Se Hablará de Los Recuerdos del Porvenir

  • Novela emblemática escrita por Elena Garro entre 1951 y 1953
  • En 1963, esta obra obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores
  • La sesión se llevará a cabo el miércoles 22 de octubre a las 19:00 horas en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia

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Los recuerdos del porvenir de Elena Garro será revisada por los especialistas José Carlos Castañeda y Jaime Ramírez Garrido, el miércoles 22 de octubre a las 19:00 horas en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, como parte del ciclo Los Villaurrutia.

Esta novela esencial de la literatura mexicana fue escrita por Elena Garro en precario estado de salud en París y Berna, entre 1951 y 1953. La obra marcó una pauta, pues rompió con el realismo de la literatura revolucionaria y se convirtió en un antecedente del realismo mágico. En 1963 obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores.

Los indígenas son el eje de Los recuerdos del porvenir. La autora logró reflejar la diversidad multicultural al unir las dos caras de México: la tradición occidental y el pensamiento indígena, en una novela calificada por Octavio Paz como “una de las creaciones más perfectas de la literatura hispanoamericana contemporánea”.

Patricia Rosas Lopátegui ha dicho que este texto tuvo que atravesar continentes, pues estuvo guardado en los baúles de su autora, quien no pensó publicarlo porque lo había escrito, aparentemente, solo instigada por la añoranza de su familia y, en suma, por el México de su infancia.

Sin embargo, años más tarde, cuando decidió que tal vez valdría la pena que saliera a la luz la saga de los Moncada y del general Francisco Rosas, descubrió que ningún editor se interesaba en ella, ni en México ni en Argentina ni en España.

Los recuerdos del porvenir destaca en la literatura universal porque inicia el realismo mágico en las letras hispanoamericanas y por la lectura desmitificadora que realiza sobre la Revolución Mexicana, así como por su estructura cíclica, el manejo mítico del tiempo y del espacio, y por lo insólito de su lenguaje poético, según ha declarado Rosas Lopátegui.

 

Trópico de Cáncer, ¿Literatura o Pornografía?

  • Carlos Antonio de la Sierra hablará del de Henry Miller
  • El martes 21 de octubre a las 19:00 horas en la Capilla Alfonsina

 

Como carente de valor literario tanto en su lenguaje como en su estructura fue calificada la novela Trópico de Cáncer de Henry Miller por algunos tribunales de Estados Unidos, que se opusieron a su publicación. ¿Era literatura o pornografía? En realidad, lo que había detrás de esta situación era el repudio público por un que posee una carga sexual tan profunda que iba en contra de las buenas costumbres y la moral de la época.

El Tribunal Supremo desestimó las acusaciones en marcha y, después de un largo juicio, la editorial Grove Press dio a conocer en 1961 esta obra en el país vecino. Sin embargo, en Francia, Trópico de Cáncer ya había sido leída, ya que fue editada de manera modesta en 1934, situación que no importó para que el autor estadunidense se convirtiera pronto en una leyenda viviente.

“La virtud de la literatura es que logra ensanchar las percepciones convencionales para darle una nueva connotación; recuperar el rescoldo de lo cotidiano para potenciarlo hacia otros estadios en los que predomina la reflexión, la explosión de las emociones y la iluminación de las tierras de frontera. Trópico de Cáncer, como muchas obras que fisuran realidades de dos dimensiones, es una novela de desgarro, un tour de force hacia los senderos insondables de la epifanía; es, como Henry Miller la acuñó, una fascinación por el delirio”, explica en entrevista Carlos Antonio de la Sierra, quien hablará de este el martes 21 de octubre a las 19:00 horas en la Capilla Alfonsina, como parte del ciclo Literatura y transgresión. Libros malditos. La entrada será libre.

En Trópico de Cáncer, Henry Miller detalla su paso por París en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Se sirve de un álter ego para narrar en primera persona. “Es un viaje interior al microcosmos de un hombre roto y desolado: una meditación in extremis sobre la condición humana y su esencia arrojada al límite, a veces al vacío”, dice De la Sierra. “Hay hambre, soledad, conmoción, vagabundeo, suciedad: los cuerpos humanos en el umbral del patíbulo. Es una novela en la que no pasa nada y pasa todo: la sublimación de la vida cotidiana documentada en la ficción. Acaso la obra de un poeta que no escribió poesía”.

