Diario Judío México - Hugh Thomas, el hispanista británico por excelencia, autor de la monumental La (1961), ha muerto a los 85 años de edad en su casa de Notting Hill en Londres. Su fallecimiento, aparentemente por “causas naturales”, ha pasado de puntillas por los medios británicos, pese a su proyección y su reconocimiento internacional como uno de los grandes historiadores del siglo XX.

Junto con Raymond Carr (fallecido en el 2015) y su discípulo Paul Preston, Thomas contribuyó al renovado interés por la historia de la Segunda República y de la Guerra Civil, aunque en sus últimos años amplió su radio de acción con la trilogía del imperio español, cerrada en el 2013 con Felipe II: el señor del mundo.

Europeísta por definición, miembro de la Cámara de los Lores, Thomas se había destacado en los últimos meses por la defensa de la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. Militó en el Partido Laborista en 1975, y llegó a trabajar para el premier Harold Wilson, aunque su eterna indefinición sobre la integración británica en la Comunidad Europea le hizo virar hacia los conservadores, para acabar arrimándose en último extremo hacia los liberal-demócratas.

Desde el cierre de su trilogía sobre el imperio español, Thomas (dintinguido en su día con la Orden de Isabel la Católica), se había retirado de la vida intelectual aunque mantenía muy vivos los lazos con , con viajes constantes y a través de colaboraciones como la que mantuvo hasta el final de sus días con el diario ABC.

En una reciente entrevista recordaba cómo su “flechazo” con el país se produjo en 1955, cuando su padre le invitó a pasar las navidades en Torremolinos, y quedó atrapado por una extraña impresión de “inocencia” bajo la fachada de “un régimen muy duro”, casi imperceptible para los incipientes turistas. La atracción fue a más y el joven estudiante de Cambridge, funcionario luego del Foreign Office, acabaría convirtiendo en su objeto predilecto de estudio.

La publicación en 1961 de La (publicada en nuestro idioma por Ruedo Ibérico) marcó una antes y un después en el estudio del conflicto. Thomas puso un especial énfasis en “la guerra dentro de la guerra” y criticó “el papel destructivo de los anarquistas” dentro del bando republicano y destacó la labor de “socialistas democráticos” como Negrín o Prieto, y su intento de crear una democracia pacífica. Thomas desmitificó también el papel de Franco y destacó su decisión de unirse a los nacionales en el último momento, y la indecisión que marcó toda su vida.

La fue ampliada y revisa en cuatro ediciones (la última de ellas en el 2011) y puede considerarse como la labor de toda una vida. En 1971, Thomas dio sin embargo un giro a su producción con Cuba, la lucha por la libertad, y durante una larga década investigó a fondo el período colonial y las historia del tráfico de esclavos.

Thomas alternó su pasión por , y su labor como profesior de Historia en la Universidad de Reading, con la implicación en la de sus país. Durante más de 10 años fuera director del Centro de Estudios Políticos de Londres, y en la época en Margaret Thatcher (de quien llegó a ser asesor) fue distinguido con el título de barón Thomas de Swynnerton.

El “euroescepticismo” creciente en las filas del Partido Conservador le hizo cambiar de rumbo, y en los años noventa se desmarcó con varios ensayos europeístas y con tres novelas. Se casó con la pintora Vannessa Jebb y tuvo tres hijos, y echó raíces en Notting Hill, sin perder nunca de vista su objeto y pasión de estudio.

Con El Imperio español: de Colón a Magallanes (2006) arrancó su trilogía final, que continuaría con El Imperio español de Carlos V (2010) y culminaría con su acercamiento a Felipe II, “el señor del mundo”, al que consideraba “injustamente maltratado” por la historia. Hasta el final de sus días, Thomas instó a los españoles a conocer mejor su historia y hacer una revisión a fondo su pasado imperial.


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