Cuando se habla de la presencia musulmana en América y el Caribe casi siempre los historiadores occidentales la relacionan con la entrada en nuestro continente de la inmigración árabe que llegó en los albores del siglo XX; pero casi nunca se menciona que casi 200 años antes de Colón el emperador mandinga Abu Bakr dejaba la ciudad de Timbuctú, y se hacía a la mar, hacia el continente americano con más de mil barcos.

Se presume que los estudiosos del Imperio Mandinga llegaron a detectar lo que hoy se sabe: que hay tres poderosas corrientes oceánicas que corren de Africa occidental hacia las Américas y que un barco sin motor puede ser arrastrado por cualesquiera de ellas.

La historiografía occidental no lo recoge porque sería darle crédito a algo que iría contra la hecha por los ganadores, pero se han encontrado inscripciones y escrituras en la antigua ciudad de Salvador de Bahía y Minas Gerais, en Brasil, y en la costa de Perú, las cuales dan evidencias históricas de que los mandingas llegaron a estas tierras.

Cuando el Gran Almirante llegó al Caribe vio nativos que tenían lanzas con puntas de oro y éstos le dijeron que las obtuvieron en trueque con pueblos negros del sur. Colón llevó algunas de ellas a y las hizo analizar. El resultado demostró que estaban hechas de la misma aleación de oro que usaban los africanos que comerciaban con España. Lo mismo ocurrió con un híbrido de algodón que crecía en el Caribe.

Esta presencia musulmana anterior a Colón se vio revitalizada, pero de forma indirecta, con la llegada del propio Almirante, pues con él y sus tripulantes venían ocho siglos de dominación árabe e islámica en la Península Ibérica. Estos cripto musulmanes, así como los que pudieran considerarse cristianos viejos, vivieron, se vistieron, se albergaron y respiraron el aire musulmán que cubría España, hasta momentos antes de su salida hacia lo incierto. Es por ello que esta impronta se transplantó a América, al Caribe y a desde los primeros instantes. Esto se plasmó desde las técnicas constructivas, las formas de vestir, pasando por múltiples manifestaciones, sin dejar de contar, por supuesto, el lenguaje, el cual traía más de 8000 términos árabes en aquel entonces. No es casual que la mayoría de las casas construídas hasta el siglo XVIII miraran hacia La Meca..

Cuando primero, y después Holanda, Francia, Inglaterra y Portugal masacraron poblaciones enteras de aborígenes y se hizo necesario introducir mano de obra esclava, barata, para trabajar en las diferentes plantaciones, se trajeron esclavos de Africa y comenzó así la onerosa institución de la esclavitud en el Continente.

A partir del siglo XVIII comienzan a venir a América musulmanes de los grupos mandinga, ashanti, karomanti y fulani. Por supuesto también vienen a Cuba. Estos esclavos musulmanes tenían más desarrollo intelectual y social debido a que muchos de ellos habían sido jefes militares, comerciantes, maestros, en sus países e incluso dentro de éstos algunos sabían leer y escribir el árabe..

Con la abolición de la trata solo sobrevivieron algunos grupos de musulmanes organizados, pero con la introducción de mano de obra contratada en algunos territorios caribeños entraría un nuevo impulso islámico. En no tuvimos ese caso pues al país entrarían chinos..

Con el siglo XIX y XX vino otra oleada a América y al Caribe. Eran árabes que venían de Siria, Líbano, Palestina y otros países musulmanes. Con ellos vendría de nuevo el Islam, pero no en la totalidad de los inmigrantes, ya que muchos de ellos profesaban el Cristianismo. Desafortunadamente no llegan a construirse mezquitas en el país.

El caso más antiguo de conversión de un cubano de nuestros tiempos a la fe islámica fue el de Pedro Lazo, actual Imán del mayor grupo de musulmanes del país. El propio Pedro cuando lo entrevistamos hace ya unos años nos dijo: ¨Hace unos doce años me encontré un Corán, me puse a estudiarlo y como estaba buscando un espacio espiritual, llegué a comprender el Islam y a aceptarlo como fe revelada”. Después se vinculó a estudiantes y diplomáticos africanos residentes en el país quienes le ofrecieron bibliografía y ayuda sobre el tema y fue creando una base teológica que le ayudó a hacer, ya en el 1990, su conversión.

En el año 1991 comenzamos a utilizar como lugar de rezo y congregación la Sala de Oraciones ubicada en el Museo Casa de los Arabes, en la calle Oficios y Obispo, gracias a la intercesión y gestión del Embajador de Nigeria en Cuba, Excelentísimo Sr. Yaha Alhasan y de otros diplomáticos musulmanes y con la venia del Historiador de la Ciudad, Dr. Eusebio Leal Spengler.