Para entonces, Miller era un exiliado voluntario en Europa y renacía como escritor a los 30 años, mientras las carencias y desventuras en las que vivía lo hacían reflexionar y retratar esa otra Francia, la de la bohemia, la de los bordes, la periférica. En la historia son reconocibles June y Anaïs Nin, quienes se presentan en la novela como Mona y Tania, respectivamente. La primera fue esposa de Henry Miller, mientras que con la escritora tuvo una relación no solo amorosa, sino también artística y de gran trascendencia.

Aunque esta fue la primera novela dentro de la vasta obra de Henry Miller, es importante señalar que cuando la publicó ya era un escritor maduro y con un gran bagaje literario, según explica Carlos Antonio de la Sierra. En su trabajo posterior, sobre todo su narrativa, Miller sigue un poco en la línea de Trópico de Cáncer, “textos provocadores, autobiográficos y crudos. Mención aparte merece su obra ensayística, muestra de una excelente prosa reflexiva y evidencia notable de un gran lector”. Por ello, Trópico de Cáncer no es una novela iniciática, sino “la punta del iceberg de un recorrido creativo irredento, pertinaz e implacable. Y único”, finaliza.

Más de 56 mil personas visitaron En esto ver aquello. Octavio Paz y el arte en su primer mes de exhibición

 

 

Público Nacional y Extranjero Ha admirado las Obras Expuestas en el Palacio de Bellas Artes

 

En su primer mes de exhibición, la muestra En esto ver aquello. Octavio Paz y el arte, que se presenta el Palacio de Bellas Artes, fue visitada por más de 56 mil personas deseosas de admirar las 228 obras que la conforman.

La magna exposición, inaugurada el pasado 10 de septiembre con motivo del centenario del nacimiento del Premio Nobel de Literatura, atrae a personas de todas las edades y nacionalidades, lo que es patente cuando en las salas se escuchan comentarios en diferentes idiomas.

A pesar de la gran cantidad de visitantes que acude diariamente, existe un equipo de mediación capaz de organizar los recorridos, ya sea de grupos escolares, turistas u organizaciones privadas que previamente reservaron su visita, así como público en general.

César González, investigador del área de exhibición del Museo del Palacio de Bellas Artes, señaló en entrevista que para visitar los nueve núcleos de la muestra es necesario acudir más de un día, y así poder observar con todo detalle cada una de las obras.

Nínive Salas, estudiante de antropología social en la Universidad Autónoma Metropolitana y guía en sala, comentó por su parte que lo más importante de la muestra es la relación que encontró Octavio Paz con las piezas en exhibición.

“Es sorprendente ver la diversidad de público que asiste, desde un grupo de niños que conocen de arte hasta personas que decidieron entrar aun sin saber lo mucho que se maravillarían ante las piezas. Todo México está aquí, y también mucha gente del extranjero”.

La joven guía recordó que el equipo del recinto tuvo una preparación de tres meses, durante los cuales vieron proyecciones sobre la vida de Octavio Paz, asistieron a conferencias y películas, y se les entregó material con la información más relevante de las obras, además de que reciben asesoramiento permanente, ya que es importante que tengan claridad al hablar y voz fuerte para que los escuchen, sobre todo cuando se trata de grupos grandes.

Diariamente en el Palacio de Bellas Artes se ofrecen aproximadamente 40 visitas guiadas, y los fines de semana alrededor de 100, incluidas las realizadas a la exposición temporal, a los murales y al Museo Nacional de Arquitectura.

Una de las obras que más llama la atención de En esto ver aquello es el cuadro que Richard Dadd pintó en el manicomio después de haber matado a su padre. José María Velasco, Diego Rivera, José Clemente Orozco, Rufino Tamayo, David Alfaro Siqueiros, José Luis Cuevas y Pedro Coronel son algunos de los artistas mexicanos cuya obra se encuentra al lado de la de Pablo Picasso, Marcel Duchamp, Paul Klee y Joan Miró, entre muchos más.

Cualquier espectador que asista se quedará con algo muy importante, dijo Nínive, pues “no importan tanto los conocimientos como la sensibilidad de la persona”, mientras que César González afirmó que el arte siempre genera creatividad.

La profesora María Cristina Morales, visitante a la muestra, señaló que desde muy pequeña admira a Octavio Paz y que le gusta mucho El laberinto de la soledad, por lo que no podía dejar de asistir a esta exposición en su honor, la cual le dejó una grata impresión.

