Diario Judío México - Desde hace ocho años he tenido contacto con el grupo GAMP “Coaj” desde un enfoque de mamá ya que dos de mis tres hijos estuvieron involucradas. Una de ellas como janija, madriija y directiva; y otra aún sigue activa como madrija en el grupo.

Considero que es un gran grupo que hace una labor social comunitaria muy importante, ya que entran los niños en primero de prepa y se enfrentan a una actividad en la que se les exige entrenamiento físico, conocimiento teórico médico y práctica constante; además de que forman grandes amigos y aprenden a ser compañeros con el resto de su generación y eventualmente con todo el grupo. Todo lo anterior en conjunto los ayuda a tener una perspectiva muy distinta del mundo en el que viven.

Creo que la juventud de hoy tiene demasiada libertad y privilegios que como papás les damos y además en nuestra sociedad comunitaria se acostumbra a que los chavos no tengan límites. Estar en este grupo les pone límites, estructura, obligaciones, disciplina y les da pertenencia a algo en donde hacen algo positivo: se dan cuenta de que en ocasiones hay que ayudar al otro y dejar de pensar en uno mismo. De entrada, tienen entrenamientos los domingos a las ocho de la mañana y eso los obliga a dormirse el sábado más temprano y a no irse de fiesta tanto como quieren. Aprenden a cumplir con sus obligaciones en el grupo, a arriesgar por alguien más, a invertir su tiempo en aprendizajes para poder atender emergencias. Formar parte del grupo los hace sentirse especiales porque les da valor como personas y seres humanos.

Dentro de su entrenamiento tienen que cumplir con ciertas horas donde van a la ambulancia de Protección Civil Cuajimalpa; al principio me daba mucho miedo que mi hija fuera porque sentía que era peligroso y estaba trabajando en zonas y con personas que yo no conozco. Pero después de algunas ocasiones en las que fue, me di cuenta de que estas experiencias le ayudaron para ver una realidad distinta a la nuestra: me contó que las personas con las que trabajan son honestas y buenas y que se dedican al ámbito prehospitalario con la mejor de las intenciones. Me platicó varias veces que los pacientes a los que ayudan viven en situaciones difíciles, a veces de pobreza o de hacinamiento… una realidad muy distinta a la nuestra. Todo lo anterior la ha ayudado a valorar lo que tiene y a no darlo por sentado, pero también le ha dado la oportunidad de poder aportar algo a estas comunidades, darles una atención de calidad y escucharlos como personas: no sólo como pacientes.

Le doy las gracias a GAMP “Coaj” por todo lo que le hah enseñado a mis hijas y les deseo que siempre sigan preparando a la juventud de la comunidad como hasta hoy lo han hecho, porque ha sido un gran trabajo.