En la tormenta perfecta que obliga a niños y menores centroamericanos a huir por decenas de miles hacia Estados Unidos interviene de forma importante la decisión del gobierno mexicano durante el gobierno pasado de blindar la frontera sur al paso de drogas. Así como la apertura de rutas de narcotráfico a través de nuestro territorio se multiplicó a raíz del cierre de la ruta Colombia-Miami, así nuestro éxito en la frontera sur al impedir con tecnología satelital que los aviones cargados con droga continúen su vuelo por México, ha contribuido a la violencia en Honduras, Guatemala, y en el Caribe. En los 90 fuimos víctimas del éxito de una iniciativa local para un problema regional y en el sexenio pasado repetimos el error, ahora con nuestros vecinos del sur.

No es ese el único elemento que conforma la crisis actual, pero sin duda nos hace corresponsables en la búsqueda y colaboración para la solución del problema. Además de haber contribuido a un mayor trasiego de drogas al sur de nuestra frontera y a que Los Zetas tuvieran el incentivo de extenderse hacia allá, también somos corresponsables por el elemento obvio: los menores atraviesan nuestro territorio de ida en condiciones de extremo peligro, vulnerabilidad y violencia, como lo muestra en forma gráfica la excelente película La jaula de oro y porque también lo hacen de regreso ahora que los menores son deportados masivamente desde Estados Unidos.

Complica la situación la extrema polarización política en Estados Unidos, que dificulta la aprobación de recursos para atacar la principal causa del problema: la falta de oportunidades en la economía legítima y el incentivo para el crecimiento de la economía de la extorsión y el delito. De hecho, los conservadores del partido republicano que culpan al gobierno de Obama por la crisis humanitaria de los niños migrantes están cosechando los frutos de la expulsión de las pandillas maras, especialmente de California, durante el gobierno de George W. Bush. Entre 2000 y 2004, más de 20 mil integrantes de la Mara Salvatrucha en California fueron expulsados a sin una estrategia coordinada con el gobierno salvadoreño -entonces el partido Arena de derecha- para incentivar la reinserción social de estas pandillas.

El gobierno de Mauricio Funes (2009-2014), que recién acaba de pasar el mando a Salvador Sánchez Cerén, también del FMLN, inició programas de reinserción social de los maras y programas sociales propios de un gobierno de centro-izquierda que no han tenido tiempo de madurar ni mostrar avances lo suficientemente convincentes como para frenar la emigración. Estados Unidos, a través de la Corporación para los Retos del Milenio (MCC por sus siglas en inglés) dio 480 millones de dólares para obras de infraestructura económica y social para la zona norte del país pero un segundo tramo de 365 millones de dólares ha estado detenido desde hace dos años. Primero por las elecciones presidenciales que se resolvieron a principios de este año a favor de Sánchez Cerén y por las presiones de congresistas en Washington que con su negativa acercan al nuevo gobierno salvadoreño al eje bolivariano. El nuevo gobierno firmó un acuerdo con Petrocaribe que le permite obtener petróleo más barato con pagos a plazos largos que incluyen pagos en productos agropecuarios.

La crisis de los menores migrantes se concentra en Guatemala, y El Salvador -a diferencia de Costa Rica, Nicaragua y Panamá- claramente por falta de oportunidades económicas y la extrema violencia heredada de la guerra civil de los años 80, la presencia aumentada de la delincuencia organizada y para el enraizamiento de los maras en la cultura del renteo o extorsión. Panamá no sólo tiene los ingresos del Canal, sino que ha logrado reinventarse como un importante centro financiero y turístico. Costa Rica, hasta hace poco, lograba atraer inversiones importantes por su estabilidad y cultura democrática. Ese país también explica el éxito de Nicaragua, pues diariamente recibe a miles de trabajadores nicas como trabajadores temporales. Por su parte, Daniel Ortega, en Nicaragua, quizá por su larga permanencia en el poder ha logrado mejor trato con empresarios locales y foráneos que su vecino de centroizquierda, Mauricio Funes, que no logró disminuir la polarización con la derecha empresarial en su país. Se da el caso de que importantes empresarios salvadoreños prefieren invertir en Nicaragua que en su propio país, además de las inversiones anunciadas por China para un “canal seco”.

Todos estos elementos conforman la tormenta perfecta que explica la crisis de los niños migrantes. Una tormenta en la que hay responsabilidad de los gobiernos mencionados, pero también de y Estados Unidos. En la solución deben participar no sólo los gobiernos sino los empresarios, las organizaciones civiles y religiosas, entidades como el ACNUR de la ONU. Será una solución que lleve tiempo y paciencia pero no hay manera de jugar al avestruz.

Colofón

Como otras reformas trascendentes, la Reforma de Telecomunicaciones permitió un aprendizaje acelerado e intenso sobre el abecé de esta industria dinámica y compleja. Concluido el proceso de reforma, terminan también mis colaboraciones sobre ese tema, que se reveló interesante y apasionante no sólo en su faceta de formulación de políticas públicas sino en la del desarrollo mismo de la industria. Nos encontramos en Twitter: @ceciliasotog.

*Analista política

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