Hace 69 años, el 7 de octubre, los prisioneros de Auschwitz se levantaron “en armas” y lograron destruir uno de los crematorios y detener por varios días las matanzas en Auschwitz salvando a 10,000 personas de una muerte segura.

Entre 1941 y 1943, se desarrollaron movimientos de resistencia clandestinos en alrededor de 100 ghettos en la Europa oriental bajo ocupación nazi (cerca de una cuarta parte de todos los ghettos), especialmente en , Lituania, Bielorrusia y Ucrania. Sus metas principales eran organizar levantamientos, huir de los ghettos y asociarse a unidades de partisanos en la lucha contra los alemanes.

Los judíos sabían que los levantamientos no detendrían a los alemanes y que solamente un puñado de combatientes lograría huir para unirse a los partisanos. Aún así, algunos judíos decidieron resistir. Las armas ingresaban a los ghettos de contrabando. Los habitantes de los ghettos de Vilna, Mir, Lachva (Lachwa), Kremenets, Czestochowa, Nesvizh, Sosnowiec, Tarnow, etc. se resistieron con la fuerza cuando los alemanes comenzaron a deportar a sus poblaciones. En Bialystok, el movimiento clandestino organizó un levantamiento justo antes de la destrucción final del ghetto en septiembre de 1943. La mayoría de sus combatientes, principalmente jóvenes y mujeres, murió durante el combate.

El levantamiento del ghetto de Varsovia en la primavera de 1943 fue la mayor sublevación de judíos. Cientos de ellos lucharon contra los alemanes y sus auxiliares en las calles del ghetto. Miles de judíos se negaron a obedecer las órdenes de los alemanes de reportarse en un punto de reunión para su deportación. Al final, los nazis incendiaron el ghetto hasta sus cimientos para obligarlos a salir. Si bien sabían que la derrota era segura, los judíos del ghetto lucharon desesperada y valientemente.

RESISTENCIA EN CAMPOS

En las condiciones más adversas, los prisioneros judíos lograron iniciar una resistencia y levantamientos en algunos campos nazis. Los trabajadores judíos sobrevivientes originaron levantamientos en los campos de exterminio de Treblinka, Sobibor y Auschwitz-Birkenau. Alrededor de 1.000 prisioneros judíos participaron en la sublevación de Treblinka. El 2 de agosto de 1943, los judíos tomaron las armas que pudieron encontrar (picos, hachas y algunas armas de fuego robadas del arsenal del campo) y lo incendiaron. Alrededor de 200 lograron escapar. Los alemanes volvieron a capturar a cerca de la mitad de ellos y los asesinaron.

El 14 de octubre de 1943, prisioneros de Sobibor asesinaron a 11 guardias de las SS y auxiliares de la policía e incendiaron el campo. Alrededor de 300 prisioneros escaparon al abrirse paso entre el alambre de púas y arriesgar sus vidas en el campo minado que rodeaba el lugar. Volvieron a capturar a más de 100 y, luego, los fusilaron.

El 7 de octubre de 1944, prisioneros asignados al Crematorio IV en Auschwitz-Birkenau se rebelaron después de enterarse de que iban a asesinarlos. Los alemanes doblegaron la sublevación y asesinaron a casi todos los cientos de prisioneros implicados en la rebelión.

Otros levantamientos en campos ocurrieron en Kruszyna (1942), Minsk-Mazowiecki (1943) y Janowska (1943). En varias decenas de campos, prisioneros organizaron huidas para asociarse a unidades de partisanos. Se lograron algunos escapes exitosos, con el del campo de trabajo de la calle Lipowa en Lublin.

A pesar de que se los superaba en cantidad y en potencia de fuego, algunos judíos en ghettos y campos opusieron resistencia a los alemanes con la fuerza. El espíritu de estos esfuerzos trasciende el fracaso de detener las políticas genocidas de los nazis.