Jonathan Boyd, director ejecutivo del IJPR, expresó: “No hay evidencia de un éxodo de judíos de Europa, a pesar de que el número de judíos que emigraron a desde algunos países en los últimos años –especialmente Francia– no tiene precedentes”.

“Está claro que en ciertas partes de Europa los judíos están genuinamente preocupados por su futuro, probablemente por el antisemitismo, pero los niveles de ansiedad y aprensión no se acercan mucho a los experimentados durante períodos previos de estrés intenso, como los años treinta y los cuarenta. Dibujar esos tipos de paralelos no tiene base en la realidad empírica”, explicó.

El IJPR examinó seis países: Francia, Bélgica, Alemania, Italia, Suecia y el Reino Unido; que representan alrededor del 70% de los judíos europeos. Concluyó que había habido un aumento de la migración, especialmente de Francia, Bélgica e Italia; pero en el Reino Unido, Alemania y Suecia los niveles no eran inusuales.

Considerando como definición de éxodo al movimiento de un 30% de la población judía, dijo que el 4% de judíos en Bélgica y Francia había salido hacia entre 2010 y 2015. La proporción que salía del Reino Unido, Alemania y Suecia estaba entre el 0,6 y el 1,7 por ciento.

El contexto –remarcó el informe– fue una significativa transformación demográfica de Europa, con un flujo de inmigrantes procedentes de Oriente Medio, el norte de África y el sur de Asia, lo cual tuvo implicaciones para la cultura, las tradiciones y la política europeas.

“En estos momentos de cambio demográfico y de cálculo político, los judíos europeos y las comunidades judías tratan de orientarse. Independientemente del grado de religiosidad y participación comunitaria, el proceso no es fácil para la mayoría de los judíos”, dijo el informe. “Y esto ocurre a la sombra del Holocausto, un evento que mostró a los judíos la escalada de una tragedia cuando una minoría es atraída hacia un conflicto militar inspirado ideológicamente, y en el contexto de un discurso complejo sobre el Estado de que afecta a muchos”.

El texto señaló que las diferencias entre los dos grupos de países europeos apuntaban a “la existencia de dos trayectorias distintas después de 2000 de la migración a Israel”. “Por un lado, está el patrón británico, constituido por el Reino Unido, Alemania y Suecia, donde prevalece la normalidad y, por otro, el patrón francés, constituido por Francia, Bélgica e Italia, donde parecen soplar nuevos vientos”.

Según un informe de Human Rights First, los incidentes antisemitas en Francia se duplicaron, al pasar de 423 en 2014 a 851 en 2015, y cada vez son más violentos. Las cifras recopiladas por el británico Community Security Trust sugieren un aumento del 11% en los incidentes antisemitas en el Reino Unido en los primeros seis meses de 2016.

Daniel Staetsky, autor del informe IJPR, dijo: “Los paisajes demográficos y políticos europeos están cambiando… Grandes segmentos de las poblaciones judías en los países europeos perciben que el va en aumento. No existe una herramienta perfecta para medir la prevalencia y la fuerza de las actitudes antisemitas en el público en general, pero algunos fenómenos pueden medirse por sus efectos”.

“La migración desempeña un papel muy central en la demografía judía, ya que se sabe que los judíos se mueven en respuesta a un deterioro particularmente agudo de la situación política o económica. Si los judíos se sienten indeseados en Europa, su movimiento fuera de Europa servirá como el primer signo seguro de eso”.

Hace dos años, el primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu, instó a los judíos europeos a migrar en masa a tras los ataques terroristas en París y Copenhague. “ es su hogar y el de cada judío. los está esperando con los brazos abiertos”, dijo.

Sin embargo, los políticos europeos y los líderes de la comunidad judía les pidieron permanecer en Europa, diciendo que el terror no era una razón para emigrar.

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