La figura de fue recordada hoy en al cumplirse tres años de su muerte en una jornada en la que se exigió saber qué le ocurrió al fiscal, hallado con un tiro en la cabeza pocos días después de acusar a la entonces presidenta, Cristina Fernández, de encubrir a terroristas.

En una ceremonia en el Cementerio Israelita de La Tablada, en la provincia de Buenos Aires, donde reposan los restos del procurador, familiares, amigos y representantes de la judía homenajearon al fiscal con un minuto de silencio y una ofrenda floral.

"Detrás de este crimen de estado había un doble objetivo: uno era silenciar a Alberto Nisman", expresó en declaraciones radiofónicas la jueza Sandra Arroyo, exesposa del procurador y madre de sus dos hijas, Iara y Kala.

Para la magistrada, quitar del medio a Nisman también buscaba "condicionar la actuación de los jueces fiscales y la sociedad en general, demostrando qué les podía pasar a quienes se animaban a investigar al poder vigente", en la última etapa del mandato de Fernández (2007-2015).

Por todas estas razones, Arroyo planteó que la muerte de su expareja fue un "magnicidio" y debería ser considerado un delito de lesa humanidad.

Nisman, que al morir tenía 51 años, llevaba años encabezando la investigación del atentado a la sede de la de Buenos Aires en 1994, que dejó 85 muertos, sigue impune y es históricamente atribuido, por parte de la judía, a Irán y al grupo chií Hizbulá.

Cuatro días antes de aparecer con un tiro en la cabeza en el baño de su apartamento de Buenos Aires, el fiscal denunció a la mandataria, su ministro de Exteriores y otros colaboradores al asegurar que la firma de un memorándum entre e Irán en 2013 escondía un pacto para encubrir a los sospechosos del ataque, entre ellos antiguos altos cargos del país persa, a cambio de favorecer el intercambio comercial bilateral.

Sin embargo, Fernández, actual senadora, reitera que ese pacto, que nunca entró en vigor, pretendía impulsar todo lo contrario: una colaboración conjunta para avanzar en la investigación del ataque tras la histórica indisposición de Irán para extraditar a los acusados.