Un Dayenú para este Pesaj (5784)

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En esta noche de Pesaj, como cada año, acudiremos puntualmente a la cita. A pesar del contexto, el Seder nos espera, pues el calendario no perdona. Estamos viviendo un momento terrible, trágico, doloroso. Dentro de nuestra Tierra, luchamos una guerra incesante y cruenta, mientras en la diáspora la batalla se vuelve cada vez más intensa, a medida que el antisemitismo va ganando terreno, y nos enfrentamos a situaciones más complicadas.

Hoy por la noche (ha’laila ha’ze), nos reuniremos nuevamente para celebrar nuestra maravillosa liberación de Egipto, a recordar nuestro milagroso escape de la opresión, una Festividad que siempre ha simbolizado la victoria sobre el avasallamiento y la esperanza de tiempos mejores, un momento que glorifica una de las aportaciones más valiosas del Pueblo Judío a la humanidad: el reconocimiento de los derechos fundamentales y la justicia social. Sin perjuicio de lo anterior, este año, nuestro Séder se tiñe de una actualidad sombría, marcada por el conflicto que estalló el 7 de octubre, y es así como, en medio de esta terrible guerra, encontrar momentos de gratitud puede parecer particularmente desafiante, pero resulta más necesario que nunca.

Dentro del Seder, uno de los momentos más emblemáticos es nuestro tradicional Dayenú, cuyas estrofas nos enseñan a reconocer y agradecer cada acto de bondad Divina, recordándonos que incluso en las peores circunstancias, hay destellos de luz que merecen ser valorados. Algunas de las frases más icónicas que recitamos son: “Si H’, nos hubiese sacado de Egipto sin impartir justicia sobre los egipcios, ¡Dayenú! (hubiera bastado)… Si no hubiese partido el mar para nosotros, ¡Dayenú!… Si H’ no nos hubiese dado el Shabat, ¡Dayenú!… Si no nos hubiese dado la Torá, ¡Dayenú!… Si no nos hubiese ingresado en la Tierra Prometida, ¡Dayenú!…”


Esta vez, quiero proponer algunas adiciones a Dayenú, para recordarnos que la presencia Divina nos acompaña en todo momento, y que debemos confiar en que Sus Milagros serán el conducto para reestablecer la paz y la seguridad para el Pueblo Judío en todo el mundo, pero también, como un inmenso tributo, desde el fondo de mi corazón, con cariño, y sinceridad, a todas y cada una de las personas que han sido el conducto para que estos milagros se materialicen, y que con su esfuerzo y dedicación lo han dado todo para protegernos:

Si H’ solamente hubiera guiado a las Fuerzas de Defensa de Israel, que han protegido incontables vidas en estos tiempos de incertidumbre y peligro… ¡Dayenú!

Si solamente se hubiera presentado un reservista a defender a nuestro Pueblo… ¡Dayenú!

Si solamente una de las madres hubiera abierto su casa para atender las necesidades de los combatientes… ¡Dayenú!

Si solamente una persona hubiera organizado una colecta para conseguir el equipo que necesitan nuestros soldados… ¡Dayenú!

Si solamente un judío de la diáspora hubiera aterrizado en Israel para ayudar… ¡Dayenú!

Si la cúpula de hierro hubiera derribado un solo misil… ¡Dayenú!

Si tan solo uno de los valientes rehenes hubiera sido liberado del cautiverio, permitiéndole volver a casa con sus seres queridos… ¡Dayenú!

Si no hubiera fracasado por completo el fallido ataque de Irán… ¡Dayenú!

Si no se hubiera fortalecido el espíritu de nuestra Comunidad y de todo el Pueblo Judío después de un tiempo de división y contraste, permitiéndonos mantenernos unidos y apoyarnos mutuamente en estos tiempos de prueba… ¡Dayenú!

En esta noche de reflexión y memoria, nuestra recitación del Dayenú se convierte en un canto resonante de agradecimiento y reconocimiento por cada pequeño milagro, por cada gesto de valentía y por cada acto de generosidad. A través de estas palabras y acciones, redescubrimos la fortaleza inherente a nuestra fe y la resiliencia de Am Israel. Estas bendiciones, aunque pequeñas en apariencia, tejieron la red que ha sostenido a generaciones ante la adversidad y nos guiarán hacia un futuro de paz y armonía.

Este Pesaj, mientras nos enfrentamos a desafíos abrumadores tanto en nuestra tierra ancestral como en la diáspora, nuestra celebración se impregna de una profundidad especial. Cada copa de vino, cada trozo de matzá, no sólo nos recuerda de dónde venimos, sino que también reafirma nuestro compromiso con lo que aspiramos a ser, recordándonos a donde vamos: a Yerushalaim. Invito a cada uno de Ustedes a mirar más allá de la mesa del Séder, a extender la mano a quienes están luchando, a quienes todavía esperan su liberación y a quienes trabajan incansablemente por asegurar nuestra seguridad y bienestar.

Deseo que el espíritu de Pesaj infunda en nosotros un renovado sentido de propósito y unidad, que nos inspire a llevar las lecciones de nuestro pasado hacia las acciones de nuestro presente. Espero que cada historia de lucha y cada canto de liberación que compartamos esta noche nos recuerde el poder de la esperanza y la importancia de la acción colectiva.

Así, al concluir nuestro Séder, elevemos nuestras voces en una oración común por la paz, la justicia y la seguridad para todos. Para la próxima cita, el año que viene, deseo que el Seder de Pesaj nos encuentre reunidos en Yerushalaim, en un mundo transformado, donde la libertad no sea solo un recuerdo de nuestras historias pasadas, sino una realidad vivida por cada miembro de nuestra comunidad global.

Jag Kasher ve’Sameaj, lleno de significado, reflexión y renovación. Que el recuerdo de nuestras luchas y nuestras victorias nos acompañe en cada paso hacia el futuro, y que juntos, como un pueblo unido por la fe y la esperanza, alcancemos la promesa de días mejores. ¡Am Israel Jai!

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