Diario Judío México - El libro que hoy, alegremente presento, llamado Yosomos, de apariencia pequeño, es uno grande en verdad. Tan grande que termina justo cuando vuelve a comenzar y nos lleva a adentrarnos en una aventura hacia el infinito… Yosomos, es un libro que invita al lector a sentir en la sangre, en la respiración, en las tripas y en el pensamiento la multiplicidad de existencias habitando en una sola. De abrirse a todas las posibilidades posibles.

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Yosomos, es la historia de todas las historias de la humanidad. Se palpa, en su ritmo de espiral, el YO que todos y todas somos. En setenta-y-tantas páginas, quien elija sumergirse en este mágico-océano podrá disfrutar, o no, de experienciar las miles y miles de opciones en sentimientos, ideas y sus cuitas; dependiendo del mundo interior de cada persona que lea. Porque, como reza el popular dicho: “cada quien es un mundo”. Por ello es que son “miles y miles”… Como un actor que tiene la capacidad de interpretar “los miles y miles” de personajes de las obras de teatro de la vida.

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No obstante, también, la o el lector, podrá detenerse a respirar el constante y develador cuestionamiento que se asoma en cada pieza de “la historia de las historias” en Yosomos; es decir, preguntarse uno mismo acerca de lo que hemos creído la razón o sentido de la existencia. De pronto, toda esta estructura mental se derrumba. Las religiones, las disciplinas científicas y sus –entre comillas—“verdades”, los ires y venires sociales y políticos, los santos gobiernos… Todo ello impregnado de opuestos, en la perpetua danza entre un extremo y los otros. Las creencias y valores se vuelven obsoletos, carentes de luz, ¡plop! Se caen los vestuarios y el ser humano se queda desnudo ante el vacío y su enorme posibilidad.
Claro, sin dejar de tener una sonrisa en la cara que le grita al espejo: “¡Ah, te caché! Entonces, ¡no hay separación!”

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(pausa)

Al ir leyendo Yosomos, me fui deslizando, gradualmente, a experimentar algo así como un viaje al interior de mí misma a través de mi Yo, el Yo que eres tú y que lo escribo yo que me llamo David… Aunque si me preguntas mi nombre te diría que me llamo Ana, porque así me llaman mis otros yo, o sea ustedes y otros más.

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En mi lectura y relectura de Yosomos, me fui meciendo en un Juego de tiempos todos al mismo tiempo. Algo llamó a la puerta de mis sentires y al abrirla, descubrí una caricia afelpada de tristeza. Mi humanidad que es la humanidad de todos los hombres y mujeres en la historia, esa humanidad que apenas logro entender en su capacidad de destrucción y creación. Una humanidad, una sola que Yosomos, inmersos en la dualidad del necesario baile de lo terrible y lo maravilloso. De lo hondo y lo superficial, de la luz y la oscuridad… De lo atroz que habita en mí y lo más sublime. Los opuestos creando danzas y desplazamientos en el espacio de lo que no es para ser y luego dejar de ser.

Las aparentemente distintas historias que se van develando son la misma y una sola. El aparente horror que los humanos crean al avanzar en el camino de la vida con tiempo para luego sembrar flores y cantar himnos de paz y alabanzas majestuosas. Unos van otros vienen, todos del mismo lugar hacia el mismo lugar. Yosomos es una propuesta firme para abrir los ojos del corazón y a través de sentir la colectividad del ser, la unicidad, preguntarme, preguntarnos…

¿Es, el ser humano, un ente individuo… un fragmento de este Todo que Yosomos en la nada. Y en el Yosomos, estamos interconectados a ese uno solo que yo soy?

¡Que gran juego!
¡Que gran ilusión!

Un libro pleno en continua sorpresa ante lo que vamos descubriendo de quiénes soy… Nos invita a replantear quien-somos-yo para que al girar la mirada, tan solo un poquito, empecemos YA a acariciar la real posibilidad de que yo, y tú, seamos lo que Yosomos: dios para saber que Yosomos.

 

Gracias

Ana de la Macorra
Octubre 2015

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