciencia es una parte fundamental de mi vida, la vivo de una forma profunda porque me da satisfacción saber algo nuevo y lograr una meta; por supuesto sin dejar de disfrutar del arte, los amigos, los viajes, a mi esposo León Islas, investigador de la UNAM, y a mi hija Maia, de un año y medio”.

En 2008 se le otorgó la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Investigación en Ciencias Naturales, que significó una gran motivación para ella. Dice Tamara: “Mi padre es un gran ejemplo, pues hizo una contribución excepcional a la ciencia en al crear escuelas de pensamiento y fundar uno de los mejores institutos de la UNAM. Por eso estoy aquí: yo también tengo una obligación con esta universidad”. Así, ella sigue resolviendo retos intelectuales y tejiendo nuevos proyectos.

Por su trabajo fundamental para entender los mecanismos moleculares que subyacen a la generación de dolor, inflamación e irritación en los seres vivos, Tamara Rosenbaum fue distinguida con el Premio de Investigación 2011, en el área de Ciencias Naturales, que otorga la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).

El Premio de Investigación de la AMC –que lleva como subtítulo Para científicos jóvenes– se otorga cada año en cinco áreas: Ciencias Exactas, Humanidades, Naturales, Sociales, así como en Ingeniería y Tecnología. Reconoce la trayectoria de un académico en cada campo y se entrega, con un diploma y un estímulo económico, en una ceremonia en la sede de la AMC.

“Es una satisfacción muy grande, particularmente porque no lo considero sólo un reconocimiento para mí, lo comparto con mis ex tutores, el personal de mi laboratorio que trabaja conmigo cada día, y con mi familia, que me ha impulsado y ayudado a hacer una carrera científica que hubiera sido mucho más difícil de lograr exitosamente, si no hubiera contado con su solidaridad”, finalizó.

Fuente: UNAM.mx