El principal grupo negacionista alemán acaba de caer oficialmente en el radar de los servicios secretos. Consideran que los llamados Querdenker suponen un riesgo para el Estado. Por su crítica sistemática a la gestión de la pandemia y por los grupos de extrema derecha que operan en su seno, pese a proclamarse movimiento transversal. Su actividad es un peligroso cóctel de teorías de la conspiración, finanzas opacas y violencia.

Deslegitimación grave del Estado. Ésta es la nueva categoría que ha creado la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), los servicios secretos del interior alemanes, para definir el riesgo abstracto que creen que supone el movimiento Querdenker y justificar así la necesidad de monitorizar las actividades de algunos de sus miembros y grupos de forma continuada. El paso no se ha tomado a la ligera y tiene serias implicaciones. Según los procedimientos de la inteligencia alemana, implica que los nuevos objetivos pueden ser espiados con todos los instrumentos a su disposición. Desde pinchar las telecomunicaciones a utilizar fondos para pagar a confidentes. Hay pocos ejemplos en este ámbito de seguimientos permanentes, empleados principalmente para controlar a grupos islamistas y partidos y organizaciones de ultraderecha.

Los motivos para esta decisión son tanto abstractos como bien concretos. De un lado está el repunte de las agresiones y amenazas a políticos y representantes de medios de comunicación. Las estadísticas de violencia política del año 2020 imputan unos 300 delitos a colectivos negacionistas de la pandemia. Un 72% de los alcaldes de Alemania, según un estudio de la televisión pública ARD entre más de 1.600 regidores, ha recibido insultos o agresiones en los últimos meses por la pandemia, en su mayoría ataques físicos o verbales, de insultos a golpes, pasando por escupitajos. La Asociación de la Prensa Alemana (DJV), por su parte, ha condenado la hostilidad contra los periodistas en sus manifestaciones.

La demostración más palpable del riesgo que supone este colectivo negacionista llegó el pasado agosto a Berlín, cuando un grupo de unos 500 participantes en una protesta de Querdenker con un total de unos 10.000 manifestantes trató de asaltar el Reichstag, la sede del parlamento alemán. Las imágenes, que conmocionaron al país, se entenderían meses después como un antecedente del asalto al Capitolio estadounidense del 6 de enero. La violencia ha estallado en otras protestas del colectivo en Stuttgart, Leipzig o Berlín.

Minoría influyente

Luego están las conexiones de este movimiento con personas y grupos de extrema derecha. Se han detectado contactos con conocidos miembros de los Reichburger (‘ciudadanos del Imperio alemán’), un colectivo heterogéneo que niega la existencia de la actual República Federal, y con relevantes integrantes de grupúsculos neonazis. «Se trata de una minoría que tiene influencia y cada vez marca más la imagen pública de las manifestaciones», aseguró en declaraciones a la televisión pública regional WDR el responsable de Interior de Renania del Norte-Westfalia, Herbert Reul. Para Thomas Strobl, el responsable de Interior de Baden-Württemberg, la combinación de personajes en el seno de este colectivo es «tóxica».

Medios locales y expertos en extremismo habían denunciado la infiltración de ultraderechistas en el movimiento negacionista desde las primeras protestas, algo que se ha estructurado y sistematizado con el paso de los meses. Incluso el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) no ha dudado en coquetear con el movimiento, con sus ataques a las restricciones y a medidas como el uso de mascarillas. Algunos de sus líderes han aparecido en las marchas.

Pero el peligro de la ultraderecha va más allá de algunos rostros conocidos. Según el responsable de Interior de Turingia, Georg Maier, en torno a «un tercio de las personas que participan en esas manifestaciones» provienen de la ultraderecha. «Eso se ve en los símbolos y las banderas que utilizan», aseguró Maier al diario ‘Neue Osnabrücker Zeitung’. Por eso, su homólogo en Baja Sajonia, Boris Pistorius, había pedido ya en declaraciones al Tagesspiegel la intervención de la fuerzas de seguridad: «La evidente penetración por parte de la ultraderecha no nos puede dejar indiferentes».

‘No vacunado’

La infiltración de la ultraderecha en el colectivo negacionista es evidente en múltiples formas. El comisionado del Gobierno alemán para el Antisemitismo, Felix Klein, ha llamado esta semana la atención por el frecuente uso en las contra las restricciones de las estrellas de David sobre fondo amarillo; símbolo con el que el nacionalsocialismo obligaba a identificarse públicamente a los judíos. En las protestas, muchos negacionistas de la pandemia se las cuelgan del pecho, cambiando la palabra ‘judío’ por ‘no vacunado’, algo que en es más que una mera provocación de mal gusto. Klein ha pedido que se prohíba el empleo de estas insignias en las protestas que, entre otras cosas, relativizan el Holocausto.

Está además el precedente del movimiento xenófobo Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida), que comenzó en la crisis de los refugiados como un movimiento no estructurado que atrajo a mucho desencantado e indignado con el sistema y acabó siendo cooptado y utilizado por la ultraderecha. Esta última semana los servicios secretos en Sajonia incluyeron a este grupo en la categoría de «extremismo» tras constatar que con el paso de los años el colectivo se ha convertido en un movimiento contrario a los valores fundamentales de la Constitución alemana. Pegida ha pasado de ser un grupo «heterogéneo» a defender postulados «cada vez más de extrema derecha».

El negocio de rechazar la aplastante realidad

Michael Ballweg, el promotor del colectivo negacionista alemán Querdenker, está enriqueciéndose con las protestas contra las restricciones, según han revelado varias investigaciones periodísticas. Pide en la página web del movimiento que le «regalen» dinero en su cuenta personal (aunque no más de 19.999 euros en diez años, para evitar problemas con Hacienda). Vende además jerseys, gorras, mochilas, amuletos y todo tipo de parafernalia con el logotipo de los Querdenker. E incluso cobra una comisión de los billetes de la flota de autobuses que traslada a sus seguidores a las multitudinarias que organiza a lo largo y ancho del territorio alemán. Todo de la forma más opaca, sin rendir cuentas de ningún tipo. Porque él es el único organizador y porque no se ha constituido como asociación, aunque aparente lo contrario. Es un empresario de la protesta.

Pero el ruido de este movimiento ha empezado a alertar a las autoridades. La Oficina de Hacienda en Stuttgart le ha abierto una investigación, según el portal de investigación ‘Netzpolitik’, para revisar sus «notables ingresos» del último año e investigar si aparentar ser una organización registrada, cuando no lo es, puede ser constitutivo de fraude. Ballweg, que se presentó con escaso éxito a las elecciones a la Alcaldía de Stuttgart el año pasado, ha calificado de «rumores totalmente insustanciados» las alegaciones en su contra.

FuenteEl correo

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