Diario Judío México - En medio de los trabajos de construcción de un gasoducto cerca de Nazaret, al pie del monte Tel Shadud en el norte de , arqueólogos descubrieron un ataúd de hace 3.300 años que contiene objetos personales del difunto, según indicó la Autoridad de Antiguedades de .

Se trata de un ataúd cilíndrico de arcilla, cuya tapa estaba moldeada a imagen de una persona y en cuyo interior se encontraron los restos de un esqueleto adulto.

Los arqueólogos que llevaron a cabo la excavación descubrieron también otras dos tumbas sin sarcófago a dos metros del féretro, que probablemente pertenecían a familiares o sirvientes del muerto.

A pesar de estar fracturado en varios trozos, se puede apreciar en la parte superior una cara cincelada con un peinado al estilo egipcio y las cruzadas sobre el pecho, como era tradicional en los sarcófagos egipcios.

Hacía más de medio siglo que no se descubría un sarcófago de estas características en el país.

Enterrados junto al difunto se encontraron objetos de bronce, entre ellos una daga y un tazón, además de menaje de cerámica, vajilla y utensilios para el culto.

Según la creencia de la época en Canaán y Egipto, servían para alimentar y proteger al muerto en el más allá.

«Como la vajilla enterrada con el difunto era de producción local, creemos que el fallecido era originario de Canaán y trabajaba al servicio del Gobierno egipcio», señaló Edwin Van den Brink, uno de los directores de la excavación financiada por la Autoridad de Antigüedades de .

Otra posibilidad es que el féretro pertenecía a un individuo rico que imitó las costumbres funerarias egipcias. Según los arqueólogos, esta persona debió ser parte de la elite local, pues alguien común «no podía permitirse la compra de un ataúd como este».

«Hace cincuenta años ya se descubrieron sarcófagos similares en dos excavaciones más, unos cuarenta ataúdes de forma antropomórfica con la cara cincelada en la tapa. Es una pena que no podamos excavar más por que estoy convencido de que estamos ante un cementerio grande, donde podríamos encontrar más sarcófagos», lamentó Van den Brink, refiriéndose al hecho de que se trata de una excavación de «rescate», porque las obras del gasoducto continuarán este mes.

En las excavaciones anteriores se descubrió que los canaanitas que preferían el enterramiento al estilo egipcio lo hacían en grandes cementerios, en grupos de dos o tres sarcófagos y varias tumbas sencillas alrededor. Van den Brink y sus colegas están convencidos ahora que el monte cercano a la excavación podría guardar tumbas semejantes dado que está a apenas unos cientos de metros del sarcófago.

«Parece que aquí había una ciudad o algún tipo de asentamiento grande, así que quizá incluso podamos hallar los restos de un templo», afirmó el arqueólogo y experto en el antiguo Egipto. Aunque ni Van den Brink ni sus compañeros de excavación pueden concluir 100% que el esqueleto que encontraron dentro del sarcófago no pertenece a un egipcio, ven mucho más probable que sean los restos de un canaanita.

«Los egipcios que tenían que viajar a otros países preferían ser enterrados siempre en su tierra natal, por lo que lo más lógico es que los huesos pertenezcan a un canaanita cercano al reino del faraón. El sarcófago nos ayudó a cerrar un capítulo de la historia de esta región por que no sabíamos que los egipcios estuvieron en esta zona», agregó Van den Brink.

El hallazgo se considera una nueva prueba del control egipcio sobre el Valle de Jezreel a finales de la Edad de Bronce, durante el siglo XIII aC. En aquella época, la influencia egipcia estaba muy extendida en Canaán.

Cerca del sarcófaco fue hallado también un sello de escarabajo con inscripciones del faraón Seti I, que gobernó el antiguo Egipto en ese periodo.

La pista principal para datar el sarcófago fue un anillo de oro dentro del ataúd con el sello de Seti I, padre de Ramsés II.

El arqueólogo Ron Beerí, también miembro del equipo de excavación, explicó que la presencia del sello sugiere que los restos eran de un canaanita que habría recaudado impuestos o llevado a cabo otras labores para el antiguo Egipto.

«No podemos descartar la posibilidad de que podría ser simplemente una persona rica que conocía las costumbres de enterramiento egipcias y prefirió ser enterrado como un egipcio, pero en mi opinión, esta posibilidad es menos probable», dijo Beerí.

Seti I extendió la esfera de influencia de Egipto a través de campañas militares en lo que ahora es el norte de y Siria, y el Valle de Jezreel fue una gran vía de paso.

Las autoridades de patrimonio están considerando realizar un análisis de ADN a los restos encontrados para determinar el origen del fallecido.


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