Es un hecho fascinante que la mayor dimensión del río económico del petróleo se haya acumulado, en la etapa de los precios por las nubes, en países árabes o que no siendo árabes, como Irán, sí son islámicos.

Lo cierto es que una gran parte de ese río económico se recicla, hoy, hacia Estados Unidos para evitar la crisis bancaria o hacia otros países ricos y, oficialmente, cristianos. Países donde la irresponsabilidad y la codicia han sido la base de su crisis. El capitalismo (Weber) que naciera, con el protestantismo (Weber) bajo la idea del ahorro y la inversión, ha terminado siendo un capitalismo de compinches desinteresado de su mayor misión: servir al desarrollo de las sociedades y no de unos grupos, blindados por “bonos supermillonarios”, que han tenido que abandonar sus bancos por la escalera de servicio. A veces, pasando por los tribunales. Eso ocurrió a los dirigentes de la transnacional Enron cuyo fraude fue acompañado, además, por la dimisión de las grandes compañías auditoras de explicar la verdad a los accionistas y a los pueblos que son los verdaderos portadores de una acumulación que pocas veces, se redistribuye en el desarrollo colectivo.

Es relevante que la acumulación petrolera de los países árabes-islámicos discurra hacia grandes países capitalistas que han hecho poco o muy poco por la transformación ética del mundo. Cabe recordar que los países productores de petróleo recibían, en 1972, (precio de ) la miseria de 1.90 dólares por barril. En 1973, en razón de la mutación progresiva que produjera la creación de la OPEP, la rebelión impuso, en 1974, un precio de 10.70 dólares. Todavía el barril Brent, en el año 2000, valía 28.50 dólares.

Mi amigo Pérez Alfonzo, ministro de Energía del venezolano en 1948 -año en que Venezuela eligió por vez primera un presidente en las urnas, el novelista Rómulo Gallegos- impuso a las compañías estadounidenses el fifty-fifty: la mitad para cada parte. Fue contestado con un golpe de Estado militar que se prolongó hasta 1958. Él fue, en 1960, el iniciador de la OPEP con cinco miembros: Irán, Irak, Kuwait, Arabia y Venezuela. Tuve largas conversaciones con él. Pudo decir que primero Venezuela fue saqueada, desde el exterior, en sus recursos naturales y, después, en la soberanía, esos recursos fueron saqueados por nuevos opresores: los nacionales. Algún día los pueblos exigirán a sus gobiernos qué se hizo, por ellos, con el río petrolero de los precios altos.

Pérez Alfonzo, en su libro El desastre, lo explica: “El bien público petrolero al bolsillo de los particulares”. En el caso de los países islámicos el problema es como en el viejo cristianismo: se condena la tasa de interés. Tommaso di Chobham, en su Tratado para los confesores (Somma dei Confessori) señala que existía un pecado sin absolución: la usura -salvo la “restitución”- que era la tasa de interés porque según Tomás de Aquino (santo) “el dinero no se reproduce (Nummus non parit nummos) y si lo hace, decía, una viña”.

Hoy sabemos que la tasa de interés es indispensable para la rotación económica (cuando no es, simplemente, usura y superexplotación), pero lo cierto es que, en el islam, se tiene la misma idea que tenía Chobham en 1215. Se resuelve el problema trasladando la acumulación petrolera a los países “cristianos” (es un decir) para que ellos sean condenados por la usura. Es patente que aventuro, ante ustedes, traspasando el tiempo, una cierta interrogación moral y lúdica. En el caso de Citigroup, que ha recibido 7 mil 500 millones de dólares de para tapar el grueso agujero de la especulación, el dinero islámico se traslada -no la viña- a un país donde la especulación irresponsable dejó, en la vergüenza, a sus bancos. “El desastre”, diría Pérez Alfonzo.

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Fuente: http://www.el-universal.com.mx/columnas/69771.html

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