En ese año no llegábamos a diez la cifra de musulmanes cubanos, pero a partir de 1992 se.logró una mayor conversión. Se le dio y aún da el llamado del Islam, como fe, a todas las personas que se crean capaces de entender ese mensaje y se ha logrado en estos años ir aumentando discretamente esa cifra.

La labor en otras provincias comenzó a partir de la llegada de misiones islámicas que vinieron de la región del Golfo Pérsico, particularmente de los Emiratos Arabes y Qatar, que desde el año 1991, en tres misiones, han salido del marco de Ciudad de La Habana y llevado el llamado de nuestra fe a provincias tan lejanas como Santiago de Cuba, Cienfuegos, Matanzas e Isla de la Juventud. Una de estas misiones vino con un permiso que le fue concedido en su país de origen por la embajada de Cuba. Las dos restantes, así como pequeños grupos, han venido como turistas y se han movido hacia otras provincias.

El contacto con los grupos fuera de La Habana se estableció en los primeros momentos a través de diplomáticos y estudiantes musulmanes en esas provincias, quienes constituyeron una especie de avanzada ideológica y propagandística para que cuando llegasen dichas misiones se hubiese preparado el terreno y se reuniesen los interesado Estas misiones traen libros de oraciones, Coranes, Hadices, libros históricos, etc., y dan charlas sobre la cultura y filosofía islámicas. En el tiempo que están en el territorio nacional, por lo general, se trata de que permanezcan una semana con cada grupo del interior y en ese tiempo se logra una buena comunicación y riqueza a la hora de transmitir el mensaje. Los visitantes hacen mucho énfasis en que el musulmán aprenda la oración, la cual es muy simple. Se le pide también que aprenda por lo menos tres Suras pequeñas, las tres últimas del Corán, la Sura Fatiha y sepa hacer las posternaciones.

El grupo cubano de musulmanes es reconocido en algunos países como el Comité para el Llamado Islámico de la Mezquita Central de La Habana. Algunos aseguran que la inscripción del grupo como tal fue hecha en Arabia Saudita por el exembajador nigeriano en Cuba, otros dicen que no saben exactamente los pasos que dio dicha persona en aquel momento. En lo que sí estamos de acuerdo todos es que durante aquel tiempo vinieron muchos musulmanes que quisieron ayudarnos y hablaron de inscribirnos en el extranjero, debido a la política del Islam de ayudarse los unos a los otros. Entre ellos vinieron hombres de negocios, deportistas y de otras profesiones, de Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Arabes.

Por esa época se trató también de crear una Asociación de Musulmanes, la cual requería de una legalización. Es importante citar que el 22 de octubre de 1996, los practicantes cubanos recibimos una notificación en la Sala de Oraciones a la cual asistíamos a rezar, por medio de la cual se nos informaba que mientras no se legalizase nuestra situación, previa inscripción en el Registro de Asociaciones, no podríamos ir a rezar allí. Ya el primero de noviembre se nos prohibía la entrada al recinto. Todo esto impulsó el deseo de legalizar nuestra situación y con este fin nos informamos cómo hacer esos trámites. Se creó un Grupo de Consulta que se puso en acción. Como resultado de este trabajo se crearon los estatutos para la asociación y le pusimos el nombre de La Mezquita de la Piedad. Al ser presentados los requerimientos exigidos fuimos informados que no podíamos ser inscriptos por estar cerradas dichas inscripciones y que había que esperar a que saliese la Ley de Culto. A partir de entonces, nos venimos reuniendo en diferentes casas y hacemos los rituales y oraciones sin tener ningún problema por ello. A pesar de tener una existencia de doce años y de no estar legalizados y aceptados oficialmente, nunca se nos ha impedido reunirnos. También se hizo las consulta respecto a las visitas de diplomáticos, estudiantes extranjeros y visitantes de otros países que asisten a las casas de rezo y se nos informó por parte de las autoridades competentes que no teníamos que preocuparnos al respecto.

Existe una sola dificultad. Cuando necesitamos reunirnos para una festividad grande, como la que ocurre el Día del Sacrificio o del Idul Fitr, al cierre del Ramadán, necesitamos de un local grande para reunir no solo a los cubanos de las diferentes casas, sino a los extranjeros que también participan en las mismas. Este problemas se ha resuelto alquilando locales en los Círculos Sociales y allí las efectuamos.