Ruth Dávila y su familia, de Los Cabos, Baja California Sur, admiraron el Palacio de Bellas Artes en su primera visita a la Ciudad de México. Ruth aseveró que la educación es lo más importante, y que la exposición representa una gran lección.

Hugo Rojas, maestro de filosofía, comentó que les solicitará a sus alumnos que visiten la muestra, ya que, tanto por el lado del arte como por los textos de Octavio Paz, es algo que nadie debe perderse.

Entre las actividades académicas paralelas a la exposición que están por realizarse se encuentran conversaciones con personalidades como Anthony Stanton, Eduardo Matos, Carmen Gaitán, Martí Soler, Adolfo Castañón, Manuel Felguérez, Brian Nissen, Arnaldo Coen y David Huerta.

 

 

Daniel Téllez Presentará su Poemario A Tiro de Piedra

 

  • Un de intertextualidades y realidades polisémicas
  • Participarán  Felipe Vázquez, Gerardo Villanueva y el autor, el miércoles 22 de octubre a las 19:00 horas en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes

 

El escritor mexicano Daniel Téllez trae a colación las vicisitudes imaginativas de la realidad en su nueva obra poética, A tiro de piedra, la cual presentará en compañía de los poetas Felipe Vázquez y Gerardo Villanueva, el miércoles 22 de octubre a las 19:00 horas en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes.

A tiro de piedra es un ritual de intertextualidades y realidades polisémicas, algunas evidentes, otras ocultas por Daniel Téllez, quien al jugar con el lenguaje trasluce la tradición poética y descifra códigos que la memoria ha transformado en enigmas que perturban el universo de sintagmas y verdades evidentes.

“A tiro de piedra quiere ser un descenso inagotable y sin concesiones hacia los vestigios cifrados en una tradición de enigmas, rugosa e inasible, como porosa es la tradición que se alarga al cerrar la página del día”, expone Daniel Téllez en entrevista para la Coordinación Nacional de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

El poeta asegura que este volumen es un resquicio de cinco estaciones o capítulos, en los que reconoce su propia tradición poética en un ir y venir del desencadenado regodeo de la memoria, donde el fuelle polisémico desescombra la máscara del sintagma o la novedad del código proteico en cada texto.

Los poemas de Daniel Téllez son una conversión lingüística que el autor realiza para unir el mundo, rodeado de infinito y precariedad, con un sinnúmero de verdades evidentes y enigmáticas. La obra del poeta mexicano no solo evoca la cotidianidad del presente, sino que también resalta su influencia de otros poetas y pensadores, como T.S. Eliot, Raúl Renán o Giovanni di Pietro di Bernardone, fundador de la Orden Franciscana.

Para Daniel Téllez, la figura del Santo de Asís es tutelar en sus lecturas: “Sus escritos, escasos, son al mismo tiempo complejos y atractivos. Comprenden oraciones, textos legislativos y cartas espirituales. El tránsito de los 12 poemas que componen el capítulo Fragor fuera del pecho es por el cielorraso de la gracia, el verbo franciscano, el lindero de la resistencia y la turbulencia de un evangelio vivido y contenido”, dice el autor.

Daniel Téllez señala que los poemas de A tiro de piedra pretenden ser una ascensión por sus claves y, al mismo tiempo, una irrupción por el espíritu poético del padre seráfico. “Son enigmas del retorno donde se oculta el acecho, la intemporalidad, la huida del poeta del tiempo presente, del regreso a la infancia retocada por el aura del tiempo, no antes, como si la infancia brindara cuotas de verdad en la mirada. En todo retorno palpable, a fin de cuentas, también hay un retorno mítico y probable: es la reescritura del comienzo, la revisión del punto de partida”, explica el escritor.

Respecto al poema Calle Téllez, el autor explica: “Es una conjunción violenta, una suerte de palimpsesto de la rabia enconada de la voz poética, que cunde a la yugular. El poema nace y se autogenera en el desvarío temporal y espacial que hace posible un discurso renovado que crece entre los tumbos de la metempsicosis o, desde la renovada sangre de la voz del poeta, la sinapsis se estrella en un vano horizonte como de sueño roto”, concluye.

Daniel Téllez (Ciudad de México, 1972) ha publicado volúmenes de poesía entre los que se encuentran Cielo del perezoso (2009), Contrallaveo (2006), Asidero  (2003) y El aire oscuro, obra por la que fue galardonado en 2001 con el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino.

 

 

 

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