Los grupos del interior del país tampoco tienen salas de oración y por ello se reúnen en casas particulares para celebrar los rezos, aunque dentro de poco la provincia de Camagüey contará con una gran sala de oraciones, la cual la viene construyendo el señor Abdel Agüero desde hace algún tiempo. Con el objetivo de apoyar a esos miembros se pensó en crear comisiones para darles una atención especial, que consistiría en visitas de los conversos de La Habana a aquellos lugares donde hubiese musulmanes y la visita de ellos a la capital para que conviviesen en hogares musulmanes, hecho que se ha ido materializando desde el inicio.

En el caso del ayuno del mes de Ramadán, a los musulmanes cubanos, se nos pedía al principio la intención de hacerlo, de acuerdo con nuestras posibilidades, pero hoy en día realizamos el ayuno totalmente. El que no pudiese hacerlo por algun motivo, puede dar una limosna, donación o ayuda a una persona necesitada y con eso se pagan los días de Ramadán que no pudieron hacerse, o bien, ayunar posteriormente por el mismo número de días que no se hizo. Ese es un problema de conciencia del creyente con Dios, pues a éste no se le presiona externamente.

En el caso de las regulaciones alimentarias, no sólo existe la prohibición de la carne de cerdo, sino de alimentos que son derivados o contienen sangre animal. En se distribuyen a la población productos tales como el picadillo de soya, pasta de oca, por sólo citar dos productos, que contienen sangre en su elaboración. Estos alimentos no deberían comerse, pero si no queda otra alternativa que injerirlos, podemos hacerlo invocando el nombre de Allah (Bismillah) aunque hay que tratar de comer otros alimentos que sean halal, como el pescado o la carne de carnero.

Con relación al ritual de sacrificio de los animales se está obviando, aunque se hizo un intento para poder emplear musulmanes en los mataderos para que sacrificasen los animales de acuerdo con el ritual islámico. Este aspecto lo tendríamos resuelto si pudiésemos comprar los animales vivos y sacrificarlos en nuestras casas.

En 1994, los musulmanes en recibimos 40 invitaciones y pasajes para visitar Qatar. De ellos 20 serían para cubanos y 20 para extranjeros residentes en el país. La intención era que los cubanos estuviésemos tres o cuatro meses en ese país árabe conociendo el idioma y el país, mientras nos familiarizábamos con el Islam. De los cubanos sólo pudo viajar uno, que con anterioridad había sido invitado por un yemenita que estudiaba en la Isla de la Juventud. También pudieron ir algunas mujeres que se habían casado con palestino y sirios. Los demás no pudimos ir por diversas razones, siendo la principal la premura con que había que viajar. Los que invitaron quedaron en tratar de promover futuros viajes.

Al precepto islámico de la peregrinación (Hajj) hemos sido invitados los creyentes cubanos, tanto colectiva como individualmente, aunque el hecho factual, invitaciones y pasajes en la mano, ocurrió solamente este año. El 10 de febrero del pasado año mandaron diez capacidades desde Arabia Saudita para que los musulmanes del país asistiésemos a tan importante cita; los pasajes llegaron el 26 del mismo mes, pero el viaje era para el día siguiente, por lo cual era imposible que pudiésemos asistir. Un hecho que hace más difícil cualquier movimiento hacia La Meca es que en no hay embajada de Arabia Saudita y cualquier trámite tiene que hacerse a través de otros países.. Las compañías transportistas aéreas serían Mexicana y Lufhansa y ésta última ni siquiera tiene oficinas en Cuba. Para no perder los pasajes y la posibilidad del viaje el grupo cubano los cedió a otras personas. Este viaje fue promovido y propiciado por el Consejero para Asuntos Religiosos de Arabia Saudita.

La creación de una mezquita ayudaría, sin lugar a dudas, a nuestra joven comunidad musulmana cubana. Un local nos ayudaría a reunir a todos y a emprender una mayor labor de perfeccionamiento, pues entonces podrían impartirse cursos de teología, de idioma árabe, de lectura del Corán, es decir, una escuela coránica o madrasa. También podrían venir ulemas.

Hasta ahora han habido varias proposiciones para construir una mezquita, desde individual hasta colectivamente, por organizaciones y hasta de países. Si diese la autorización estas entidades privadas o estatales pondrían el dinero necesario para construirla. Pero sin legalización oficial del grupo y sin autorización gubernamental para ello, no es posible erigirla.

Fuente: http://www.islamhoy.org/principal/Latinoamerica/cuba.htm#ini

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